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NEONATOLOGÍA El 'método canguro' mejora la evolución de los bebés prematuros

Transcurridos cinco años desde la introducción en España del denominado método canguro, basado en el contacto físico entre las madres y los bebés nacidos de forma prematura, el hospital Joan XXIII de Tarragona, pionero en su aplicación en nuestro país, ratifica los beneficios de este procedimiento en el proceso de crecimiento y estimulación de los recién nacidos. Tras el éxito de convocatoria de un curso de especialización en este método realizado hace unos días, el hospital estudia la ampliación de las jornadas formativas a otros centros hospitalarios.

El método canguro fue ideado en Colombia a finales de los años setenta en unas especiales circunstancias, según explica Adolfo Gómez Papín, médico adjunto de pediatría del hospital Joan XXIII de Tarragona, coordinador de los cursos. La masificación de los hospitales en un país con una elevada tasa de natalidad obligaba incluso a que los bebés nacidos de forma prematura tuvieran que compartir incubadora. Esta medida suponía aumentar el riesgo de contraer infecciones, que en estos bebés ya es de por sí elevado.Por esta causa, los profesionales colombianos decidieron adoptar una médida drástica: enviar a los bebés a sus casas con sus madres. Para mantener la estabilidad de la temperatura de los prematuros, uno de los principales objetivos de la incubadora, idearon una faja-mochila (de ahí el nombre de canguro) que permitía el contacto piel con piel entre el niño y su madre.

Lejos de aumentar la mortalidad, los médicos colombianos constataron que ésta disminuía, que el crecimiento o maduración del recién nacido se adelantaba, que la tasa de infecciones era menor y que el bebé iniciaba el proceso de alimentación por leche materna de forma más rápida.

Además de la trascendencia que tenía el método canguro en la maduración de los bebés, había que añadir un factor beneficioso de tipo sociológico: se erradicaba la culpabilidad que la familia ejercía sobre la mujer por no haber culminado con éxito su gestación y se la valoraba entonces como madre.

Tras esta experiencia, hospitales de Estados Unidos comenzaron a aplicar a mediados de los años ochenta el método canguro. Su introducción en Europa llegó de la mano de los países nórdicos, principalmente Suecia. Y en 1994, el hospital Joan XXIII de Tarragona fue el primero en introducirlo en España, a raíz de una reforma en la planta de neonatología que provocó asimismo un cambio en el tratamiento de los prematuros.

Amamantamiento

En Tarragona, donde se registran alrededor de 1.200 partos cada año, nacen antes de los nueve meses de gestación unos 150 bebés de media anual. Los niños se mantienen en las incubadoras y, hasta su total maduración, las madres acuden diariamente al hospital. Durante un tiempo mínimo de una hora, aunque pueden estar todo el tiempo que deseen, cogen a su bebé y lo mantienen pegado a su cuerpo. Poco a poco, según evoluciona su desarrollo, inician el amamantamiento. "El prematuro no sabe mamar, no se adapta al pecho de la madre de la misma forma que el nacido con nueve meses, que lo hace de forma instintiva; por ello, en un principio, se alimentan con sonda", explica Gómez Papín. A los cinco años de aplicación del método, el hospital Joan XXIII ha constatado con creces los beneficios del método.

Los niños reciben el alta antes. Cuando el proceso se realizaba en incubadora y sin contacto materno, el hospital esperaba a que el bebé alcanzara como mínimo los dos kilos y medio de peso. Ahora, antes de que llegue a los dos kilos, el niño ya puede marcharse a casa. La estimulación recibida, la facilidad para mamar, el control de la temperatura y el crecimiento más rápido así lo permiten. Asimismo, según explica Gómez Papín, no se registran apneas (interrupción de la respiración), algo bastante usual en los prematuros), posiblemente por la estimulación del ritmo respiratorio a través del contacto con la madre, a la vez que desciende de forma notable el riesgo de infecciones.

Ningún rechazo

Ninguna de las madres de bebés prematuros ha rechazado el método. Ni tampoco los padres. A petición de la propia familia, la planta permite también el acceso de otros parientes. Los cinco años de implantación del método han dado también para diversas anécdotas. Gómez Papín recuerda el caso de una familia que estableció turnos las 24 horas del día, durante una semana entera, para que el bebé estuviera continuamente estimulado. O el de un recién nacido de tan sólo un kilo y medio de peso que tras ser colocado en el regazo de su madre, lo primero que hizo fue ascender hasta el pecho para mamar. "Las madres están encantadas durante el proceso; pero, además, el momento de llevarse el bebé a casa es menos traumático que en los casos en que los niños han estado en incubadoras sin contacto. Antes, por miedo e inseguridad, algunas madres nos pedían que el bebé se quedara más días", explica Papín.

Los hospitales realizan un seguimiento de la evolución del prematuro en sus primeros años de vida. Actualmente, los centros que aplican el método están estudiando las diferencias que pueda haber entre las enfermedades que posteriormente padecen los niños estimulados y los no estimulados. Otro de los aspectos que se estudian es el de si existen diferencias en el proceso de aprendizaje entre unos y otros.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2000