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La normativa de las ferias, una montaña rusa

La falta de una regulación homogénea y accidentes graves como el de La Rinconada cuestionan la seguridad de las atracciones

Atracción de feria clausurada tras el accidente en la localidad sevillana de San José de la Rinconada en junio.
Atracción de feria clausurada tras el accidente en la localidad sevillana de San José de la Rinconada en junio.

Es mediodía en el recinto ferial de La Puebla del Río (Sevilla). Andrés Díaz y su jefe, Antonio, están regando el albero sobre el que están instaladas sus atracciones. Enfrente, otros compañeros dan brillo y ordenan los autos de choque de una pista doble. En unas horas, cuando baje el calor, los toldos que cubren buena parte de los aparatos se levantarán para llenarse de niños y jóvenes atraídos por el ruido, las luces y la promesa de descargar adrenalina. Antonio y Andrés llevan ya varios festejos, pero ahora llegan las ferias locales. Sin embargo, un poso de preocupación se cierne sobre los feriantes. El incidente que provocó en junio pasado que casi una treintena de jóvenes sufrieran un accidente, con nueve hospitalizados, en una de las atracciones de San José de La Rinconada (Sevilla), ha elevado la precaución entre chavales y los padres.

“A este tipo de sucesos siempre le damos importancia y nos caen muy mal”, dice Antonio Palacios, presidente de la Asociación de Empresarios Feriantes de Andalucía, Ceuta y Melilla. “Como con cualquier aparato, sobre los de las ferias existe la inseguridad de que puedan sufrir una avería, pero afortunadamente en este ámbito los problemas graves son mínimos”, asegura. Desde el año 2000, han muerto 17 personas en siniestros en ferias y parques de atracciones.

En el de La Rinconada, la atracción conocida como La Olla, tenía la documentación en regla y había pasado todos los controles de seguridad, Sin embargo, el asiento se desprendió y provocó un accidente con 30 heridos. En 2014, la misma atracción causó la muerte de una niña, que falleció electrocutada por un defecto de la instalación eléctrica en la pedanía de Peribáñez (Sevilla). También entonces había superado todas las revisiones exigidas. La juez que instruyó el caso calificó de “superficial” la inspección llevada a cabo por el técnico municipal. La Fiscalía solicitó en 2018 tres años de cárcel para el operario, el edil de Urbanismo y el dueño de la atracción por homicidio imprudente.

En España no existe una regulación homogénea sobre los requisitos de seguridad, que dependen de cada comunidad autónoma, y tampoco hay normativas específicas que determinen qué características debe tener cada tipo de aparato o cómo debe construirse.

Palacios reconoce que el feriante es el primer interesado en que sus atracciones estén en perfectas condiciones y que no haya accidentes. “Se juegan la temporada y su futuro”, argumenta. Más allá de la diligencia que el propietario quiera poner en sus aparatos, todos deben contar con una mínima documentación y una serie de controles periódicos de los que suelen encargarse los ingenieros técnicos. “Aunque puede haber variaciones en función de la Comunidad y el Ayuntamiento, en general para obtener la licencia de ocupación, lo que se exige es la memoria descriptiva, que incluye planos y fotografías del aparato”, explica Guillermo López de la Roda, ingeniero técnico del Colegio de Ingenieros Técnicos de Madrid. Además, todos los feriantes deben tener suscrito un seguro de responsabilidad civil.

López de la Roda está contratado por los feriantes de Madrid, algo habitual en todas las asociaciones. Sus informes luego son revisados de manera paralela por los técnicos de los Ayuntamientos. Pero muchos de ellos, sobre todo los más pequeños, no disponen de este tipo de profesionales en su plantilla o no pueden permitirse pagar su salario. Para Antonio, el tiovivo en esta feria de La Puebla del Río, le supone un gasto de 40.000 euros. No quiere decir cuánto calcula que puede ingresar, pero Vidal advierte de que el negocio ya no es lo que era: “Ahora los centros comerciales cuentan con ferias fijas, los niños tienen la PlayStation…”.

La crisis ha hecho que muchos feriantes apuren al máximo sus aparatos, si bien es cierto que ninguna atracción, ante la falta de una normativa específica, estipula el plazo máximo de obsolescencia o cuándo deba sustituirse o reponerse alguna pieza o elemento. “Si cuidas todo al máximo, una máquina puede durarte toda la vida”, dice Antonio. “El tiovivo lo cambié cuando el anterior tenía unos 12 ó 13 años”, afirma.

Mal montaje

Un deterioro de los elementos o un mal montaje son las dos hipótesis con las que trabajan los investigadores que están analizando las causas del accidente ocurrido en La Rinconada. Los fallos mecánicos o en la seguridad son los motivos más habituales que alegan los usuarios de las atracciones en las denuncias para reclamar una indemnización por lesiones sufridas en alguna feria. “Evidentemente, lo primero que hacemos es comprobar que los clientes no han cometido una imprudencia”, explica Alberto Andrio, abogado de un despacho de Zaragoza especializado en accidentes en atracciones. Los responsables últimos son el feriante, la asociación a la que pertenece y el perito que ha certificado la instalación.Con más de 30 años en la profesión supervisando instalaciones y emitiendo informes, López de la Roda incide en que “en general, las atracciones de feria son muy seguras”.

 

Una ley europea para controlar las atracciones

La normativa sobre la seguridad de las atracciones mecánicas fue elaborada a nivel europeo, trasponiéndose a la legislación española a través de la norma UNE 13814/2006, de 1 de diciembre. Pero se trata, advierte José Vidal, presidente de la Asociación de Fabricantes Españoles de Maquinaria para el Ocio (Afemo) y de Induferias, la cita anual más importante del sector en España, de unas directrices mínimas, en las que no se hace hincapié en los tipos de controles que deben ser necesarios en función de las atracciones. “Por ejemplo, en Italia, los aparatos de vuelo y de movimientos violentos deben someterse a una revisión de rayos X y soldadura interna cada dos años. Aquí esta medida no es obligatoria, la hacen los feriantes que conocen qué talleres prestan este servicio y que pueden permitirse no solo el coste de hacerlo, sino del transporte de las piezas hasta el lugar donde se realiza, sobre todo si está lejos de donde trabajan”, advierte. Una circunstancia sobre la que advierte Vidal. “Hay una dejadez cada vez más grande por parte de la Administración en regular el sector de la feria”, asegura.

Los controles a los que deben someterse los feriantes tienen un coste, que se suma al precio del metro cuadrado que normalmente pagan para poder instalar la feria, el suministro de agua, la electricidad, los operarios que hay que contratar para montar los aparatos y los impuestos por los días de trabajo.

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