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Joyas

La alquimia de Sandra Gago y Rabat

En una industria donde las alianzas entre marcas y rostros conocidos suelen ser transaccionales, la de la modelo madrileña con la casa joyera se ha convertido en algo personal. (Pen)última prueba en la presentación en Madrid de la colección Waves de la enseña, donde una vez más ha defendido –en más de un sentido– los diamantes de Rabat como nadie

La modelo Sandra Gago en el evento de presentación de Waves de Rabat.

El «algo azul» que Sandra Gago llevó el día de su boda no estaba a la vista. Era un pequeño zafiro engastado en el interior de su alianza de oro rosa. Se la hizo Rabat, que también creó los pendientes y el brazalete que lució durante su enlace con Feliciano López. Hablamos de 2019, y para entonces la modelo madrileña llevaba ya un año colaborando con la marca. Y desde entonces ha sido una de sus embajadores inamovibles. Pero cuando una enseña firma las joyas de tu boda, del nacimiento de tus hijos y de tu aniversario, empieza a generarse una relación que vas más allá de la transacción comercial y mediática. “Ya ha pasado a ser una familia”, nos cuenta Gago en el evento de presentación de la última entrega de la colección Waves en Madrid, en un chalet de El Viso, con un almuerzo en el jardín y Eugenia Silva, Ana Boyer, Tana Rivera, Jordi Rabat, su mujer, Eva Palao, y un despliegue de quilates sentados a la mesa.

La casa joyera, cuya historia comenzó en 1977 en un pequeño establecimiento de Badalona, tuvo entre sus primeros éxitos unos diseños inspirados en los nudos marineros. Casi medio siglo después, el agua vuelve a su imaginario: las piezas de Waves juegan con formas ondulantes hechas en oro blanco, rosa y amarillo, y engastados con diamantes naturales. Más que una coincidencia, es la definición de lo que les guía: su empeño en conciliar tradición y contemporaneidad, en crear piezas que respondan al gusto del momento sin renunciar a la aspiración de perdurar.

Gago ya es dueña de varias piezas de la colección. Primero, porque le gustan. Tiene muy claro su estilo: clásico y sencillo –que no anodino–. Y segundo y más importante, porque coincide con lo que valora: la calidad, el diseño bien pensado que no se deja arrastrar por la tendencia pasajera, la personalidad y el tipo de lujo que no necesita ser evidente. A esa filosofía compartida atribuye la clave de su larga relación con la firma.

Llevas más de siete años colaborando con Rabat. ¿Qué has aprendido sobre el mundo de la joyería durante este tiempo? ¿Ha cambiado tu manera de apreciar una pieza?

Empecé con Rabat en 2019. Y a raíz de conocer el mundo de la joyería más desde dentro –todo ese proceso de elaboración que hacen, la importancia que le dan a cada una de las piedras y su calidad–, es un material y una obra de arte que con el tiempo he apreciado muchísimo más. Además, creo que las joyas son piezas y materiales completamente atemporales que siempre puedes llevar contigo, en cualquier momento del día. Obviamente hay joyas que están más enfocadas para la noche, otras más para el día, pero son piezas que siempre vas a poder tener contigo e incluso pasar de generación en generación. Que es algo que no pasa de la misma manera con otro tipo de materiales como puede ser la ropa.

De hecho, uno de los retos de la joyería es conseguir que sus diseños sean contemporáneos y, al mismo tiempo, capaces de trascender el paso del tiempo. ¿Cómo crees que se puede abordar esa dicotomía?

Uno de los valores que más caracteriza a la familia Rabat, además de la calidad de todas sus piezas, es el diseño. Son muy originales a la hora de diseñar y te encuentras con joyas diferentes, pero a la vez atemporales. Sí que pueden seguir de cierta manera lo que está de moda, lo actual, pero siguen manteniendo ese punto clásico y atemporal en todo lo que hacen. Y es una de las cosas que les define. El diseño de cada una de sus piezas es maravilloso, y creo que es lo que distingue a Rabat de otras muchas firmas.

La nueva colección, Waves, se inspira en el movimiento de las olas y las formas orgánicas de la naturaleza. ¿Qué es lo que más te atrae de esta propuesta?

Lo que más me atrae de esta colección es que son piezas, son joyas, que son camaleónicas en el sentido de que puedes utilizarlas tanto de día como de noche. Tienen un diseño muy especial, pero siguen manteniendo lo elegante, lo clásico, lo fresco, y te inspira esa idea de la que habla la colección: el movimiento, la naturaleza, la sutileza.

Durante mucho tiempo, el protagonismo de las joyas solía reservarse para ocasiones especiales. ¿Crees que esta regla sigue aplicando, o está cambiado la manera de llevar la joyería?

Sí. Y yo soy muy fan de hacerlo así. Es verdad que de día no me gusta llevar un look donde las joyas sean el eje. Prefiero darles el protagonismo en eventos o de noche. Pero también creo que sumándole una joya, aportándole ese toque, siempre se puede realzar muchísimo más un estilismo, también durante el día.

¿Hasta qué punto crees que las joyas son una expresión de la personalidad? ¿Qué cuenta de alguien no solo las piezas que elige, sino su manera de llevarlas?

Creo que el tipo de joya que decidas ponerte, y el momento en que decidas ponértela, pueden reflejar mucho de tu personalidad. Por ejemplo, en mi caso, durante el día –aunque hoy no sea el caso, porque estamos de evento y nos gusta lucirlo más– prefiero mantener los looks súper básicos y realzarlos con un toque de joya, pero sutil. Como una rivière bonita, fina, que puedes llevar durante el día y no solo durante la noche. Sin duda el tipo y la cantidad de joya que aportes a tu look depende mucho de cómo te guste vestir.

Hablemos de estilo. Siempre has defendido un look bastante sencillo y atemporal, tanto en tu armario como en tu joyero. ¿Es una cuestión de gusto o hay también cierta resistencia a la velocidad con la que cambian las tendencias?

Sí. Las tendencias cambian continuamente y si te dejas llevar demasiado por ellas, te puedes perder. Creo que hay un toque personal que siempre mantengo. Puedo combinarlo con esa tendencia, pero a lo mejor a través de los accesorios, y no tanto en la base del look. Es verdad que las tendencias cambian más en la ropa, no tanto en las joyas. Hay etapas en las que se lleva más el oro amarillo que el oro blanco. O el oro rosa, que hubo un tiempo que las colecciones eran solo de oro rosa. Pero, igual que con las prendas, creo que es más importante ser fiel a ti misma y lucir las piezas que vayan contigo y con las que tú te sientas y te veas bien.

¿Cómo aplicas esta filosofía a la hora de decidir con qué marcas quieres trabajar y vincular tu imagen? ¿Qué importancia tiene que sus valores coincidan con los tuyos?

Que sus valores coincidan con los míos, para mí es esencial y primordial. Y creo que de ahí el secreto para mantener una relación tan duradera con una marca como la tengo con Rabat. No es solo porque la marca y sus colecciones te gusten, y viceversa. Sino que realmente tengas algo en común mucho más allá de eso. Y es lo que a mí me pasa personalmente con la familia de Rabat, que además de ser una marca ya ha pasado a ser una familia por todo ese equipo y por lo bien que te hacen sentir. Pero también por su filosofía como marca.

Como consumidora, ¿cuánto te importa lo que hay detrás de una joya? ¿Te interesa saber cómo se ha hecho, de dónde proceden las piedras, o te dejas llevar más por una cuestión estética?

Creo que son aspectos a valorar. Sobre todo en este tipo de piezas debes interesarte. Me gusta conocer la procedencia de las piedras, la calidad, el porqué de un diseño y el proceso de elaboración para llegar a ese diseño… Creo que es súper importante al querer adquirir una pieza, interesarse en eso. Y Rabat te abre sus puertas para que puedas conocer todo el proceso, de principio a fin.

Estamos viviendo un debate interesante en torno a los diamantes naturales y los creados en laboratorio. ¿Qué opinas de esa discusión? ¿Crees que cambia nuestra percepción del valor de una joya?

El mercado del diamante ha cambiado un poco en base a esto. Ahora ves muchísimas firmas que en su propia página web, el mismo diseño, la misma joya, la proponen con diamante natural o diamante de laboratorio. Creo que la elección es muy personal y también depende de la situación y las posibilidades que tenga cada uno. Es muy lícito que quieras tener una pieza bonita porque te gusta ese tipo de piedra, pero quizás no puedas acceder a esa calidad y optes por un diamante de laboratorio.

Y en ese sentido, también hay una diferencia entre el valor económico de una joya y el valor sentimental que le atribuimos. ¿Qué hace que una pieza se vuelva verdaderamente importante para ti?

El sentimental, sin duda. Las joyas a las que más cariño y amor tengo son las que relaciono con un momento de mi vida.

¿Algún ejemplo?

Un reloj de mi abuela materna que cuando falleció me lo dejó, y es una de las joyas a las que más cariño tengo. También mi anillo de compromiso, porque significa la unión entre mi marido y yo; y las dos joyitas que tengo por el nacimiento de mis hijos. Cuando las llevo siento que tengo también a mis hijos conmigo. Cuando nacieron Darío y Marco, en Rabat me regalaron dos pulseras con sus iniciales en un charm, y siempre las llevo conmigo por eso, porque es un regalo que me hicieron con ese motivo, y tienen un significado especial.

El propio concepto de lujo también está cambiando. Frente a su tradicional asociación con la ostentación, hoy se habla de discreción, experiencias, artesanía, o incluso desconexión. ¿Qué significa el lujo para ti?

Para mí el verdadero lujo es silencioso, ese que tú valoras porque eres conocedora de lo que vale algo, ya sea por el valor sentimental que le das a esa pieza o por la importancia que le das a la calidad de esa pieza. Pero sin necesidad de que enseguida se relacione a un nombre, a una marca. Ese lujo silencioso me encanta, el lujo que no pretende ni necesita exponerse demasiado. Y, al margen de las joyas y de absolutamente todo, el lujo para mí es el bienestar, sin duda. El bienestar de los tuyos y el tuyo mismo.

¿Crees que lo que la gente busca en una joya hoy está cambiando?

Sí, yo creo que la gente hoy busca sobre todo diseños novedosos. Obviamente la gente sigue buscando la calidad cuando invierte cierta cantidad en una pieza, y se interesan y se deben interesar por eso. Pero creo que el público que invierte en este tipo de industria, el de la joyería, cada vez busca más lo diferente, lo no tan conocido. Siento que antes se tendía más a llevar la pulsera que sabías que era de una marca o de otra y que se sabía con solo verla. Y ahora hay una apuesta más enfocada a diseños únicos y diferentes. Y es una de las cosas que diferencia a Rabat, el diseño de todas y cada una de sus piezas.

España tiene una importante tradición joyera. ¿Cómo pueden las casas evolucionar, modernizarse, sin perder todo ese legado?

Creo que la base que tiene por ejemplo la familia Rabat es crucial. Porque son muchísimos años de trabajo que han pasado de generación en generación. Y esa base de familia, de tiempo y trabajo, le aporta a la marca una credibilidad que además se transmite de manera muy honesta al cliente. Y creo que esa base es súper importante. A partir de ahí sí que deben saber actualizarse a las necesidades que tiene el consumidor. Y es lo que hablábamos: ahora se valora muchísimo lo diferente y lo único, el llevar algo y que no se sepa de dónde es. Con que lo sepas tú es más que suficiente. Esa idea de no encasillar una pieza a una marca es la clave de ese lujo silencioso donde el cliente no quiere demostrar, no quiere enseñar. Quiere un diseño bonito y una calidad. Al final buscamos piezas que hablen más de nosotros que de la marca.

También Madrid se está convirtiendo en una capital del lujo. Lo vemos con las constantes aperturas de boutiques, hoteles, restaurantes… Como madrileña, ¿cómo estás viviendo esta transformación de la ciudad?

Ver a mi ciudad crecer a pasos agigantados es por supuesto un orgullo. Y lo vemos porque muchísimos grupos empresariales quieren estar presentes aquí. Y eso es maravilloso en muchos aspectos, porque puede sumar mucho. Pero –y esto es muy personal, porque aunque ahora vivo a las afueras de Madrid, siempre he vivido desde bien pequeña en el centro de Madrid–, siento que hay ciertos lugares donde se ha perdido un poco esa sensación de barrio. De ir al bar de siempre a tomarte un vino con tus amigas y encontrarte a la misma gente. Que nuestra ciudad esté creciendo tiene cosas muy positivas, pero si nos ponemos un poco sentimentales, sí que sientes que ese Madrid de barrio se está perdiendo, y a veces lo echamos de menos.

¿Crees que existe una manera específicamente madrileña —o española— de entenderlo?

Creo que el madrileño, y el español en general, valora muchísimo más nuestra manera de disfrutar y de vivir la vida y de socializar. Especialmente veo que en Madrid, porque al final he vivido toda mi vida aquí, siempre le hemos dado muchísima importancia a la vida social. Y es algo que disfrutamos muchísimo. En Madrid nunca te vas a poder aburrir. Siempre hay un plan. Y valoramos mucho ese bienestar que te da un país como España por su gente, por su comida, por su manera de acogerte. Que también es lo que atrae a tanta gente.

¿Podríamos aplicarlo también a las joyas? Tradicionalmente, han estado siempre muy vinculadas al regalo, a los compromisos y a las grandes celebraciones. ¿Crees que está cambiando esa relación y la gente hoy compra joyas para sí misma?

Lo creo. Soy una caprichosa de las joyas. Me encantan, y es cierto que antes la joya la asociabas a que te hicieran un regalo. No tanto a que te lo compraras tú misma para ti. Y eso sí que siento que ha cambiado. Cuando regalan una joya, tiene ese valor sentimental. Pero también cuando te la compras tú le das un valor. Diferente, pero importante también. Ya no hace falta que sea un regalo ni un momento especial.

¿Cuál ha sido tu última adquisición joyera?

Unos pendientes de la colección Waves de Rabat. Me enamoré de unos aros de oro amarillo,pequeños, con diamantes, muy para el día a día.

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