Columna
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El desafío de 2021 no es (solo) la pandemia

La respuesta a la crisis sanitaria, la crisis económica y la gestión de los fondos europeos se verá comprometida si no se recupera la confianza de la ciudadanía en las instituciones

Pedro Sánchez, en el Congreso, durante una intervención en una sesión de control en diciembre.
Pedro Sánchez, en el Congreso, durante una intervención en una sesión de control en diciembre.Andrea Comas

Contemplar la profecía autocumplida en que se ha convertido la tercera ola de la pandemia —cuarta ya en algunos territorios— puede confundirnos respecto de los retos a que se enfrentan Occidente en general, Europa en particular y España de forma especial.

El virus volverá a poner en jaque a un sistema sanitario que ha pasado de ser el orgullo nacional a reflejar múltiples carencias: recortes primero; insuficientes refuerzos después; y problemas tanto en la estructura de base, la atención primaria, como en la gobernanza y la toma de decisiones.

De la mano de la crisis sanitaria viene la económica. A la protección de los sectores más vulnerables ha de unirse la transformación a medio y largo plazo. Las ayudas a empresas cuya necesaria presencialidad les impide ahora resistir (hostelería, turismo...) ha de convivir con los incentivos para acelerar su transformación, una vez que el modelo ha mostrado sus debilidades. La respiración asistida gracias a la que se mantienen con vida algunas empresas no puede ser eterna. Habrá que ir retirándola conforme estén dispuestos otros soportes tanto para la población como para los territorios. La “Transición Justa”, concebida para apoyar a los más afectados por la recuperación medioambiental, puede servir como guía para otros ámbitos.

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Para ello es vital el apoyo económico de la Unión Europea, si se sabe aprovechar. Un hito que no sólo enmienda la década del austericidio, sino que dibuja una oportunidad de modernización tanto para el tejido empresarial como para la propia Administración pública.

Tan importantes son estos tres desafíos —la crisis sanitaria, la económica, y la gestión de los fondos europeos para la modernización—, que hasta se harán un hueco en la campaña electoral catalana. Se acabó la cuestión nacional como monotema.

No obstante, conviene recordar que la respuesta a estas encrucijadas se verá comprometida si no se resuelve con éxito un problema esencial: recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones.

Como recuerda Andreu Espasa en su Historia del New Deal, en momentos de grandes crisis como fueron los años 1932-33, abundan las muestras de desapego y desconfianza hacia el sistema democrático. De ahí que Roosevelt entendiera que el New Deal debía incorporar también el debate político sobre la democracia.

El programa Next Generation de la Unión Europea bien puede considerarse el New Deal del siglo XXI, y como entonces, llega en un momento donde la confianza en las instituciones parece diluirse en una mezcla de resignación y populismo. El gran reto del año, y quizás de la década, será comprender lo que Rosanvallon advierte en El siglo del populismo: que la democracia es un terreno de experimentación, “el horizonte trazado por la exploración permanente”, que necesita multiplicar sus formas y espacios hasta recuperar la adhesión ciudadana. El éxito o fracaso en esta misión condicionará la forma en que puedan abordarse los tres desafíos; el sanitario, el económico y la modernización. @tinamonge

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Sobre la firma

Cristina Monge

Imparte clases de sociología en la Universidad de Zaragoza e investiga los retos de la calidad de la democracia y la gobernanza para la transición ecológica. Analista política en EL PAÍS, es autora, entre otros, de 15M: Un movimiento político para democratizar la sociedad y co-editora de la colección “Más cultura política, más democracia”.

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