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El bebé nacido en Gijón de una madre muerta recibe el alta del hospital Una tía materna se hace cargo del pequeño

Una historia clínica ha terminado y una humana se ha iniciado. El bebé nacido el pasado 31 de diciembre en Gijón de una madre clínicamente muerta a la que durante casi dos meses se le prolongó artificialmente la vida para que se pudiera culminar el embarazo recibió ayer el alta médica y abandonó el hospital de Cabueñes. El pequeño, de 70 días, será cuidado ahora por su tía Coral L. mientras se tramita su adopción.

La madre, Milagros L., sin pareja conocida, fue enterrada en Luanco un día después del parto. El pequeño, que había pesado al nacer 1,29 kilos, dio ayer 2,49. Según el parte médico, no padece secuelas, pese a los problemas que padeció tras su nacimiento por cesárea.Su tía Coral, de 47 años, la mayor de las hermanas de Milagros, y su esposo, Abelardo S. B., empleado de la empresa siderúrgica Aceralia, padres de un hijo de 21 años, habían expresado su disposición a adoptar a su sobrino meses atrás. Ayer, Coral se amparó en el deseo de que se preserve la intimidad del bebé y de la familia, y se limitó a declarar que el pequeño estaba durmiendo y que la familia estaba muy feliz de tenerlo consigo.

En el momento del parto, a las 29 semanas de gestación, al bebé se le diagnosticó una leve disfunción respiratoria motivada por una infección intrauterina. Su estado se agravó el 17 de enero, cuando se le detectó una infección intestinal severa que hizo temer por su vida, y que aconsejó su traslado al hospital Central de Asturias, en Oviedo, donde permaneció bajo cuidados intensivos casi un mes, hasta el pasado 15 de febrero, en que, superada la dolencia, fue devuelto al hospital de Cabueñes, en Gijón.

La madre era soltera y tenía 34 años. Fue declarada en situación de muerte cerebral el 14 de noviembre a causa de una "hemorragia cerebral masiva", motivada probablemente por una septicemia.

Por petición expresa de la gestante, que en el momento de su muerte cerebral estaba embarazada de 21 semanas y 4 días, y con el conocimiento y aprobación de su familia, los médicos del hospital de Cabueñes tomaron la decisión de mantenerla artificialmente con vida para que actuase como incubadora natural de su hijo.

Para ello se la sometió a ventilación mecánica continua, uso de drogas vasoactivas, nutrición parenteral (por vena) y tratamiento hormonal, con el suministro periódico de dos drogas de hipófisis y de tiroides. Desde entonces, y hasta que se provocó el parto artificialmente, la mujer, que presentaba ausencia total de signos clínicos y de actividad tanto cerebral y troncoencefálica como eléctrica, sólo mantuvo actividad medular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de marzo de 2000