La brecha que frena a las fundadoras tecnológicas en Europa
El Parlamento Europeo impulsa un estudio para medir y acortar las distancias de género en sectores estratégicos como la ‘deep tech’: nuevos materiales, semiconductores, robótica… Según los expertos de la UE, el papel de la inversión pública se revela como clave, y la organización supranacional actúa ya como inversor de referencia a través de varios instrumentos


Europa se juega buena parte de su competitividad futura en sectores que no siempre son visibles para el gran público, pero que determinan el liderazgo industrial, la seguridad y la resiliencia económica del continente. La llamada deep tech —tecnología profunda basada en avances científicos e ingeniería avanzada— está en el centro de esa transformación.
Hablamos de empresas de tecnología profunda que trasladan avances científicos y de ingeniería al mercado, especialmente en ámbitos como la computación cuántica, los semiconductores, la robótica, la ciencia y nuevos materiales, la biotecnología y las ciencias de la vida, así como los sistemas energéticos avanzados y las tecnologías climáticas. Se trata de compañías con largos ciclos de investigación y desarrollo, alta intensidad de capital y un fuerte vínculo con infraestructuras científicas y de investigación. En este contexto, resulta determinante quién accede a la financiación.
Un nuevo estudio respaldado por la Unión Europea (UE) pone cifras a una realidad que hasta ahora se intuía, pero no siempre se medía de forma homogénea: la brecha de inversión de género en Europa persiste y es especialmente acusada en la deep tech.
Medir para transformar
Aunque existen datos sobre emprendimiento e inversión desagregados por género, a menudo están fragmentados, responden a definiciones distintas o no son fácilmente comparables entre países y sectores. Esta falta de consistencia dificulta evaluar avances reales y diseñar políticas eficaces, según los expertos.
Para abordar este vacío, se ha desarrollado un prototipo de repositorio: el Panel de la Brecha de Género en Inversiones, una herramienta que integra datos de financiación y composición de equipos fundadores en toda Europa en una única interfaz accesible. Su ambición es sentar las bases de una infraestructura de datos europea sólida y compartida sobre género e inversión.

Los primeros resultados ya ofrecen una fotografía reveladora. En el conjunto del ecosistema europeo, las startups con al menos una mujer fundadora captan solo el 14,4% de las rondas de capital riesgo y el 12% del volumen total invertido. En la deep tech, el desequilibrio es aún mayor: alrededor del 80% de las empresas están fundadas por equipos exclusivamente masculinos, que concentran cerca del 90% de la financiación.
En sectores en los que el acceso al capital inicial y de crecimiento determina qué tecnologías logran escalar, estas cifras no son anecdóticas. Son estructurales y condicionan el mapa de innovación europeo de las próximas décadas, según los analistas de la UE.
Más allá de los números
Los datos cuantitativos se han complementado con un amplio trabajo cualitativo desarrollado a lo largo de once meses, que permite aterrizar el análisis en contextos nacionales concretos. En el caso de España, el estudio sitúa al país entre los Estados miembros con una proporción de empresas de tecnología profunda fundadas por mujeres superior a la media europea, junto a otros países del sur de Europa. Esta lectura se apoya, además, en evidencias cualitativas recogidas directamente en el ecosistema español, a través de talleres celebrados en Madrid en junio de 2025 y de entrevistas con fundadores, inversores y actores públicos, integradas en un programa más amplio de 81 entrevistas y 12 eventos en toda Europa.
Precisamente de España es la eurodiputada Lina Gálvez. La historiadora económica, especialista en economía feminista, lucha por la igualdad de oportunidades. “Si solo utilizamos la mitad de nuestro talento, realmente estamos perdiendo competitividad y estamos perdiendo potencial de crecimiento, y será para nuestra sociedad, para nuestro proyecto europeo, por lo que el impacto será considerable”, asevera.
En la ‘deep tech’, el desequilibrio es aún mayor: alrededor del 80% de las empresas están fundadas por equipos exclusivamente masculinos, que concentran cerca del 90% de la financiación
El diagnóstico que emerge es consistente: las emprendedoras señalan mayores dificultades para acceder a capital en fases tempranas y de crecimiento, brechas de credibilidad durante los procesos de captación de fondos y una limitada diversidad en los equipos de decisión de inversión.
En la tecnología profunda, estas desigualdades se manifiestan en barreras muy concretas. Los proyectos suelen requerir largos periodos de investigación y validación técnica —a menudo de siete a diez años—, acceso a infraestructuras especializadas como laboratorios o plantas piloto y una estrecha vinculación con universidades u organismos públicos de investigación. En este contexto, instrumentos de financiación poco coordinados y redes de contacto cerradas dificultan especialmente el avance en las primeras fases. Cuando el acceso a capital, conocimiento regulatorio y decisores clave depende de trayectorias previas y relaciones informales, las desventajas iniciales tienden a acumularse a lo largo del ciclo de crecimiento.

De la evidencia a la acción
La conclusión central del informe es clara: Europa no carece de talento femenino innovador. Lo que falta son sistemas que lo identifiquen, lo midan y lo acompañen de forma consistente hasta su escalado.
Entre las prioridades figura la creación de un centro de datos europeo permanente sobre género e inversión, que amplíe progresivamente la base actual con nuevas fuentes públicas y privadas. También se propone avanzar hacia definiciones compartidas y estándares de reporte comunes en los programas de financiación europeos y nacionales, de modo que los datos sean comparables y transparentes.
Otra línea estratégica es cerrar la brecha entre el apoyo inicial y la financiación de crecimiento. Muchas startups tecnológicas —especialmente en deep tech— requieren más tiempo para madurar. Si el capital no acompaña ese proceso, el riesgo es perder innovación antes de que alcance su potencial.
El papel de la inversión pública se perfila como una palanca clave. La UE actúa ya como inversor de referencia a través de instrumentos como el Consejo Europeo de Innovación y su brazo inversor, el Fondo EIC, que combinan subvenciones y capital para startups de alto potencial.

Una cuestión estratégica
En un contexto de competencia tecnológica global, la igualdad en el acceso al capital deja de ser únicamente una cuestión de equidad y se convierte en un factor estratégico. La transición verde, la autonomía tecnológica y la resiliencia industrial europea dependen en gran medida de la capacidad de escalar innovación propia. Si una parte sustancial del talento encuentra barreras sistemáticas para acceder a financiación, el coste no es solo individual: es colectivo.
Medir la brecha es el primer paso, según el informe. Convertir esa medición en políticas coherentes, estándares compartidos y mejores prácticas de inversión será el siguiente. En esa transición, Europa no solo decide cómo financia la innovación, sino quién participa en la definición de las tecnologías que llegan al mercado, qué perfiles lideran los proyectos de alto riesgo y, en consecuencia, qué prioridades científicas, industriales y sociales acaban materializándose.