En ‘Cochinas’, la liberación sexual de las mujeres empieza en un videoclub
La comedia protagonizada por Malena Alterio y creada por Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo aborda tabúes relacionados con el placer femenino y encierra una crítica al porno


El año es 1998. La ciudad, Valladolid. Nines es un ama de casa que, tras quedar su marido en coma, pasa a encargarse del negocio familiar, un ruinoso videoclub de barrio. Asediada por las deudas, nota que solo una zona del local mantiene cierta actividad: la dedicada al cine para adultos. Así que esta mujer, conservadora y mojigata, dejará sus prejuicios a un lado y optará por potenciar esa sección que, tras varias carambolas, terminará convirtiéndose en foco de una auténtica revolución sexual entre las mujeres del barrio.
Cochinas, la nueva serie de comedia de Amazon Prime Video, nació a partir de una noticia que uno de sus creadores, Carlos del Hoyo, leyó poco después del confinamiento por la covid-19: en España, el consumo de porno se había disparado durante el encierro de forma mucho más destacada que en otros países. “Queríamos hacer una serie sobre sexualidad y mujeres que se exploraban”, dice el guionista. Decidieron ambientar esa historia en los noventa, “con ese analfabetismo sexual, donde los jóvenes aprendíamos de En tu casa o en la mía [programa radiofónico de la sexóloga Lorena Berdún] o el consultorio de la Súper Pop. Y qué decir de las generaciones mayores, esas señoras que se criaron en el franquismo, donde el sexo y el placer eran tema tabú”, añade Del Hoyo.

En origen, la historia que ideó junto a Irene Bohoyo tenía una dimensión mucho mayor. “Era una serie que transcurría en tres épocas distintas: en los inicios del porno en España con Alfonso XIII, en los noventa con un videoclub con una señora conservadora, y en la actualidad con una chica joven que tenía OnlyFans. Pero en Prime Video vieron claro que debíamos quedarnos con la historia de los noventa”, recuerda Bohoyo en una entrevista por videollamada. A partir de ahí, ambos iniciaron un camino que les llevó a hablar mucho sobre sexualidad y sobre sus propias inseguridades, “que es algo que uno no acostumbra a hacer con compañeros de trabajo. Hay cosas que pensamos que están superadas, pero nos hemos dado cuenta de que no hemos avanzado tanto”, dice Del Hoyo.
La producción avisa en cada capítulo: a continuación aparecerán cuerpos desnudos; si el espectador no se va a sentir cómodo, es mejor que abandone. Prácticamente la totalidad del reparto de Cochinas aparece sin ropa en pantalla en algún momento de la serie, en muchos casos con desnudos integrales. Dar con el reparto (encabezado por Malena Alterio, Celia Morán y Álvaro Mel y que incluye a Raquel Pérez, Celia de Molina, Chani Martín, Ana Mencía, Juanjo Cucalón o David Castillo), que debía estar dispuesto a un enorme grado de exposición física y emocional, no fue sencillo. Los creadores explican que algunos actores rechazaron participar cuando conocieron lo que se requeriría de sus personajes. Pero no solo ocurrió con intérpretes, también hubo grupos musicales y solistas que prefirieron que sus canciones no aparecieran en la serie dado su contenido, como fue el caso de las Spice Girls.

Al frente del rodaje, tres directoras, Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago, trabajaron de cerca con los coordinadores de intimidad. “Ellos analizaban el guion para ver qué podía ser incómodo, hacían las coreografías, hablaban con nosotras sobre hasta qué punto necesitábamos que nos ayudasen, y hablaban mucho con los actores”, dice Jaurrieta, también por videollamada. “Hacían de negociadores. Te preguntaban qué necesitabas de una escena y hablaban con los actores sobre si les parecía bien o si no querían que se les viera alguna parte del cuerpo”, añade Gago.
Uno de los objetivos de la serie era poner sobre la mesa debates en torno a la sexualidad que no estuvieran muy trillados. Carlos del Hoyo pone como ejemplo el despertar sexual de las personas neurodivergentes. “En los pases previos, hubo gente que nos decía que les había incomodado ver a Ana Mencía, la actriz con síndrome de down, besándose en un espejo. No sabían por qué, pero les había desconcertado. O ver a dos personas sexagenarias teniendo sexo. Habrá a quien le pueda violentar, pero está bien enfrentarse a esos prejuicios y pensar por qué ocurre eso”, cuenta el guionista. Su serie muestra cuerpos de todos los tamaños, formas y edades. “Basta ya de que en las comedias sexuales españolas solo folle la gente normativa, los guapos. Y sobre todo, basta de idealizar el sexo, que es parte de lo que hace el porno”, reivindica Del Hoyo.

Cochinas es una serie sobre la liberación sexual de las mujeres que, además, aprovecha para hacer una fuerte crítica al porno. Cada capítulo comienza con una secuencia que parodia el cine para adultos noventero, el tipo de películas que se podrían alquilar en ese videoclub. Cuando se ve la serie completa, se comprueba que esas escenas no son una mera anécdota, sino que su recorrido es parte de esa crítica a la industria del cine para adultos.
Esas secuencias están rodadas con actores que provienen del entorno de la industria del sexo, con Daniela Blume a la cabeza, cuyo trabajo y valentía alaban los creadores. “Necesitábamos gente que estuviera muy habituada a exponer su cuerpo y a verse en situaciones sexuales heavies. Queríamos proteger a los actores convencionales, que no están acostumbrados a ese nivel de exposición y a ese grado de violencia machista”, explica Del Hoyo. “Era un código que rompía con todo lo demás. Ese rodaje era como un parque de atracciones, las actuaciones son muy disparatadas, como un cliché”, dice Núria Gago. “Recuerdo que la primera que rodé la volvimos a hacer porque estaba demasiado bien encuadrada”, añade Andrea Jaurrieta. “Era como hacer cine de género pero cutre, y eso te permite todo”, añade Laura M. Campos.

Según las tres directoras, su mirada femenina aporta a Cochinas una sensibilidad diferente al verse identificadas con las historias que cuentan. “A finales de los noventa, mientras en Estados Unidos se está haciendo Sexo en Nueva York, en la España de provincias todavía estaba esta forma de educación muy reprimida. Para nosotras es fácil empatizar con esos personajes, que podrían ser mi madre cuando tenía mi edad”, dice Jaurrieta. Como directora principal, Jaurrieta aportó referentes visuales para dar con el tono de la serie, entre los que estaban el cine noventero estadounidense, con títulos como Reality Bites o Alta fidelidad, y filmes españoles como Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto y Hola, ¿estás sola? “Una cosa interesante de la serie es que las protagonistas hacen un viaje referente al porno. Primero parece una ventana de salvación y formación, y luego les genera conflicto y ven que igual no era esa liberación que creían que era. Era importante que nosotras tuviéramos esa mirada como mujeres conscientes de que el porno, en general, es violencia contra la mujer”, concluye Gago.
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