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martes, 4 de enero de 1977

Carrillo no se considera responsable de la matanza de Paracuellos

  • "Sólo tomé la decisión de trasladar a Valencia a los detenidos"

«Si empezamos así no conseguiremos nunca una atmósfera de reconciliación nacional sino un espíritu de revancha que va a hacer imposible el camino hacia la democracia y el cambio pacífico. Sólo los nostálgicos de El Alcázar insisten en ello, pues lo que pretenden es perpetuar la dictadura y la guerra civil», ha declarado a EL PAIS Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista de España (PCE), ante la publicación por el citado vespertino de una lista de asesinados en Paracuellos del Jarama.

El diario vespertino madrileño El Alcázar, órgano de la Confederación Nacional de Combatientes, publicó ayer en su portada y en cinco páginas interiores, con motivo de la puesta en libertad de Santiago Carrillo, un recuerdo para los «12.000 mártires asesinados en Paracuellos del Jarama y los 953 asesinados por el maquis».Encabeza a relación un comentario editorial en el que se dice, entre otras cosas: «Ha habido y hay un deliberado muro de silencio en torno a uno de los crímenes más terribles de a historia de Occidente. El cometido por las hordas de Carrillo en el vecino pueblo de Paracuellos del Jarama, adonde en fatídico noviembre de 1936 fueron conducidos las sacas de las cárceles madrileñas y ametrallados entre 10.000 y 12.000 españoles... »

Carrillo: no al espíritu de revancha

Ante esta publicación, un redactor de EL PAIS se puso ayer tarde en contacto con Santiago Carrillo, secretario general del PCE, y le preguntó si tenía algo que declarar en torno a los asesinatos de Paracuellos.«Ya he explicado en otras ocasiones -dijo el señor Carrillo- que de mi participación en este asunto es una especulación política qué ha comenzado a hacerse hace dos o tres años, cuando mi nombre y el papel de mi partido empezaba tener un peso político importante en el país.

No he querido contestar a estas acusaciones, pues, aparte de desmentirla, tendría que desenterrar a los doscientos y pico mil muertos que han sido ejecutados después de que finaIizase la guerra civil. Tendría también que desenterrar a los asesinados en la zona franquista durante la guerra.

Pero si empezamos así no conseguiremos nunca una atmósfera de reconciliación nacional sino un espíritu de revancha que va a hacer imposible el camino hacia la democracia y el cambio pacífico.

Si queremos un país en el que se destierre definitivamente el espíritu de venganza, lo mejor es que sean sensatos y no desaten, como el aprendiz de brujo, fuerzas que pueden volverse contra ellos. Vamos a tener la fiesta en paz, mejor dicho, España en paz, que es lo que nos interesa a todos. »

Santiago Carrillo, explicó el pasado mes de julio en la revista Guadiana, el hecho que se le imputa en los siguientes términos: «Una guerra civil es una cosa siempre terrible, y en la nuestra hubo represión y hubo crímenes en ambos lados. EL 7 de noviembre de 1936 yo tomo posesión de la Comisaría de Orden Público, al formarse la Junta de Defensa de Madrid. Hasta ese, momento, yo no he tenido ninguna relación con el orden público ni con la represión y mi jurisdicción se limita a la ciudad de Madrid, que en ese momento está semicercada por las tropas franquistas, y yo me encuentro con que en la Cárcel Modelo hay un núcleo muy numeroso de detenidos franquistas que están a punto de ser liberados esa noche por las tropas que llegan a cuatrocientos metros de la cárcel. Era un regalo envenenado que nos había dejado el Gobierno republicano a la Junta de Defensa. En esas condiciones, tomé la decisión de trasladar a Valencia a esos detenidos. En el camino hacia Valencia, fuerzas que en ese momento no pudimos concretar quienes eran se apoderan del convoy y ejecutan a los presos fuera ya del terreno de mi jurisdicción. ¿Cuál es mi responsabilidad? Mi responsabilidad es no haber sacado una brigada al frente para proteger hasta Valencia a esos prisioneros. Pero en ese momento en el frente de Madrid no se podía sacar no ya una brigada, sino ni un soldado... Era una cuestión militar. Yo no he intervenido personalmente. Ni me considero responsable en nada de la desaparición de esos hombres»

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