En tiempos de crisis, tener un propósito sigue siendo esencial para las pymes

Lo social crea valor. Con ese principio, firmas de inversión especializadas ofrecen financiación alternativa a pymes capaces de generar un impacto positivo para todos.

Imagen: CAROL YEPES / GETTY IMAGES. Vídeo: Celanova Audiovisual

Es tiempo de cambio y de romper ideas preconcebidas, también en la financiación. Ni los inversores financieros son tiburones sin corazón que solo piensan en exprimir hasta el último euro, ni las pymes están fuera de sus objetivos. Cada vez hay más firmas especializadas en inversiones con impacto social, y tienen en sus radares a las pequeñas y medianas empresas. En el otro lado de la mesa, las pymes en crecimiento no tienen por qué conformarse con una relación fría y unidireccional con el mundo del dinero.

La segunda jornada virtual de Radar Pyme, la iniciativa conjunta de Retina y Banco Santander para analizar los retos de las pymes en el nuevo contexto socioeconómico trató sobre la financiación alternativa y de impacto. No es un ámbito que se acostumbre a relacionar con las pequeñas y medianas empresas, pero en sus intervenciones Pedro Goizueta, director de Relaciones con el Inversor y Operaciones de Global Social Impact, Lara Viada, directora de inversiones en CREAS y Borja Oyarzábal, CEO y socio fundador de Tresmares Capital, demostraron que el mundo de la inversión puede hacer mucho por ayudar a fortalecer el tejido empresarial más allá de las grandes compañías.

¿Qué propósito tiene tu empresa?

La irrupción de la pandemia paralizó gran parte de la actividad económica, que ahora trata de encontrar un rumbo todavía a medio gas, mientras las empresas se adaptan a los cambios en el consumo. Muchas pymes sienten que su supervivencia está amenazada, e intuitivamente no parece el mejor momento para que la inversión ponga el foco en su impacto social.

Sin embargo, Viada está convencida de que, en realidad, pocos momentos puede haber mejores que ahora para fijarse en los valores empresariales. Por un lado, “con el Covid nos hemos dado cuenta de que todos tenemos una responsabilidad, sin que tengamos que estar pendientes del Estado o cualquier otro ente”. Y ese “cierto despertar de la solidaridad” entronca con fenómenos que ya venían de antes: “Ya no se distingue entre el trabajo, donde se buscaba maximizar beneficio, y la vida, donde se buscaba un propósito. Ahora la empresa también tiene un propósito. Todos queremos realizarnos también en el trabajo, dejar un mejor legado a nuestros hijos, aunque tengamos maneras distintas de cómo hacerlo”.

Por tanto, según Viada, nada de pensar que el ‘modo supervivencia’ exige estar pendiente solo de la cuenta de resultados. “Reconectar con el propósito es parte esencial de la supervivencia de la empresa, además de un elemento fundamental para lograr el compromiso del equipo”. O, como afirmó Oyarzábal, “no hay dicotomía entre la rentabilidad y la sostenibilidad. La sociedad va a exigir que las empresas rentables sean sostenibles”.

El reto de medir el impacto social

¿Cómo trabajan estas firmas de inversión especializadas en la financiación alternativa y de impacto? “Buscamos rentabilidad para el inversor y también un impacto social real, medible y programable desde el principio, desde la due diligence”, explicó Pedro Goizueta, de la sociedad gestora de fondos Global Social Impact. Ese molde del impacto social que se autoimponen no resulta un corsé, y menos en la actualidad: “Antes del covid empezamos a desarrollar un fondo con un concepto de integración de colectivos en riesgo de exclusión. Ahora, con el bofetón de la pandemia, ese colectivo es más amplio, y afecta a ámbitos como la hostelería o el turismo. En realidad, las empresas intensivas en empleo, y especialmente de personas difícilmente empleables, ya generan ese impacto claro, directo y medible; el capital privado y los fondos tienen que estar en ese marco”. “Hay empresas que con una pequeña vuelta de tuerca tienen la oportunidad de lograr un impacto social”, añadió.

Se trata de un terreno de juego un tanto ambiguo, pues aunque el impacto medioambiental es relativamente sencillo de medir en determinados ámbitos (emisiones, gasto energético, políticas de reforestación…) el social sí puede ser más escurridizo. Los tres ponentes insistieron en la importancia de los datos al tomar decisiones de inversión.

“Trabajamos con algoritmos que nos permiten conocer mejor la situación del mercado, las corrientes de la economía. Esa es una información tremendamente útil para las pymes, que tienen una bala de oro o dos balas de plata”, aseguró Oyarzábal. En CREAS, acrónimo de Capital Riesgo en el Ámbito Social, invierten en cuatro grandes áreas -educación, sostenibilidad, integración e innovación social y cuidado y bienestar social- que a su vez se disgregan en 26 sectores; las métricas de las inversiones varían en todos los nichos, en función de los retos específicos del negocio.

En Tresmares, por su parte, trabajan en los 105 nichos de negocio de alto crecimiento que han detectado con los datos, desde los productos de la tierra con un toque gourmet hasta la biotecnología, pasando por la robotización industrial o la economía circular. “No permitimos que la intuición se imponga a los datos; cuando lo hemos hecho en el pasado nos hemos equivocado”, explica el CEO de la firma de inversión.

Para Oyarzábal, este momento de cambio, con la previsible materialización en los próximos meses de los 72.000 millones de euros de ayudas directas de la UE, “es una oportunidad histórica para construir una economía con una visión nacional y por encima de la alternancia política, para los próximos diez o quince años”. Las pymes tienen que ser una parte esencial de ese modelo de futuro; para lograrlo necesitarán socios financieros sólidos y comprometidos.

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