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Columna

Silvio tomó su fusil

Es preferible el honesto pacifista que podría enfrentar al gigante con una pequeña serenata diurna en vez de un escenográfico sacrificio fatuo y fútil, con todo y fusil falso

Jorge F. Hernández

Silvio Rodríguez —el agudo trovador de voz aguda— externó su deseo de empuñar un arma para defender a Cuba en caso de una invasión militar norteamericana. El gobierno de la isla entregó en un acto muy publicitado y mediático una copia bastante fidedigna de un rifle AKM; es decir, un Kalashnikov de mentiritas otrora conocido como “cuerno de chivo” para el cantautor de Mi unicornio azul.

Supongo que ante una invasión militar extranjera todo habitante de cualquier querencia sienta el instinto instantáneo, el heroico impulso y la enjundia adrenalínica de querer alzarse en armas para defender su Patria y Matria. En la biografía de Silvio Rodríguez no sería la primera vez, pues en el servicio militar de su juventud portó rifle e incluso anduvo en Angola con armas de verdad, pero el riflito de ahora y de mentiras parece metáfora de un pequeño nudo de confusiones, dudas y contradicciones. Ojalá que la guerra pueda salir ti y que la mujer que se ha perdido no te haga reconocer el polvo y supón que en un trabajo productivo concentraras en seis cuerdas lo que no debe oírse como seis cartuchos de balas y quién fuera Jacques Cousteau Mahatma Gandhi para recordar que es preferible el honesto pacifista que podría enfrentar al gigante con una pequeña serenata diurna en vez de un escenográfico sacrificio fatuo y fútil, con todo y fusil falso.

El escritor Dalton Trumbo en la novela pacifista (luego largometraje dirigido por el autor) Johnny tomó su fusil, se propuso romper literalmente una lanza a favor del movimiento antimilitar norteamericano de 1939 (y sucesivas generaciones). La publicó a través de un pasquín del Partido Comunista de los Estados Unidos como protesta ante el insólito y absurdo pacto militar estratégico entre la URSS y la Alemania Nazi. En cuanto Hitler lanzó la avalancha llamada Barbaroja contra Rusia, Dalton Trumbo retiró la novela de todas las librerías posibles y se censuró a sí mismo rompiendo las placas de imprenta. Enredos aparte, la novela se volvió película en 1971 y hoy volvió a la memoria con sólo imaginar a Silvio vestido nuevamente de verde olivo.

Al despertar una mañana luego de un sueño intranquilo el soldado norteamericano Jon Bonham (homónimo profético del bataca de Led Zeppelin) se descubre de pronto convertido en un monstruoso insecto. En realidad, siente que habiendo sido golpeado de lleno por una bala de cañón ya no tiene cara, brazos ni piernas. En pleno fragor de la Primera Guerra Mundial o de la Enésima Guerra Mundial, mi Johnny o mi Silvio se sienten de pronto mudos (para no poder ni murmurar La canción del elegido), sin manos (para gastar papeles recordándote) y sin piernas para el coro de Vamos a andar. Al final de este viaje, Johnny Bonham (y Silvio Rodríguez si consigue que el fusil se vuelva de veras) sería confirmación de que toda guerra es una imbecilidad donde la muerte, la sangre y el odio florecen a contrapelo de la ausencia y de ti, de una tarde de trova vieja y del camino polvoso de una calzada que ya sólo habita el olvido.

Johnny tomó su fusil y termina comunicando en código Morse su última voluntad de ser asfixiado a pesar de la traqueotomía que lo mantiene inanimado… y termina olvidado en una pequeña bodeguita del hospital que no es la bodeguita de en medio, la de Hemingway ni la que merecen algunas de las entrañables notas y algunos contados versos valiosos de un trovador que iluminó no pocas utopías de juventud cuando moldeábamos al mundo como plastilina al son de una trova que pretendía ser ecuménica y con fílin, al unísono de un bardo ahora convertido en el enrevesado miliciano de la tercera edad que en una entrevista con este mismo diario defiende libertades y pluralidades que jamás alzó en su época de fervientes fidelidades.

La isla sin luz donde sólo hay generadores para el rave donde bailan raperos oportunistas y fugaces y antiguos militantes de coleta ahora millonarios en hoteles de lujo; la isla del hambre y la escasez de décadas no del todo debido al mentado embargo que tiene más agujeros que un queso de cuento; la isla como caimán de tanto verso invaluable y novelas en racimos, la palmera de la poeta inmortal y la arena por donde deambulan los muertos no merece que alguien que acostumbra cantar se vuelva metralla y fusil en mano. La voz que intenta atrapar La gota del rocío aboga ahora por los “sentimientos humanos” que en un ayer no muy lejano no sirvieron para defender el arco iris de todos los homosexuales y lesbianas condenados a la isla de la cancelación y para dar voz a las voces de los jóvenes que hoy mismo no tienen nada que ver con el asalto a Moncada o la Sierra Maestra, esos que dudan incluso de la solidaridad casposa de quien no la ejercía del todo en los sólidos tiempos del soviet….porque aquí y ahora no hay Fidel ni la mano que quedó del Ché, aquí no hay paloma blanca al hombro ni el carismático sombrero de Camilo, aquí ya no hay cosmonautas cirílicos ni la zafra milagrosa y la vaca de mil litros diarios. Dolorosamente aquí ya no está Pablo ni somos lo que hay, como cantaba Manolín.

Lo que hay es un demonio palpable de piel naranja, ignorancia infinita y mentira crónica. Un pinche gringo demencial que profesa bombardeos para intentar ganarse el olivo de la paz impostada y un declarado deseo inmobiliario de volver a prostituir La Habana y Cuba entera con casinos de fatuas ganancias, gangsters engominados y plumaje de Tropicana… y uno desearía que se tope Trump con la trinchera de pentagrama, poema y pensamiento, que una silente rumba con su tumbao lograse la resurrección de un Paradiso, la vigencia de un verso en plena oscuridad, las vidas de todos los que tuvieron que huir y los millones de muertos vivientes que pueblan la escenografía adolorida de la arquitectura del salitre, los andamios en andrajos, el mercado negro, la corrupción con uniforme militar y la callada hipocresía en cualquier lengua. Todo y lo que sea, en vez de la simulación acomodaticia de una metralleta de mentiras.

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