Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

¿Inundación o catarsis?

La lluvia monzónica aspira a purificar al PSOE en una jornada desangelada con más policías que manifestantes

PSOE Ver fotogalería
Ambiente en la puerta de Ferraz durante el Comité Federal.

El agua ha sido un tradicional argumento catárico en las artes de la propaganda. Y ha sido también un aliado propiciatorio en la crisis del PSOE. Porque llovía esta mañana como si fuera un monzón, no ya disuadiendo a los escasísimos manifestantes ni haciendo naufragar su grieterío, sino gratificando al partido con la expectativa de la purificación.

Se trata de interpretar el mensaje de los cielos. Y de la tierra también, pues la calle que conduce a Ferraz se llama del Buen Suceso, una advocación a la Virgen que los socialistas parecían identificar como un ejercicio providencial en la ambición de suturar el trauma que se produjo hace tres semanas con la capitulación de Pedro Sánchez.

El escarmiento del aquel esperpento explica que se adoptaran precauciones logísticas. Empezando por un elocuente dispositivo de seguridad. Había cinco furgonetas de la Policía Nacional y se habían instalado vallas protectoras en el acceso a la puerta de la sede del PSOE.

Lo que no había era manifestantes. Acaso una decena de personajes vocingleros, pintorescos, que repartían pancartas y blasfemias, aireadas las unas y las otras para reprochar la mutación del “no” en abstención.

Era la manera de abastecer de color al centenar de periodistas que custodiaba el número 70 de Ferraz. Y que constituían un enjambre desordenado en cuanto comparecía un líder de cierta envergadura. Por ejemplo, Miquel Iceta, cuya posición refractaria a la investidura de Rajoy tanto representa la indisciplina del PSC como persigue la adhesión de otros diputados rebeldes a la nueva doctrina. Ya se ha pronunciado Margarita Robles. Y tendría que hacer lo mismo en breve Pedro Sánchez el “breve”.

Podría haberse personado esta mañana, aunque los motivos técnicos para hacerlo alojan el sarcasmo de su posición contemporánea: ex secretario general del PSOE. Igual que González, que Zapatero, que Rubalcaba. Ninguno asistió al Comité Federal, pudiendo hacerlo. Y los tres participaron en la operación patriarcal que ha sacrificado a su compañero.

Se indigna al respecto Antón Alfonsín, militante del PSOE desde 1980 y manifestante tranquilo a las puertas del Comité Federal. Ha viajado desde Vigo hasta Madrid para regodearse en la estupefacción: “No puedo creerme que vayamos a indultar a Mariano Rajoy. Y, en cambio, es exactamente lo que va a ocurrir. Es la crisis más grave que hemos vivido nunca. Lejos de resolverse este domingo, no ha hecho sino comenzar, porque la militancia del PSOE se opone masivamente al compromiso de la abstención”.

Alfonsín fue concejal del PSOE en Pontevedra (1984) y coincidió con Rajoy cuando el presidente del Gobierno en funciones formaba parte de la corporación municipal de Alianza Popular. Le viene de antigua su aversión al líder popular. Le viene de nuevo que el PSOE condescienda con la idea de permitirle gobernar: “Creo que José Borrell es la figura de consenso que necesitamos al frente del partido como secretario general, pero cuidado con Sánchez. Si se presenta, estoy seguro de que puede ganar”.

La hipótesis es un problema demasiado lejano en el horizonte del PSOE. Javier Fernández ha asumido la doctrina cholista del “partido a partido”. Hoy toca que el Comité Federal apruebe la abstención. Mañana toca que los diputados asimilen la disciplina de partido. Y el domingo toca un acto de contrición mayúsculo que corona a Rajoy presidente del Gobierno.

Se desgarran con la escena los militantes que se han desplazado hasta Ferraz. Una valla los aleja de la otra acera, como ocurre cuando los jubilados contemplan las obras de un edificio. Y no está claro si el edificio del PSOE va a declararse en ruinas o ha empezado a apuntalarse. Dependerá de la lluvia: o la inundación o la catarsis. 

La primera hipótesis tenía preocupados a los manifestantes que montaron guardia. No llegaron a sobrepasar el medio centenar, pero dieron la impresión de ser más a la hora de comer, cuando trascendió por Twitter el resultado y se multiplicaron los insultos a los abstencionistas.
Traidores, los llamaban. Y los increpaban según salían desde la otra orilla de Ferraz, más o menos como si la escena de los dos márgenes simbolizara la distancia que media entre la militancia del PSOE y su clase dirigente.

Más información