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Marcar cohete

La travesía espacial de Jeff Bezos, con sombrero vaquero y dando las gracias a sus clientes, recuerda más al humor de ‘Veep’ que a la trascendencia que imaginaba el príncipe Felipe en ‘The Crown’

El multimillonario Jeff Bezos muestra unas gafas de protección que pertenecieron a Amelia Earhart en una conferencia de prensa tras el vuelo de la nave Blue Origin. En vídeo, el tráiler de la comedia espacial 'Avenue 5'.

En el séptimo episodio de la tercera temporada de The Crown, Peter Morgan utiliza la recepción real —en sus dos acepciones— en el palacio de Buckingham a Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins después de su llegada a la Luna, para fabular acerca de una crisis de identidad de Felipe de Edimburgo.

El duque, aficionado a pilotar, cree que conocer a los tipos que han volado más lejos que nadie le ayudará a resolver lo que le inquieta, le perturba y no le deja dormir, que diría Esperanza Gracia. Que ellos le inspirarán de algún modo. Pero cuando los recibe, tras plantearle sus cuitas personales, descubre que son tipos anodinos, héroes sin la sustancia metafísica que él esperaba encontrar en ellos.

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Mucha sustancia metafísica tampoco parece haber en Jeff Bezos marcando cohete. El tipo baja después de su viaje espacial, con un sombrero de cowboy y dice, en un chiste de mal gusto que él no concibe como tal, que quiere agradecerle a los clientes y empleados de Amazon porque “vosotros, tíos, habéis pagado por todo esto”. Junto a él, además del hermano de Bezos y de Wally Funk, la persona de mayor edad en viajar al espacio, vemos al estudiante Oliver Daemen, de 18 años, oficialmente el astronauta más joven y el primer turista que paga por un vuelo suborbital.

De turistas espaciales también hemos visto una serie, Avenue 5, creada por Armando Ianucci. Una sátira. La nave en la que viajan los que deciden hacer esta especie de crucero fuera de órbita sufre un accidente y queda perdida en el espacio. La carrera espacial antes era cosa de aventureros, por muy poca sustancia que tuvieran, ahora empieza a ser cosa de turistas millonarios. Veep ya nos lo enseñó, pero nuestro mundo lo escribe mejor Ianucci que ningún otro. Y ya no está el duque de Edimburgo para verlo.

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