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viernes, 19 de julio de 1985
CARTAS AL DIRECTOR

Sobre Radio Martí

C. A. Montaner es algo así como aquel cartaginés llamado Terencio que tanto empeño puso en la helenización de la Roma imperial. En el caso cubano, mi paisano intenta la yanquización de los emigrados cubanos con resultados nada gratificantes aunque -no recordarlo sería una memez redonda- el señor Montaner tiene talento: escribe y piensa con mayor tino que ese grupo de cubanos que sigue a la Pompadour del desagradable Ronald Reagan: la maja y suculenta señora Jeane Kirkpatrick.Hay que establecer, por tanto, las debidas proporciones entre Montaner y los restantes compatriotas míos que, si Dios lo quiere, un día llegarán a ser malos escritores.

Y precisamente porque es capaz de pensar no se le puede perdonar a C. A. Montaner que tome en serio ese adefesio técnico que puso en antena la pesadilla washingtoniana para actuar de coco o tío camuna contra el régimen del presidente Fidel Castro: Radio Martí. Su artículo de EL PAÍS carece de algo fundamental para el análisis adecuado del problema cubano: está muy lejos de conocer qué está pasando en la entraña cubana, en el país mismo. La distancia y la ausencia de una idea mejor que destruya a la del oponente son causa de 26 años de fracasos, a los que seguirán (si la providencia no lo remedia) otros 26 más. "Demasiado lejos impide ver, demasiada luz o demasiada oscuridad deslumbran, demasiado ruido o demasiado silencio impiden escuchar..." (Pascal).

El 20 de mayo pasado yo estaba en La Habana cuando la iluminada mentalidad de Reagan -el hombre más odiado de la tierra- ordenó la salida al aire de Radio Martí. Confieso que había expectación. Duró muy poco. Razón: es la misma consigna, el mismo estilo, la falta de atractivo para los cubanos -10 millones- que están dentro y que serán, no dudarlo, los que tendrán en sus manos el destino de Cuba.

Radio Martí, al regresar yo a España terminado este viaje número 25 que realizo a La Habana, se había convertido en lo mismo que Radio Swan, La Voz de América y alguna otra: un puro relajo (cachondeo) para los cubanos a los que dirige la emisora una propaganda basada en lo que se hacía (hasta los chistes) en los años cincuenta.

Cuba es una nación formada por gente joven, generaciones que nada saben -ni quieren tampoco- conocer qué ocurrió antes ni qué se decía ni se hacía hace 26 años. Intentar combatir lo viejo con lo viejo es un error gravísimo. No cabe aquí la homeopatía ni el simmilia latino (hablo de Roma, no de los latinos de Barlovento o de Guatemala).

Radio Martí, digo, bajo palabra de honor y por haber presenciado la reacción del pueblo cubano, no logrará ni hacer cambiar de marca de pasta de dientes a los cubanos de Miami.

Esto -nuestro debate- es una lucha de inteligencias. Y, hasta la fecha, hay algo demostrado, palpable y seguro: la tiene Fidel Castro. Lo demás que se escriba, diga o haga chocará con los fundamentos que les conforman. Aplicar estilos yanquis a un pueblo ibérico, el más de toda América, no conducirá -se ha visto- más que a un homérico y ridículo fracaso. Radio Martí es algo más que añadir a la ya larga lista que hemos presenciado durante este cuarto de siglo. Todo cuanto se haga bajo el auspicio de Washington, en Cuba o fuera de ella, jamás dará resultado... A Dios gracias.-

Ex embajador director de la Casa de Cuba en España.

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