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lunes, 29 de abril de 1985

Los Peares, un pueblo dividido entre dos provincias, cuatro ayuntamientos y tres partidos

  • Sin solución para un galimatías administrativo

"Cuando un asno rebuzna en el puente sobre el río Sil puede escucharse en cuatro ayuntamientos, tres parroquias, tres partidos judiciales, cuatro puestos de la Guardia Civil y dos provincias". De esta forma suelen describir los vecinos de Los Peares la complicada y curiosa situación administrativa que viven. La frase la repiten unos y otros a cualquier forastero que se acerque a preguntarles. No encuentran otra fórmula mejor para explicar en tan pocas palabras la sorprendente división que coincide en esta pequeña aldea. Y cuando lo hacen, esperan que el visitante sonría la gracia, porque casi inmediatamente preguntan: "¿A que nunca vio nada igual?"

Viajar a Los Peares es un buen examen hasta para el más experimentado conductor. La estrecha carretera que desciende paralela a un gran embalse está llena de peligrosas curvas, en cualquiera de las cuales será necesario maniobrar en el caso de encontrarse con un camión o un autocar que circule en dirección opuesta. Son casi 30 kilómetros de estas características los que hay que cubrir hasta hallarse, casi de repente, con no más de 80 casas, colocadas descuidadamente sobre las verdes laderas de las montañas a cuyos pies se unen los abundantes cauces de los ríos Miño, Sil y Bubal.Sorprende tanto que las edificaciones puedan mantenerse en pie como que los lugareños desarrollen su vida con normalidad en un terreno tan agreste. Pero por encima de todo sorprende que un lugar tan pequeño pueda pertenecer a dos provincias, Orense y Lugo; cuatro ayuntamientos: Ferreira de Pantón, Carballedo, A Peroxa y Nogueira de Ramuín; tres partidos judiciales: Orense, Chantada y Monforte de Lemos; cuatro puestos de la Guardia Civil y tres parroquias.

El pueblo está prácticamente desierto a cualquier hora del día. No más de media docena de personas pueden encontrarse en sus calles. Y ellas explicarán que la inactividad se debe a que aquí "el que más y el que menos ha preferido marcharse fuera; sobre todo los jóvenes". E inmediatamente recuerdan el apogeo que vivió el lugar cuando se realizó el gran embalse hidroeléctrico, en cuya construcción participaron más de mil hombres, la mayoría presos políticos, que "cada tarde llenaban las tascas y tiendas de la villa porque se gastaban todo cuanto ganaban". Hoy los pocos establecimientos que están abiertos se encuentran vacíos y en ellos únicamente, y en el mejor de los casos, dos o tres ancianos matan el tiempo jugando a las cartas ante un televisor al que no le prestan la menor atención.

Casi como un saludo, los vecinos de Los Peares informan al forastero que "cuando un asno rebuzna en el puente sobre el río Sil puede escucharse en cuatro ayuntamientos, tres partidos judiciales, dos provincias...". Lo repiten todos porque saben que muchos de los que hasta allí viajan lo hacen por la curiosidad de conocer el lugar que ha sido condenado a vivir en uno de los mayores caos administrativos. Por eso y porque, como asegura repetidamente María do Ramón -quien, pese a residir en la provincia de Orense, va a la de Lugo a misa-, "éste es uno de los. sitios más bonitos que se pueden conocer".

Casi nadie es capaz de enumerar las múltiples gestiones que se han hecho para variar la situación administrativa. Ni Luis Álvarez, sacerdote que lleva en Los Peares más de 21 años, y que también es incapaz de recordar las entrevistas que mantuvo y las cartas que envió solicitando una solución, y que con resignación comenta que no hay posibilidad de arreglarlo. Hicimos gestiones, pero la Administración le tiene pánico a los límites. Sólo conseguimos unir, a nivel religioso, las parroquias por.que los obispos estaban de acuerdo. Pero si en las primeras décadas del pasado siglo se hizo la división por intereses, imagínese lo que ocurrirá hoy".

Falsificar la residencia

La verdad es que los vecinos de Los Peares parecen haberse conformado con el galimatías administrativo en el que se ven obligados a vivir. Existen familias que, pese a tener sus casas prácticamente unidas, pertenecen a provincias diferentes y, lógicamente, a distintos ayuntamientos. Y los problemas que esto acarrea los han ido solventando gracias a la falsificación de documentos de residencia, porque, como explica alguno, "yo,que pertenezco a Lugo, si necesitase asistencia sanitaria tendría que desplazarme 100 kilómetros, cuando tengo Orense a sólo 18". Este mismo vecino recuerda el caso de una mujer que al sentir próximo el parto se refugió en casa de una vecina, que pertenecía a Orense. Y el cura Luis Álvarez, las dificultades que existieron en más de una ocasión para hacer testamento, al verse obligados a llamar como testigos a vecinos de su propio municipio. O que desde allí, cada mañana, parten cuatro autocares del servicio escolar con sólo dos o tres niños cada uno para trasladarlos a sus correspondientes centros, situados en distintos municipios.Claro que muchos de los problemas se han ido solucionando según las necesidades y de la forma más racional. "Aquí, al lado de mi casa han fallecido personas que pertenecían a otra parroquia, pero a quienes atendí yo porque no iban a recorrer ocho kilómetros para buscar un cura", asegura el sacerdote Luis Álvarez.

Quienes residen en Los Peares parecen tener poca fe en que se les solucionen los problemas que padecen. Y prueba de ello pueden ser las variacionesde voto que se han producido desde la llegada de la democracia. El cura asegura que esto, al principio, estuvo dominado por AP; pero luego, cunado fue elegido secretario general del Partido de los Socialistas de Galicia Antonio Rodríguez, que es de aquí cerca, ganó el PSOE. Ahora parece que se pasaron a Coalición Galega porque el presidente de la Diputación de Orense les ha prometido ayuda".

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