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Muchos indicios y ninguna prueba concluyente en el juicio de Asunta

La Guardia Civil no puede acreditar que las cuerdas halladas en el chalé sea las mismas que las de la pista forestal en la que se localizó el cuerpo de la niña

Rosario Porto y Alfonso Basterra, principales acusados de la muerte de su hija Asunta
Rosario Porto y Alfonso Basterra, principales acusados de la muerte de su hija Asunta, durante el juicio.

Lo revisaron todo. Cuerdas, cuchillos, alfombrilla del Mercedes, ordenador, móviles, mascarillas, ropa o zapatillas de deporte. Pero nada. Los especialistas de la Guardia Civil no pueden llegar a ninguna conclusión definitiva que señale de forma rotunda, indudable, a los dos acusados del asesinato de Asunta Basterra Porto, sus propios padres. Los agentes que analizaron todos estos elementos, considerados indicios del delito, no son capaces de confirmar ni descartar. Y todo esto se ha dicho en la resaca de una jornada demoledora para los intereses de los exesposos investigados, en la que a través de las cuentas de dos toxicólogas se supo que la víctima había tomado "al menos 27 pastillas" que anularon su capacidad de lucha antes de morir por falta de aire.

Los químicos del departamento de Criminalística de la Guardia Civil han reconocido este jueves ante el jurado popular que no pueden demostrar con total seguridad que las cuerdas halladas en la pista forestal, tan comunes en la Galicia rural, sean las mismas que las del chalé familiar del municipio de Teo (a seis kilómetros de la ciudad de Santiago), considerado escenario del crimen. Los fragmentos localizados junto al cadáver, con los que sin duda fue atada la pequeña Asunta, probablemente para facilitar su traslado, en un momento que los forenses sitúan "próximo a la muerte" (antes o después de sucumbir al proceso de sofocación), tienen efectivamente "la misma composición química, color y entramado" que una pequeña bobina recogida en la despensa de la casa y que otro cabo de menos de un metro que apareció arrojado en la papelera de la habitación donde se sospecha que fue asfixiada la menor. Pero, según han admitido los guardias civiles en una videoconferencia mantenida con Madrid, "no hay ninguna forma de establecer un vínculo entre unas cuerdas y otras".

El tipo de fibra plástica, su fina trama, hace muy difícil determinar si el corte de los cordeles de la pista encaja con los extremos del cabo hallado en esa papelera de mimbre sobre la que, según el teniente que elaboró el atestado de la primera noche, se abalanzó la madre de Asunta al llegar al domicilio, presuntamente para deshacerse de la evidencia.

Tampoco aparecieron fibras de estas cuerdas en los dos cuchillos incautados en este caserón heredado por Porto de sus padres. Sin embargo, los filos presentaban otros 19 tipos de vestigios, de materiales que sí habían sido seccionados con ellos en alguna rutina diaria. Los cortes de los cordeles anaranjados "pueden ser compatibles" con los cuchillos domésticos, pero en el laboratorio de Criminalística se probó a cortar otras cuerdas semejantes y el resultado fue equivalente.

Por si esto fuera poco, para complicar todavía más las cosas, los peritos han asegurado que otra cuerda hallada al día siguiente de la muerte de Asunta en una segunda revisión del camino forestal (descartada como elemento probatorio porque se hallaba un poco más envejecida, separada y semicubierta por vegetación) también coincidía en composición y morfología con otros fragmentos localizados en la despensa del chalé. Algo que solo se podría explicar por lo extendido que está en la zona el uso de estas ataduras, conocidas como cordel para pacas.

El departamento de Química de la Guardia Civil tampoco ha podido constatar que la tierra de la alfombrilla del piloto del Mercedes de Rosario Porto sea la misma que la de las muestras recogidas en la pista donde fue depositado el cadáver. "No se puede relacionar", han informado los agentes, "algunos minerales coinciden, pero otros no, como la calcita que hay en la alfombrilla". Por lo general, los detectados son componentes muy comunes en el suelo de la comarca.

Las zapatillas deportivas blancas de marca Kalenji incautadas en la entrada del apartamento de Alfonso Basterra no dieron ningún resultado en este laboratorio. Inicialmente se pensó que eran las que llevaba Asunta el día en que murió, porque el cadáver apareció descalzo. Pero en ellas no hay vestigio alguno de la pista forestal. Lo que sí apareció durante los análisis químicos llevados a cabo en Madrid fueron restos de lorazepam, además de nicotina y cafeína, en el vuelo de un vestido azul que se le requisó a Porto durante los registros del día 26 de septiembre, cuatro después de la aparición del cuerpo. Era la ropa que llevaba el día 21, cuando murió la niña tras ser sedada con al menos 27 comprimidos de Orfidal (lorazepam). Pero hay que tener en cuenta que la acusada, según ha declarado, también tenía pautado ese ansiolítico, en concreto dos pastillas diarias.

En la mascarilla de marca 3M y los manojos de papel blanco que se recogieron junto a la cuerda de la papelera del chalé "no había indicios de lorazepam". Ayer, uno de los abogados de la acusación popular, que ejerce la Asociación Clara Campoamor, deslizó en la sesión del juicio la hipótesis de que Asunta fuese sofocada utilizando esa mascarilla rellena de pañuelos de papel. Pero este extremo nunca se pudo demostrar. Los forenses, en las conclusiones de la autopsia, solo pudieron referirse a un "objeto blando". Y los investigadores se llevaron de la casa de Teo un cojín estampado con flores, aunque en la boca de la niña jamás se encontraron fibras.

Los expertos en identificación de la Guardia Civil tampoco han podido confirmar que las huellas de Alfonso Basterra hubiesen sido borradas de su ordenador. Esto no parece posible cuando, en el portátil sobre el que tanto se ha hablado y escrito durante los dos últimos años, se lograron localizar hasta cinco huellas digitales claras y muchas más "empastadas o sobrepuestas", de las que no se pudo obtener "ninguna información". La única huella con nombres y apellidos, dentro de la disquetera del ordenador, era, tal y como han dicho hoy los agentes, "de Asunta Yong Fang Basterra Porto". Las otras cuatro que pudieron ser "reveladas" no se consiguieron atribuir a nadie. El empaste de huellas, a causa por ejemplo "del sudor", y la superposición, han explicado, son algo que "se puede dar" si "se toca mucho un objeto".

El departamento de ingeniería del servicio de Criminalística tampoco ha podido esta jornada aportar luz sobre el extraño capítulo del portátil de ida y vuelta. "No conseguimos localizar ninguna traza para concluir que el disco duro fuera sustituido o alterado" para eliminar algún rastro, han admitido los guardias civiles. Tanto el acusado de asesinato como sus hermanos, que declararon el martes como testigos, sitúan en todo momento en el pasillo de entrada del apartamento el ordenador marcha HP, guardado en su funda y apoyado junto a un radiador. Pero los agentes no se lo llevaron en los primeros registros; aseguran que no lo vieron. Cuando apareció, a finales de diciembre de 2013, el instructor concluyó que había estado escondido y encargó que se inspeccionase para saber si había sido manipulado.

El portátil de Basterra tenía un disco duro de 66,8 gigas de los que 40,2 aparecieron ocupados. Con ayuda de un programa especial, los informáticos pudieron recuperar 579.235 archivos que habían sido eliminados, pero no lograron conocer la fecha en la que habían sido borrados. Hoy han reconocido que consiguieron localizarlos porque, en realidad, "nunca fueron eliminados del todo", sino solo "en apariencia". Es lo que suele ocurrir con los "usuarios normales" cuando borran documentos, que no cuentan con "el programa adecuado para eliminar de manera segura", han explicado.

No obstante, el lunes de la semana pasada, otro agente de A Coruña, el encargado de examinar después estos archivos recuperados, admitió que en el portátil del padre de Asunta había probablemente casi otros tantos archivos que no habían sido borrados. En todo caso, en las conclusiones de un informe elaborado durante la investigación por la Guardia Civil se decía que, entre todo el material repescado de la memoria interna (los archivos aparentemente borrados y los que no) no se había "encontrado ninguna información relacionada con los hechos investigados", en concreto, nada que tuviese que ver "con fármacos".

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