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viernes, 22 de mayo de 1998
Editorial:

Batalla campal

CASI 200 heridos, entre ellos dos policías con pronóstico de cierta gravedad, es un balance indeseable para una noche de celebración. Pero ése es el resultado de los graves incidentes producidos en la madrileña plaza de Cibeles en la madrugada del jueves. La policía cargó contra un grupo de violentos que festejaban el triunfo del Real Madrid. El triste cómputo indica que algo falló en el control de un acto masivo, previsible en cuanto se supo el resultado del partido.La labor del Cuerpo Nacional de Policía en esta ocasión ha sido poco acertada. Es cierto que hubo de enfrentarse a la actitud agresiva de grupos de hinchas que primero pugnaban por romper el cordón policial que protegía la estatua y que más tarde lanzaron botellas y toda clase de objetos contra la fuerza pública. El ministro del Interior calificó de «ejemplar» la tarea policial, argumentando que, si se hubiera destruido parte de la estatua, a estas horas la responsabilidad de las fuerzas de seguridad sería muy grave. Pero no cabe esgrimir un mal mayor hipotético para excusar un error real. Pocos recursos tácticos deben tener las fuerzas antidisturbios cuando, para reprimir a dos centenares de forofos violentos, se pone en riesgo la integridad de miles de aficionados pacíficos que, por la indiscriminada acción policial, se encontraron involucrados en una batalla campal. Faltó mano izquierda y sobró excitación.

La tarea de las fuerzas de seguridad es separar, con la mayor exactitud posible, a los alborotadores de los ciudadanos que pacíficamente celebraban el triunfo de su equipo; y, desde luego, lo que en ningún caso se debe hacer es provocar las iras de una mayoría pacífica, como sucedió en la madrugada del jueves según muchos testigos, porque se corre el riesgo de provocar una situación catastrófica. Lo cual en absoluto reduce la responsabilidad de los provocadores, una minoría ultra que enturbia los acontecimientos en los que participa el Real Madrid. Ellos son los más directos responsables, aunque sea cierto que a la policía le faltó profesionalidad.

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