La maldición de Telecittà
Esta familia (en el sentido más peliculero del término) se resquebrajaba. Todos los colaboradores desean volver a Mediaset. Es donde pagan bien


Tuvieron el programa perfecto y lo dejaron escapar. Los apestados de Mediaset (antaño su buque insignia) salieron del Telecittà de Paolo Vasile con una maleta llena de sueños. Allí dentro quedó Jorge Javier igual que en la caja de Pandora quedó la esperanza. Ellos, los compañeros, a la rue. Se instalaron en Canal Ten donde, supongo, les prometieron ganar más dinero con el paso del tiempo, pero el dinero no llegó, o al menos no en las cantidades esperadas. El ritmo de vida de la familia Sálvame era, suponemos, elevado. Las promesas de “volver a la tele” se materializaron en forma de un programa que nunca debió ser: La familia de la tele. Menudo esperpento fue aquello, y qué poco duró. Se despidieron con una puesta en escena que remitía al Libro de los Muertos, pero la realidad es que estaba más cerca de La corte de Faraón. Se fueron de TVE con bajísimas audiencias, pésimas críticas, y menos colaboradores.
Belén Esteban recaló en TVE para hacer Top Chef, y a Lydia Lozano la perdonaron en Telecittà. Kiko Hernández y Carlota Corredera, que estaban bien en Tentáculos (bien lejos, claro) llegaron al nuevo formato (No somos nadie, nombre que ya usaron Pablo Motos y después Celia Montalbán en M-80). Patiño resistió de presentadora pese a lo mal que lo llevaba Kiko Matamoros, siempre queriendo aportar algún dato de cultura general. Por último, los Kikos se marcharon para crear El eje del mal, aunque luego les hicieran cambiar de nombre. Y el programa sin Matamoros no podía funcionar.
Esta familia (en el sentido más peliculero del término) se resquebrajaba. Algo trama David Valldeperas con esos puntos suspensivos al final de la última emisión. Todos los colaboradores desean volver a Teleccità. Es donde pagan bien. Cortoplacistas como ellos solos, no han escatimado en indirectas ni burlas hacia “la cadena de enfrente”.
Ni que fuéramos shhh era un programa innovador aun siendo lo mismo de siempre. Gente hablando, gente cotilleando, eternos adelantos que no iban a ningún lado, y reportajes cogidos por los pelos. El secreto de Valldeperas es conseguir que el público siempre siga la zanahoria. ¿Hubieran conseguido los ingresos deseados si no se hubieran movido de Ten en primer lugar? Encontraron el equilibrio perfecto con Patiño, Matamoros, Riesco, Esteban, y Chelo. Con estos puntos suspensivos pienso que es posible, incluso para Valldeperas, hacer un programa divertido y ácido que no menoscabe la dignidad de nadie. ¿Será posible o pesará más la maldición de Telecittà?
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