Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El general Sánchez Ramos y su ayudante, teniente coronel Pérez Rodríguez, asesinados en Madrid

Una condena unánime por parte de todos los partidos políticos, centrales sindicales y entidades ciudadanas es la respuesta al atentado perpetrado ayer contra un general y un teniente coronel del Ejército de Tierra el mismo día que el Congreso de Diputados, elegido el 15 de junio del año pasado en las primeras elecciones libres celebradas en España desde el final de la guerra civil, daba fin a la tarea de dotar a nuestro país de un texto constitucional. Los funerales y el entierro de los restos mortales tendrán lugar en la mañana de hoy, presididos por el Rey, desde el Cuartel General del Ejército.

Un comando formado por un hombre y una mujer asesinó ayer, a las ocho y media de la mañana, al general de brigada del Arma de Artillería Juan Sánchez Ramos-Izquierdo y a su ayudante, teniente coronel José Antonio Pérez Rodríguez. El atentado se produjo frente al domicilio del primero, situado en el número 16 de la calle de Bristol, en el barrio madrileño del Parque de las Avenidas.El general asesinado acababa de subir al automóvil oficial, un Seat 124, color negro, matrícula ET-55507-0, aparcado frente a su domicilio, que debía conducirle a su despacho del cuartel general del Ejército. En el asiento posterior del vehículo ya se encontraba su ayudante, el teniente coronel Pérez Rodríguez, al que, como todos los días, había recogido con anterioridad en su domicilio de la calle de Colombia, número 33, el chófer del vehículo oficial, el soldado Pedro de las Heras.

Cuando el conductor había cerrado la puerta trasera del vehículo, tras haber subido al mismo, el general Sánchez-Ramos y haberse colocado al lado de su ayudante, y se disponía a quitar la funda del banderín oficial del vehículo, aparecieron de repente un hombre y una mujer, el primero vestido con una camisa de cuadros y la segunda con un pañuelo y pantalón verdes, quienes abrieron fuego, al parecer con pistolas Parabellum, a través de las dos ventanillas traseras del vehículo, sobre el general y su ayudante.

Ambos murieron en el acto, después de haber recibido entre diez y quince impactos de bala. Poco después fueron recogidos once casquillos de bala en el lugar del atentado.

«Ya se habían metido los dos en el coche -según cuenta el conductor, nervioso y todavía fuera de sí-, e iba yo a sacar la funda del banderín, cuando los vi: una chica vestida de verde y un chico con bigote. Eran jóvenes, de unos véintitantos años. La chica vino por la parte derecha y disparó sobre el general. El chico, desde la parte izquierda, donde estaba sentado el ayudante. Yo retrocedí y entonces el chico volvió la cabeza y me miró, pero luego continuó hacia un taxi. marca Renault-12, aparcado enfrente. Yo venía a buscar al general todos los días, más o menos a la misma hora. Primero recogía al ayudante en la calle de Colombia, donde vive, y luego veníamos aquí a recoger al general. »

Visto y no visto

El atentado se produjo con una rapidez increíble, huyendo inmediatamente el comando hacia un taxi R- 12, que les esperaba aparcado en el lado contrario de la calle, en dirección a la M-30, autopista de circunvalación de Madrid cercana al lugar, por donde marchó a toda velocidad hacia la estación de Chamartín. En el interior del taxi, que fue sustraído a su dueño una media hora antes, esperaba al comando una tercera persona, joven también como los que cometieron el atentado.La portera de la finca, Severina Alfonso, narra su versión de los hechos. «Yo limpiaba el sofá -dice- cuando pasó el general y me dio los buenos días, como todas las mañanas. Pasó por mi lado y salió. Poco después oí los disparos y salí a la calle para ver lo que ocurría. Sólo pude ver que el chófer gritaba. Vine corriendo al teléfono y llamé a la policía, que llegó en seguida.»_

Una hora más tarde de cometido el atentado, hacia las nueve y media, llegó el juez de guardia, quien ordenó el levantamiento de los cadáveres. Poco después llegaron, con intervalos, dos ambulancias, en las que los cuerpos de los militares asesinados fueron trasladados al hospital militar Gómez Ulla. El cuerpo del general presentaba varios impactos de bala, mientras que su ayudante sólo parecía tener un disparo en la sien. Cuando se les retiró de sus asientos, éstos aparecieron con grandes manchas de sangre. El vehículo oficial donde fueron asesinados los dos militares fue transportado poco después por un jeep militar hasta el parque móvil del Cuartel General del Ejército, sito en Bretón de los Herreros.

Una de las primeras personas que hizo acto de presencia en el lugar de los hechos fue el alcalde de Madrid, José Luis Alvarez, quien escuchó la noticia del atentado cuando se dirigía a su trabajo. El señor Alvarez calificó el atentado de «crimen horrible» y declaró que los autores del asesinato son «criminales de la peor especie, que matan a sus víctimas sin conocerlas».

Persecución

Aunque la rapidez del atentado cogió por sorpresa a los escasos testigos que lo presenciaron, hasta el punto de que apenas tuvieron tiempo para reaccionar, un sargento de la Policía Armada, de paisano, que pasaba en ese momento por la calle de Bristol en su automóvil, se dio cuenta de que algo grave acababa de suceder y persiguió de inmediato al taxi de los terroristas, que huía hacia la M-30. El agente persiguió al comando por la citada autopista hasta cerca de la estación de Chamartín, donde parece que uno de sus disparos alcanzó una de las ruedas traseras del vehículo de los terroristas. Estos se vieron obligados a robar a punta de pistola un segundo vehículo cerca de la estación de Charnartín. Según parece, uno de los terroristas pudo ser herido por los disparos del sargento de la Policía Armada, ya que en el taxi abandonado se han encontrado numerosas huellas de sangre.«Al preguntarles la dirección a la que les debía llevar -declaró posteriormente el propietario del taxi-, el joven de mi derecha me indicó, sacando una pistola, que lo que querían era el coche, y que saliese del mismo y no pasaría nada.» La sustracción del taxi, según manifestó su propietario, se llevó a efecto hacia las ocho de la mañana. «Cuando comencé -añade- a poner en marcha el taxi ví a dos chicos y a una chica que se encontraban en la esquina de la calle de Arcos del Jalón, a la altura del número 1, que es donde yo vivo. Al dejar caer ligeramente el coche para sacarlo del lugar donde lo tenía estacionado, se introdujeron sin violencia, ocupando la chica y uno de los chicos los asientos traseros, mientras que el tercer joven ocupaba el asiendo delantero. Una vez que bajé del taxi y se fueron con él los tres jóvenes, llamé por teléfono a mi antiguo jefe, del que fui chófer, el general de Infantería Antonio Alemán Ramírez, el cual llamó a su vez al 091 para comunicar lo ocurrido, indicándome que efectuase la denuncia, lo cual hice en la comisaría de San Blas.»

En el taxi, que fue llevado a la sede de la Dirección General de Seguridad tras haber sido abandonado por los terroristas, fueron halladas dos granadas de mano, una pistola y munición.

El segundo coche robado por los terroristas a punta de pistola, un Seat 124, color beige, matrícula M-6959-AJ, marchó en dirección de la zona de Fuencarral, con su dueño dentro, por la fuerza, y se cree que desde esta zona salió a la autopista de Burgos, donde el automóvil fue abandonado a la puerta de una fábrica. Aquí, los terroristas pudieron sustraer otro vehículo, o bien trasladarse a otro que pudiera seguirles, para continuar la huida.

A primeras horas de la tarde de ayer fueron retirados los controles establecidos por la Guardia Civil en las carreteras de salida de Madrid, fundamentalmente en las autopistas de Burgos y Barcelona.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de julio de 1978

Más información

  • Fueron tiroteados al salir de su domicilio