Tribuna
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El Estado explica el éxito asiático

En la lucha contra la pandemia hay países donde no cabe la confrontación entre Administraciones

Visitantes se limpian las manos para acceder a la Feria Internacional de Viajes de Taiwán.
Visitantes se limpian las manos para acceder a la Feria Internacional de Viajes de Taiwán.DAVID CHANG (EFE)

Asia Oriental le está ganando la batalla al coronavirus. El número de fallecidos en Corea del Sur, Japón o Taiwán desde que comenzó la pandemia está por debajo del número de muertes diarias que ahora registramos en Europa. Los bares, restaurantes y tiendas de Seúl, Taipéi o Tokio siguen abiertos normalmente. Y no hay confinamiento a la vista en ningún país de la región.

Resulta tentador relacionar este éxito con la cultura, el civismo o el carácter supuestamente obediente del asiático. Pero también resulta erróneo. O cuando menos no es toda la historia. Para una amplia mayoría en Asia, el confucianismo hace tiempo que dejó de definir sus vidas. Y en Europa hace meses que todos llevamos mascarilla. En este sentido, Madrid no se diferencia de Hong Kong en cuanto al respeto hacia los demás.

Conviene mirar al Estado para entender la raíz del éxito asiático. Estado con E mayúscula.

Los países de Asia Oriental llevan años preparándose para afrontar una pandemia como la actual. Así pues, la maquinaria del Estado se puso en marcha en cuanto hubo noticias de que parecía haber un brote de una enfermedad infecciosa en Wuhan.

Controles en los aeropuertos, activación de los protocolos necesarios del sistema de salud, aprobación de emergencia de las pruebas de detección del coronavirus… Los gobiernos de la región no esperaron a que la OMS decretara la pandemia. No esperaron a que hubiese un primer caso en su país, pues entonces ya habría sido demasiado tarde para detener la pandemia. Se antepusieron a la situación, por si acaso. Este por si acaso ha acabado salvando decenas de miles de vidas en la región.

En este sentido, los recursos humanos han sido fundamentales. Doctores, enfermeros y otros profesionales de la salud habían recibido la formación necesaria a lo largo de los años. Los científicos de los centros de control y prevención de las enfermedades también han recibido formación continua. Da igual que una epidemia o pandemia llegue a su país o no. Aprenden de ella. E investigadores con sueldos bien remunerados están en contacto permanente con el Gobierno para intercambiar información acerca de posibles enfermedades contagiosas.

Sí, la tecnología ha ayudado a países como Corea del Sur, Singapur o Taiwán en su lucha contra la pandemia. Pero las aplicaciones de rastreo no hubiesen servido de nada si el Estado no hubiese contratado y formado a miles de rastreadores en tiempo récord. En el caso de Japón, ni siquiera hubo aplicación alguna hasta junio.

Estos países comprenden que, cuando se trata de la salud, no se puede reparar en gastos. Todo lo que se habrían podido ahorrar con años de austeridad se lo habrían gastado durante la actual pandemia. Como está sucediendo en Europa.

Pero el Estado también ha de ser humilde y aprender de sus errores. El SARS, la gripe A o el MERS azotaron a distintos países de Asia Oriental. La repuesta no siempre fue buena. El SARS aterrorizó a Hong Kong durante meses. La respuesta de Japón a la gripe A fue mala, como lo fue la de Corea del Sur al MERS.

Sin embargo, estos tres países aprendieron de sus errores durante la primera ola de la pandemia y evitaron una segunda. De igual manera, los países de Asia Oriental están sobrellevando la segunda ola del coronavirus con un número muy pequeño de hospitalizaciones y aun menor de muertes.

En este sentido, ha sido esencial dejar de lado el enfrentamiento político. La confrontación entre Administraciones que se está viendo en España no tiene cabida en Asia Oriental durante una crisis como es una pandemia. Ya habrá tiempo de depurar responsabilidades. Ahora mismo se trata de salvar vidas.

Y una vez que llegue la hora del debate político, sería de desear que, entre otras cosas, se use para que el Estado mejore sus prestaciones y desarrolle su memoria institucional.

En Taiwán, la epidemia del SARS casi le costó el puesto a Chen Shui-bian en las siguientes elecciones. En Corea del Sur, la epidemia del MERS sirvió para que la opinión pública acrecentase sus dudas acerca de la capacidad de Park Geun-hye para enfrentarse a una emergencia. Los partidos de Chen y Park acabarían siendo reemplazados por la oposición. Pero parte de sus respectivos legados fueron unas instituciones y marcos legales más sólidos para hacer frente a futuras pandemias. La oposición no se encargó de desmontarlos una vez tomó el poder.

  En este sentido, hay un contraste muy claro con Estados Unidos. Donald Trump desmanteló un entramado institucional con décadas de historia y mejorado de manera sustancial por Barack Obama. Así pues, no había una memoria institucional sólida en Estados Unidos una vez que la actual pandemia estalló este año. A la vista están los resultados.

En definitiva, los asiáticos no siguen las directrices de sus Gobiernos porque su cultura sea así o por la educación recibida. Lo hacen porque su Estado se ha ganado su respeto.

Ramón Pacheco Pardo es catedrático KF-VUB Corea de la Universidad Libre de Bruselas y profesor titular del King’s College de Londres.

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