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martes, 18 de mayo de 1982

El 'obispo' Clemente estuvo a punto de ser linchado en Alba de Tormes

  • Los vecinos creyeron que la secta del Palmar de Troya quería llevarse las reliquias de Santa Teresa

Varios centenares de vecinos golpearon, gritaron, prendieron fuego y lanzaron al río un coche en el que autoproclamado papa Clemente había llegado horas antes a Alba de Tormes (Salamanca). El papa y ocho de sus obispos pasaron a disposición del juzgado de Guardia de Salamanca a últimas horas de la tarde de ayer.

A las 16.30 horas de ayer más de un millar de albenses acudían a las llamadas de las campanas de las madres carmelitas, llamada que fue interpretada por todos como una amenaza. Allí entendieron que el papa del Palmar de Troya pretendía llevarse las reliquias de Santa Teresa de Jesús -que se conservan en el altar de la iglesia de las madres-, que Clemente había insultado a la santa, a las madres y al papa Juan Pablo II. Clemente Dominguez se había enfrentado en el interior del templo con el prior carmelita, mientras éste oraba y hablaba a los componentes de una excursión, sobre Santa Teresa y la próxima visita del Papa a la villa.

"El papa Clemente increpó al prior y dijo a los peregrinos que para qué esperaban la llegada de Juan Pablo II, ya que el papa era él mismo", manifiesta Florentino Gutiérrez, párroco de Alba de Tormes. Tras una discusión y un forcejeo "en el que no pasó nada gracias a los peregrinos catalanes", el carmelita salió a la calle. "Le vi sofocado, pidiendo ayuda", dice Patricio González, droguero que tiene su establecimiento junto a la iglesia. "Así que los encerré en el templo, los detuve y toqué las campanas.

Intento de linchamiento

A partir de entonces, los sucesos se complicaron. El séquito del Palmar consiguió llegar a sus coches, que había introducido en la plaza de Alba, tras retirar una señal de prohibición. Los vecinos ya habían llegado e intentaban volcar los automóviles. Un 1430 beis y un 132 negro con el papa Clemente ya en su interior.

Florentino Gutiérrez y Román Acevedo, alcalde en funciones de Alba, encaramados sobre el coche, intentaron poner calma entre los vecinos. "Nos hemos subido encima para que no les lincharan, pero las sacudidas nos han hecho abandonar".

Los vecinos al final lograron volcar los vehículos y golpear al papa y a sus acompañantes. "Tenían que habernos dejado matarles porque insultar a la Santa es como hacerlo a nuestra madre".

La Guardia Civil transportó finalmente en un coche celular a los nueve peregrinos desde el convento de los padres carmelitas donde el médico y un ATS hicieron las curas necesarias a los heridos a instancias del párroco, el prior y el teniente de alcalde, que les habían introducido en el edificio para alejarles de la muchedumbre.

Poco más tarde el pueblo, aún unido en la lucha, desenganchaba de una grúa uno de los dos coches, el 1.430 beis y lo empujaba desde el petril del puente para tirarlo al río. Una vez en la orilla, un vecino procedió a prenderle fuego. Los albenses contemplaron la combustión del vehículo y se retiraron a sus casas una vez que de éste solo quedaba la chatarra. A última hora de la tarde, el Juez puso en libertad a Clemente y su séquito de obispos, quienes emprendieron ,viaje de regreso a Sevilla en taxi

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