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LA SENTENCIA DE LA COLZA

Sorpresa para todos

Eduardo Fungairiño, fiscal de la Audiencia Nacional que ha intervenido como acusador público en el juicio de la colza, afirmó ayer que ha tenido " una sorpresa relativa" al conocer la sentencia que rebaja ostensiblemente las penas que él había solicitado para la mayoría de los procesados. El fiscal dijo que en cierto sentido la resolución del tribunal le parece bien, pero que en otros no se han recogido sus peticiones. Fuingairiño se mostró satisfecho de que los magistrados hayan considerado que el aceite es la causa del envenenamiento masivo y de que hayan condenado a nueve de los 10 principales procesados. "No es un mal tanteo", apostilló. El fiscal evitó pronunciarse sobre si recurrirá la decisión. "Déjenme que lea la sentencia", dijo. Preguntado acerca de si se ha visto afectado con los incidentes, Fungairiño replicó: "He estado tranquilo. Ha sido una lástima, pero quizá es lo menos que puede ocurrir. Hay que respetar el aspecto humano de los afectados".Comprensión

El fiscal afirmó que comprende la reacción airada de las víctimas del síndrome. "Uno siente deseo de solidarizarse con los afectados pero también éstos deben tener en cuenta, si es que tienen fuerza para hacerlo, que el tribunal también está constituído por humanos. A veces las culpas que echamos al tribunal son culpas nuestras en el sentido de que nosotros no hemos sido capaces de demostrar otra cosa. Los magistrados tienen que elegir entre las opciones que se les las acusaciones y las defensas. El tribunal hace una elección y si no nos satisface veremos si hay posibilidad de recurrir. Esta es la Justicia, aunque desde luego en algunos casos no nos guste, o no nos guste en ninguno", dijo. Abogados de la acusación, entre los que destacan Francisca Sauquillo, José Manuel Gómez Benítez, Mariano Muñoz Bouzo, Doris Benegas, Antonio García Pablos y Fernando Salas criticaron duramente la benignidad de las condenas impuestas.

Los defensores mostraron su satisfacción por el fallo, aunque varios criticaron que la sentencia establezca que el aceite causó el síndrome.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de mayo de 1989