¿Israelíes antijidíos?
Arnoldo Liberman anatematiza a Jacobo Timerman y lo tilda de antijudío" (EL PAÍS, 20 de septiembre de 1987) porque en su artículo Israel, intoxicado, omite valorar que el Estado de Israel se hallaba "históricamente programado" (sic), y que en él se normalizan "el espacio de la palabra mesiánica" y la "custodia estable del Libro" (dos bellas metáforas que maquillan la naturaleza teocrática de un país donde los irracionales modelos bíblicos y talmúdicos tienen prioridad sobre el derecho laico y secular). Estas premisas, y otras de índole igualmente teo y etnocéntricas, justificarían, Liberman dixit, la obsesión de "vencer a sus enemigos", y la "ocupación de tierras y la censura" (y tal vez, por analogía, la política segregacionista y represiva de los blancos surafricanos).Liberman acusa igualmente al "periodista judeoargentino" de falsear las estadísticas y de "no reconocer que más de la mitad del pueblo israelí quiere la paz con los árabes y reconoce a los palestinos el derecho a su propio Estado". Pero si esto es así, ¿debemos deducir que más de la mitad del pueblo israelí comparte la indiferencia de Timerman por los imperativos categóricos que apasionan a su vehemente detractor epistolar? Y si dicha indiferencia convierte a Timerman en "antijudío", ¿también es antijudía más de la mitad del pueblo israelí?
¡Qué paradoja! Paradoja no menor que aquella en virtud de la cual Liberman, que pone tanto énfasis en "el regreso a Sión" y en los méritos del país edificado por los sionistas, se quedó a mitad de camino cuando emprendió su éxodo personal de Argentina y aterrizó en Sefarad en lugar de seguir viaje hasta la Tierra Prometida.-