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domingo, 17 de junio de 1979
Tribuna:El paro en España / 1

Características y causas del desempleo

Dos problemas dominan la crítica coyuntura económica española e internacional: el paro y la inflación. El paro se cuenta por millones: la cota de los dieciséis millones está siendo alcanzada por los países de la OCDE. La inflación amenaza de nuevo con sus dos dígitos a muchos países; en otros -como en el nuestro-, esa temida inflación no es una amenaza, sino un hecho. Este año, sexto de la crisis, iniciada con la recesión inflacionista de 1974-75, promete más paro y más inflación. Los pronósticos de la OCDE, aireados en la reunión de ministros de la OCDE de esta semana, son claros: un crecimiento menor, con una desaceleración en el segundo semestre de la tasa de desarrollo próxima a dos puntos sobre el segundo semestre de 1978, mientras que los precios registrarán la conducta contraria. España no ha revisado oficialmente los objetivos fijados a finales de 1978 por su política económica para 1979: 4,8%, tasa de crecimiento real del PIB; 10 %, tasa de inflación, diciembre de 1979 sobre diciembre de 1978, medida por la elevación de los precios de consumo. La marcha de los acontecimientos revela ya como imposibles de alcanzar estos objetivos, y al igual que han hecho otros países de la OCDE, habrá que ajustarlos con modestia y realismo. Todo ello significa convivir con más paro -por el menor crecimiento- y soportar mayor inflación. Esos dos males presentes y agravados de la inflación y el paro deben conocerse en sus características y en sus causas para tratar de remediarlos. A ese propósito responderá una serie de trabajos redactados por el Equipo de Coyuntura Económica que dirige el profesor Fuentes Quintana, y del que forman parte el profesor Lagares Calvo y los economistas Julio Alcalde Inchausti, José García López y Miguel Valle Garagorri. El primero de estos artículos trata de ofrecer al lector las principales características y las causas fundamentales del paro en España, al que seguirá en la próxima semana un análisis de las posibles estrategias para buscar su remedio. El repaso de los factores causantes de la inflación y las condiciones necesarias para reducirla serán los temas que se abordarán tras los dos estudios sobre el paro.

Hablar del paro exige empezar por definirlo para tratar después de estimarlo. España ha aceptado la definición de paro dada por la OIT en su conferencia internacional de 1954. Cuatro son las condiciones que deben cumplirse -según esa definición- para declarar a una persona en situación de parado: tener edad (catorce años en nuestro país) y aptitud para el trabajo, carecer de empleo, estar dispuesta a trabajar y buscar empleo remunerado.Para conocer el total de personas en esta situación se utilizan en España dos sistemas diferentes. El primero sigue el método de encuesta, y consiste en preguntar a las familias sobre los miembros de la misma que cumplen con las condiciones que define el paro en la semana a que la encuesta se refiere, el sistema que Estados Unidos inició en 1940 y que siguen hoy catorce países de Europa Occidental. La última encuesta de población activa (EPA), realizada por el INE, corresponde al primer trimestre de 1979, y sitúan al paro en España en 1.139.700 personas. El segundo sistema para estimar el paro consiste en conocerlo a través de las personas inscritas en las oficinas de empleo del Ministerio de Trabajo. En abril de 1979, la cifra de paro a través del registro de parados ascendía a 1.006.209 personas.

En cualquier caso, una tasa de paro superior al 8 % de la población activa (1). Una tasa similar a la italiana, belga ocanadiense, inferiora la portuguesa y danesa y algo superior a la francesa, inglesa y norteamericana. Una tasa que ha alcanzado esos valores recientemente, pues antes de la crisis de 1974-1975 se situaba entre el 2 ó 3%. La crisis económica se manifiesta en España, como en otras economías occidentales, en un crecimiento importante de la tasa de paro, que ha cuadruplicado en poco tiempo sus primitivos valores.

Sin embargo, el número total de parados, o la tasa de paro, no son datos suficientes para recoger con exactitud toda la problemática del empleo, pues en toda sociedad existen tres y no dos campos distintos respecto del empleo: los parados y los ocupados, cuya suma integra la población activa y el conjunto de los no activos, un colectivo importante formado por personas en muy diversa situación: los estudiantes que continúan sus estudios a partir de los 14 años, los jubilados, quienes carecen de aptitud para trabajar, las amas de casa. Pues bien, hay que tener en cuenta dos importantes características adicionales a la tasa de paro para evaluar la situación del empleo en España:

- La baja tasa de actividad, 35,5%, parecida a la de Italia o Irlanda, que, en buena parte, responde a similares y tradicionales limitaciones a la entrada de la mujer en el mercado de trabajo, causante básico de ese bajo porcentaje de actividad db la población.

- El progresivo empeoramiento de las tasas de paro y actividad, con un comportamiento similar al seguido por otros países industrializados desde el inicio de la crisis económica, en 1974.

En estas coordenadas se sitúa, hoy por hoy, el problema del empleo en nuestra sociedad: alta tasa de paro y baja tasa de población activa, con claras dificultades a corto plazo para modificar su tendencia. El público tiene clara conciencia de la gravedad de estos datos y por ello coloca al desempleo en el primer puesto de su preocupación económica. Es vano, por tanto, volver sobre la necesidad de corregir este desequilibrio de nuestra economía, pero no lo es, en ningún caso, el profundizar:

a) En el estudio de las características que definen al paro en España para conocer quiénes lo soportan y desde qué situaciones, sus consecuencias, y

b) en el análisis de las c ausas del paro, muy heterogéneas y que, por lo mismo, reclaman remedios diversos para afrontar con eficacia su tratamiento.

Características

¿Con qué características se presenta hoy el paro en España? Responder a esa pregunta equivale a identificar quiénes son los parados y dónde están (en qué actividades, en qué regiones). Estos atributos del paro permiten valorar mejor su coste y sus consecuencias que el lacónico y equívoco mensaje que transmite su tasa nacional (8%). Pues bien, cuando se analiza la distribución de esa tasa, respecto de sus principales atributos, se obtienen cuatro características que destimonian la desigual presencia del paro en nuestra sociedad:

Desigualdad frente a los jóvenes. El paro español es un paro fundamentalmente joven, de primer empleo. Un paro que discrimina además en razón directa del nivel de estudios. Para los jóvenes, ascender por la escala de formación equivale a perder probabilidades de ocupación.

Desigualdad por sexos. El paro tiene una gran incidencia en la poblacíón femenina muy diferente con la que se manifiesta sobre la población masculina.

Desigualdad por actividades. El paro se reparte con diferencias ¡inportantes también entre los distintos sectores productivos, afectando más intensamente a la construcción y a la industria en general que a la agricultura y a los servicios.

Desigualdad por regiones. El paro se configura como un fenómeno meridional, pues son las regiones del Sur las que acusan más intensamente su presencia.

Tratemos de detallar esas características de desigualdad con las que el paro se configura en España.

Paro juvenil

La encuesta de población activa revela, respecto a la edad de los parados, que el 57% son jóvenes menores de veinticinco años, y que el 37% son personas no clasificables sectorialmente, es decir, que, aparte de no haber tenido nunca un empleo, no se puede establecer su profesión. El paro español actual es, por tanto, un paro joven, característica que no es exclusiva del paro de nuestro país, sino común a la mayoría de los países de la OCDE.

Por otra parte, los menores de treinta años con estudios superiores soportan proporciones de paro superiores en más de veinte veces a las que se observan entre los que cumplieron ya más de treinta años. Esta discriminación la revelan también las cifras referentes al primer empleo. La proporción de parados en busca de su primera ocupación adquiere niveles crecientes en la medida en la que se asciende en las titulaciones. Es cierto que el paro engrosa, fundamentalmente, sus cifras con los niveles más bajos de instrucción, pero no lo es menos que las dificultades mayores de empleo se encuentran entre los titulados superiores.

El problema de la mujer

Dos datos configuran la problemática del mercado laboral femenino: la alta tasa de paro y su baja participación en la población activa. Respecto al primer punto, el paro femenino es más importante que el de los varones, pues su tasa alcanza casi el 10 % de su población activa.

En cuanto a la segunda característica, en España, trabajan fuera de su hogar muy pocas mujeres. En el primer trimestre de 1979, de cada cien mujeres españolas sólo trabajaban veinticuatro, cifra en la que se incluyen las mujeres que colaboran en tareas productivas agrícolas y comerciales de las explotaciones familiares. Sobre esa cifra ha actuado fundamentalmente la crisis, puesto que la mano de obra femenina aparece como segunda reserva del mercado de trabajo, que se pone en funcionamiento tan sólo en circunstancias excepcionales de expansión. En todo caso, la reserva de trabajo femenino y la posible exigencia de empleo por sus jóvenes generaciones, con un mayor nivel de estudios, es un dato que debe pesar en el inmediato futuro..

Discriminación por sectores productivos

El paro se reparte desigualmente también entre los sectores productivos. Frente a una tasa de paro del 3,9% para el sector servicios, o del 3,6% para la agricultura, la construcción ofrece unos índices muy superiores, que elevan hasta el 17% sus tasas, a las que sigue la industria, con un 5,4%. Estos son los sectores en los que la crisis económica se manifiesta fundamentalmente a través de las cifras de paro.

Discriminación por regiones

La cuarta discriminación del paro en España es la regional. El paro aparece concentrado en Andalucía (13,8%), Canarias (10,8%) y Extremadura (11,2%). Sin embargo, no puede ignorarse que la agudización de la crisis industrial y la del sector de la construcción está ocasionando ya una aproximación de las tasas de paro de las diversas regiones, en las que Madrid aparece con el l0,8%; Barcelona, con el 8,8%, y el País Vasco, con el 8,5%, lugares en los cuales el ritmo de crecimiento del paro de 1976 a 1979 ha sido mucho más intenso que en las regiones meridionales.

El paro en los cabezas de familia

Para completar las características del paro en España, resulta indispensable referirse al que tiene una incidencia social más grave, que es, sin duda, el paro de los cabezas de familia, situado entre los parados varones de más de veinticinco años, pues este es el sector de población que tiene sobre sus espaldas la economía familiar. La encuesta de población activa muestra un número de parados en torno a 334.000, entre los varones de veinticinco a 55 años, en el primer trimestre de 1979. Un número realmente elevado, pero similar al soportado por otros países industrializados. Conviene advertir, sin embargo, que en términos generales la situación de estos parados tiene poco que ver con la que se encontraban los parados de la crisis de los años treinta. La mayoría de ellos -el 82% de los parados con empleo anterior, excluidos los agrícolas- disfruta de un seguro de desempleo que al menos les permite atender a las necesidades básicas de su familia. No puede desconocerse tampoco que entre esta población parada y subsidiada existe un porcentaje -sin duda de difícil cuantificación- de individuos que realizan trabajos ocasionales o continuados en contra de lo establecido para percibir el seguro de paro. Circunstancia que debe tenerse presente a la hora de estimar los costes sociales del paro y las personas sobre quienes recae.

Si nos atenemos a lo expuesto, se comprueba que son los jóvenes y las mujeres los más duramente incididos por la situación de desempleo, y que, frente a ellos, los cabezas de familia disponen de mejor posición relativa y de mayor defensa.

Causas

Remediar el paro reclama conocer sus causas. Sus causas, se afirma, ya que no es una, sino muchas las que contribuyen a.engrosar sus cifras y a disminuir las de la población activa con las que deben relacionarse para enjuiciar correctamente las alternativas que el empleo plantea en cualquier sociedad.

Una relación de las causas más importantes tendría que contabilizar al menos las ocho siguientes:

La crisis económica. El paro ha tenido una aparición súbita y una causa inmediata. Una aparición súbita tras los años 1974-75. Una causa inmediata, la recesión inflacionista que se inicia en esos años. Una crisis que se manifiesta en un hecho externo: la caída de la tasa de desarrollo económico. En España, entre los años 1975 y 1978, inscritos en la crisis económica mundial, la tasa media de crecimiento del PIB fue del 2,1 %, frente al 6% anterior a la crisis. Una economía que reduce de forma tan sustancial el crecimiento tiene que ofrecer necesariamente oportunidades menores de ocupación. Cierto que esas menores oportunidades no se traducirán de forma inmediata sobre las cifras de paro. Y ello por dos motivos: de una parte, porque las empresas se resisten a perder a trabajadores incorporados a la empresa, entrenados y habituados a los trabajos que realizan. De otra, porque esa traducción no la hacen posible las disposiciones vigentes. El coste y las dificultades procesales y sociales del despido limitan éste en proporciones muy importantes en España, creándose así un trabajo redundante en muchas empresas y sectores. Pese a esta rigidez en el trabajo, las menores cifras de producción posibles se traducirán necesariamente en menores cifras de ocupación, con retraso, si se quiere, pasando en última instancia por el trauma de la desaparición de las propias empresas. No resulta fácil estimar con precisión el impacto de este efecto del menor desarrollo sobre la creación de empleos en nuestro país. Sin embargo, no parecería exagerado situar en 700.000 los empleos perdidos en los cuatro últimos ejercicios, esto es, un promedio de 175.000 empleos por año.

Factores demográficos

El paro y la caída de la población activa tienen en los factores demográficos una causa largamente preparada. Todo mercado de tra bajo expone a una oferta, alimentada por el crecimiento de la población disponibles a una demanda que realizan los distintos empleadores en los diversos mercados. Pues bien, las variables demográficas han contribuido a dar un vigor extraordinario a la oferta de trabajo en España en el momento económicamente más inoportuno. El crecimiento demográfico español de las décadas de los cincuenta y sesenta, derivado del incremento de la tasa de natalidad y de la reducción de la mortalidad infantil sitúa en cifra superior a 630.000 el número de jóvenes que cada año alcanzarán la edad de trabajar hasta 1985. Como el número de fallecimientos es del orden de las 265.000 personas, el incremento anual de la población en edad de trabajar se sitúa en unas 365.000 personas. Del porcentaje de esta población que intente trabajar dependerá la necesidad de nuevos empleos.

Supuesta una tasa de actividad del 50% para este grupo de población, resultarían necesarios unos 180.000 puestos de trabajo por año, cifra que se irá reduciendo lentamente a razón de 5.000 por año, a consecuencia de la menor natalidad registrada a partir de 1964, pero que podría aumentar si, como es previsible, un mayor nivel de estudios y preparación profesional en las mujeres de las nuevas generaciones favorece su demanda para incorporarse al trabajo fuera del hogar. Junto a la evolución demográfica comentada no debe olvidarse que la crisis internacional ha promovido el retorno de los emigrantes españoles, salidos al extranjero -Europa básicamente- a razón de unos 85.000 por año entre 1964 y 1973.

Costes de trabajo

El incremento de los costes de trabajo que cierran el acceso a la ciudadela del empleo a los parados y actúan también en contra del crecimiento de la población activa. Un hecho que discurre paralelamente a la crisis económica es el de la inflación de los costes de trabajo que registran todas las economías Hecho que disminuye la demanda de trabajo. El gran político italiano recientemente fallecido Ugo la Malfa afirmó no hace mucho tiempo, con verdad, que: «Hemos creado dos mundos diferentes dentro de la población trabajadora. De una parte, está el mundo de los que tienen trabajo, preocupado con el crecimiento de sus rentas, que intentan conseguirse por una agresiva política de retribuciones. De otra parte, se halla la masa de los parados, situada al margen de la fortaleza de las rentas y a la que cada vez se' elevan más los muros de acceso en la medida que de quienes están dentro impiden, con la reclamación urgente de crecientes retribuciones, su incorporación a las tareas económicas. La política de retribuciones y de seguridades crecientes a los trabajadores con empleo -los que están dentro de la fortaleza- es algo completamente ajeno a la política de ocupación de quienes están fuera. Ajeno y contrario.» Con frecuencia son muchos los ciudadanos que ignoran que los salarios reales han crecido en la mayor parte de los países después de la crisis económica; estos crecimientos en los salarios reales han discurrido paralelamente -y no por casualidad- al aumento de las cifras de paro. Por otra parte, no es menos cierto que los crecimientos de los costes de la seguridad social aplicados sobre el trabajo y aun de otros impuestos que en definitiva recaen sobre las empresas dificultan el empleo adicionalmente.

Este crecimiento de los costes de trabajo que ha originado esa ciudadela a la que se refieren las palabras de La Malfa tiene como constructores . a todos los ciudadanos que jamás renuncian al mayor aumento posible de sus retribuciones nominales con independencia de sus efectos sobre los precios y la ocupación. Y tiene como fuerza que encauza esas aspiraciones a los sindicatos, forzados a aceptar esa gravitación de las masas hacia las elevaciones salariales obtenidas por toda clase de presiones. Esta estrategia sindical es un mal ampliamente extendido en las sociedades contemporáneas.

Sylos Labini ha afirmado que existen dos estrategias sindicales diferentes: una estrategia de reivindicaciones salariales, que concentra en éstas, en la reducción de las horas trabajadas y los sistemas de promoción en la empresa, todos los esfuerzos, y otra -la política de reformas- que, sin abandonar las reivindicaciones salariales, concede al menos una importancia igual a las condiciones de trabajo, a los problemas de la vivienda. de los transportes, de los hospitales y de otros bienes públicos y, desde un punto de vista más amplio, al tema de las reformas y a la participación de los trabajadores en las decisiones de inversión y en las grandes orientaciones de política económica. La práctica sindical dominante sigue la primera estrategia, casi con exclusividad en muchos países. Estrategia que origina en muchas ocasiones ventajas sectoriales o «corporativas» y a favor de los obreros ocupados en las grandes empresas que pueden pagar salarios altos y crecientes en virtud de la productividad obtenida o del poder del mercado. Esas mismas empresas, para huir de la factura de los mayores salarios, no es infrecuente que contraten con otras pequeñas parte de su producción, con lo cual consiguen ingresos mayores, pero sin que en ellas se perciban retribuciones del mismo nivel. Esta experiencia parece sugerir, concluye Sylos Labini, en la necesidad de variar una estrategia sindical que tanto perjudica a los desocupados, de cuya situación nadie se hace responsable, y que tampoco beneficia a los intereses generales de la clase trabajadora. Debe de afirmarse, sin embargo, que mientras estas estrategias sindicales no adquieran conciencia de que la moderación de los costes del trabajo forma parte de una política de empleo, el paro aumentará.

Impacto tecnológico

El proceso tecnológico constituye un factor decisivo para el acrecentamiento de la productividad media del sistema y, por tanto, para el crecimiento de la renta, del consumo y de la acumulación de equipo capital; pero presenta la contrapartida de expulsar,empleo. La mayor capacidad de producción de las máquinas, la realización de operaciones que eliminan trabajo humano y la revolución que ha supuesto la informática, al reducir costosos trabajos administrativos, lleva aparejado, necesariamente, menor número de horas-hombre empleadas. En definitiva, menor demanda de empleo.

La rigidez de los mercados de trabajo en España tiene un componente oeneral sobre el cual los datos reclaman la atención inmediata de quien los observa. Las dificultades de entrada en el mercado de trabajo derivan en gran parte de la política de educación y formacíón profesionales seguida en los últimos años en completo divorcio con las necesidades del mundo empresarial. Se han formado unos profesionales en cantidad superior a cualquier previsió racional de demanda y empleo ingenieros, abogados, médicos, economistas, y, simultáneamente, existe una carencia de carpinteros, electricistas, enfermeras o fontaneros. Este desajuste que las incidencias de la vida diaria muestran a todos los ciudadanos es costosísimo en términos de paro, en particular cuando se comprueba que los empleadores no están dispuestos a pagar el coste de la capacitación del joven recién salido del centro de formación, y no puede olvidarse, según estudios oficiales, que la fórmula más acertada para desempeñar un 80 % de los puestos del mercado de trabajo es mediante la combinación de un aprendizaje escolar y el conocimiento ligado a la experiencia -en el propio puesto de trabajó.

Legidadón laboral

A esa rigidez del mercado de trabajo contribuyen también la legislación laboral y su aplicación práctica, que han desempeñado un destacado papel al predisponer al empresario a no acudir al mercado externo a la empresa para ampliar el número de sus trabajadores. Ha procurado, por el contrario, en contrar solución a sus necesidades dentro de su propia plantilla, utilizando las horas extraordinarias, las primas, o, en último caso, subarrendando operaciones antes de contratar nuevos trabajadores, que, dado el marco laboral y la aplicación del mismo, gravitan, prácticamente, sobre sus costes fijos. Tras las cifras de paro se en cuentran también fenómenos sociológicos de importancia notable asociados a dos hechos: el paro del trabajo femenino y el éxodo rural, tras del que existen algo más que motivaciones económicas y que se ha continuado realizando incluso con oportunidades negativas de empleo. Nota común de estas corrientes hacia el mercado de trabajo es su limitada y dudosa preparación, que fuerza a pensar en la formación profesional como elemento clave que module y oriente estos movimientos de la población activa.

Una última causa del paro, ma nifestación de la crisis económica actual, es la que origina la reestructuración industrial de los sectores sumidos en una profunda e irreversible pérdida de mercados, lo que origina un exceso de capacidad productiva. Reducir estos excesos de capacidad en sectores como la siderurgia, la construcción naval, los bienes de equipo o el sector textil resulta necesario, pero no por ello deja de crear problemas importantes de ocupación.

Presente y futuro español

La suma de las causas enunciadas destaca las profundas raíces que el paro tiene en las sociedades actuales y, desde luego, en la nuestra, al mismo tiempo que obliga a tenerlas a todas en cuenta si es que quiere diseñarse una estrategia razonable y eficiente de cara no tanto a los problemas del paro de hoy, sino a los del empleo de hoy y de mañana a que estas cifras de paro obligan a mirar.

Porque, en efecto, las características con las que el paro se presenta hoy en España, es indudable que le han convertido en un hecho económico importante. Una importancia que debe colocar más el acento sobre la gravedad del futuro que sobre las dificultades del presente. El paro actual ha alcanzado, es cierto, cifras elevadas, pero su trascendencia social inmediata se ha amortiguado por fuerzas diferentes que no cabe ignorar. En su mitad, al menos, el paro español es un paro joven, que se manifiesta en las dificultades del primer empleo. El alargamiento en la incorporación al trabajo de las jóvenes generaciones es un hecho generado por la crisis que cumple en España su cuarto año. Se trata, por tanto, de un hecho que pesa sobre la sociedad desde no hace mucho tiempo y que, con coste y dificultades crecientes, la sociedad satisface a través de la renta familiar total. Sabemos muy poco de los mecanismos de defensa familiar ante una situación crítica como ésta y de las distintas posibilidades que puede ofrecer el mercado de trabajo, pero, en todo caso, parece claro que esa situación es muy diferente, más defendible y menos grave a corto plazo, que el paro que afecta a los cabezas de familia. Para éstos -que sin duda constituyen el sector de parados con más grave incidencia económica- se cuenta con una cobertura amplia del seguro de desempleo, muchas veces complementada con otros ingresos por trabajos ocasionales. En tercer lugar, no debe olvidarse que el paro no ha afectado aún con igual gravedad a todos los sectores económicos. Los servicios y la agricultura -dos fuentes fundamentales del empleo en España presentan tasas de paro mucho más bajas que la construcción y la industria. La importancia que esos dos sectores con menos paro tienen en muchas regiones españolas reduce -hoy por hoy- la resonancia social del paro. Todas estas circunstancias explican que, pese al superior valor numérico del paro actual respecto al registrado a comienzos de la década de 1930, sus consecuencias económicas sean totalmente distintas e incomparables.

Sin embargo, esta valoración actual de la trascendencia económica del paro no puede hacer olvidar sus dimensiones y sus perspectivas futuras. El mensaje que transmiten las cifras de paro debe relacionarse con el que se desprende de la caída en la tasa de actividad desde el comienzo de la crisis económica. Nuestra economía no está creando hoy, sino destruyendo, empleos en un momento en el cual avanzan hacia el mercado de trabajo poderosas y crecidas cohortes de población joven, que superan ampliamente a las que se retiran y reclaman la creación de empleos netos para no seguir engrosando las ya crecidas cifras de paro. Este problema del empleo y la ocupación del futuro, es el que debe encauzar las preocupaciones, las decisiones y la colaboración de todas las instancias de la sociedad para ofrecer una respuesta constructiva y eficiente. Una respuesta a la que nadie -ningún grupo social, ningún ciudadano- es ajeno, pues, como demuestra el simple repaso antes realizado de las causas del paro, es el esfuerzo compartido de Iodos el que debe estar presente para encontrarlas remedio.

(1) La tasa de paro es el porcentaje de población activa que se declara desempleada y manifiesta que está buscando empleo.

Tasa de actividad es el porcentaje de la población total que se declara ocupada o que se encuentra en situación de paro.

La discrepancia entre la cifra de parados consignada en EPA y el registro de paro del Ministerio de Trabajo se debe, fundametalmente, a los diversos sistemas con los que se obtienen. Dicha discrepancia ha disminuido en los últimos años, al elevarse la cifra de los parados registrados, elevación fundamentalmente producida por la obligatoriedad de la inseripcion para percibir el Seguro de Desempleo y para acogerse a las ayudas de trabajo comunitario.

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