Vídeo | En la biblioteca de Maruja Torres: “Es más fácil elegir entre tu padre y tu madre que entre un libro y otro”

La periodista y escritora ha tenido tantas vidas y ha vivido en tantos lugares que apenas conserva un centenar de ejemplares en su estantería. Los tiene todos en su cabeza y, también, en su aliado más imprescindible: el libro electrónico

Maruja Torres, en la biblioteca de su casa.Foto: EL PAÍS | Vídeo: EPV

La literatura le abrió las puertas al mundo y la empujó a soñar con una vida más allá de los confines del barrio chino de Barcelona. “No tuve estudios, pero aprendí a leer y a escribir gracias a mi tío Amadeo. Me llevaba a la librería del señor Salas, en La Rambla, y leíamos libros prohibidos por la dictadura”, recuerda Maruja Torres (Barcelona, 79 años) en el segundo capítulo de ‘En la biblioteca de...’, en el vídeo que acompaña a esta noticia. Los libros nunca la han abandonado. Desde que era una niña que se pasaba las tardes leyendo en el balcón o una joven que caminaba con uno entre las manos yendo a su primer trabajo en unos grandes almacenes.

¿Qué papel han jugado los libros en la vida de Maruja Torres? ¿Por qué fueron “su universidad”? ¿Con qué lectura se dio cuenta de que también había gente pobre y luchadora en otras épocas y países fuera del barrio del Raval? ¿Prefiere a Scott Fitzgerald o a Hemingway? ¿De qué novela es una auténtica fanática? ¿Qué libro recomienda a los lectores? Son algunas de las preguntas que responde en este vídeo.

Torres admite sin pudor que “lee mejor que escribe” y que no es “una literata” en el sentido más grandilocuente de la palabra. Es una mujer libre e independiente a la que no le ata nada, ni nadie. “No puedo encariñarme con ningún objeto que pueda perder, lo aprendí en mi época como reportera. Hubo un tiempo en el que tuve un piso lleno de libros, pero mi biblioteca he sido yo misma tragando cosas, lo tengo todo aquí”, comenta en el vídeo de esta pieza mientras se da un par de golpecitos en la cabeza. Hoy, el libro electrónico es su mejor aliado, gracias al cual devora cuatro o cinco novelas a la vez.

“La vejez te da el saber de que por mucho que vivas, nunca vas a poder leer todo lo que querrías. Es una sensación de que tarde o temprano llegará el día que dirás: ‘Mecachis, me estoy muriendo y no he leído tal cosa…’. Esa es una bonita forma de morir también”.

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