_
_
_
_

La Casa de Los Famosos, el programa que ha resucitado la televisión mexicana, llega a su fin entre falsas promociones y ovaciones a Wendy Guevara

La cascada de cultura popular en forma de bromas, vocabulario, chistes en redes sociales y ‘memes’ que ha generado este programa no tiene comparación

Wendy Guevara en la Casa de los Famosos
Una pantalla proyecta la imagen de Wendy Guevara, en el foro de grabación de las galas de 'La Casa de los Famosos'.José Pablo Díaz
Daniel Alonso Viña

La Casa de Los Famosos, el reality show que emite Televisa desde hace diez semanas, ha tocado el corazón de 20 millones de espectadores, un récord sin precedentes para la televisión nacional. Esta pequeña revolución ha sido mucho más que una fiesta de audiencia y de dinero para las empresas involucradas porque, de paso, ha conseguido juntar a millones de personas de distintas edades y clases sociales en torno a un fenómeno cargado de crítica social y con una estrella indiscutible. Wendy Guevara, una mujer trans de Guanajuato famosa en su pequeño nicho de redes sociales, se ha ganado el amor del público y de sus compañeros más fresas y elitistas gracias a su don para los momentos cómicos, su inteligencia emocional y la humildad con la que compartía la historia de ostracismo, marginación y transfobia que ha sido su vida. El fervor religioso con el que la gente admira a esta influencer les ha llevado incluso a compartir falsas promociones: todavía circula en Twitter una falsa campaña de Starbucks para apoyar a Wendy.

Pero la aventura se termina. Después de 10 semanas de programa y 10 eliminados, quedan cuatro participantes, uno de los cuales ganará este domingo un premio de 4 millones de pesos. Todos son del Equipo Infierno, el favorito de unos espectadores fieles y fanáticos que han ido eliminando sistemáticamente a los siete participantes del Equipo Cielo. Por el camino se han quedado personajes como Paul Stanley, el hijo del fallecido presentador de la televisión mexicana Paco Stanley, la modelo y presentadora venezolana Marie Claire Harp o la boxeadora profesional que se hacía llamar La Barby Juárez. En la casa ya solo quedan cuatro personas: la casi segura ganadora Wendy Guevara, Poncho de Nigris (influencer de Monterrey muy querido en el norte del país), Nicola Porcella (actor peruano que se ha ganado un buen número de seguidores estas semanas) y Sergio Mayer (actor, cantante y antiguo diputado por Morena).

¿Y después qué? Muchos espectadores tienen miedo al final del programa. Siente que sus vidas quedarán reducidas a un vagar por la vida sin nada con lo que distraerse, cabrearse y comentar, condenados a un vacío existencial que no podrán llenar con nada más que, quizás, los viejos videos de aquellos tiempos en los que Wendy Guevara caminaba por la casa mirando cabreada a unas cámaras que no dejaban de seguirla ni un segundo. “¿Qué va a ser de mi vida cuando no haya más La Casa de los Famosos?”, se preguntaba el domingo pasado una fan en redes sociales. Detrás del elevado consumo que ha generado este programa hay una realidad más macabra: la de millones de personas dependientes que desayunan, comen, trabajan, cenan y se van a dormir siguiendo las vidas de los participantes. Una vez entras en la burbuja, no hay forma de salir. La televisión tiene un programa-resumen cada noche, los periódicos recogen cada polémica y las redes sociales están llenas de fans que hacen su propio resumen de los mejores momentos del día.

“Va a dejar que la gente vuelva a tener una vida”, dice entre risas Cristina Salazar, doctora en Medios de Comunicación por la Universidad de Columbia y fan del programa. “También va a ser interesante ver qué pasa con esas relaciones parasociales”, dice. Con “parasociales” se refiere a aquellas relaciones en las que el espectador establece un vínculo con los participantes del programa, y que es unilateral, es decir, que solo una de las personas desarrolla sentimientos de amistad o de amor, pero sin que la otra sea consciente de ello. Eso se traduce en hordas de gente que van hasta el set donde se graba el programa en un polígono industrial del Estado de México. Allí está la casa rodeada de la nada más absoluta, un taller de coches y una tienda de materiales para la construcción. Lo demás es carretera estrecha, sin banqueta y sin piedad para los peatones. Aun así, la gente va hasta allí a diario, se paran en la base del pequeño montículo que da a la casa y gritan hacia lo alto como si les fuera la vida en ello: “Wendy, Wendy”.

Francisco Palacios, el dueño del taller de coches, está harto de ellos, no ve el programa —”no, no, ya tengo suficiente con vivir al lado”— y hace unas semanas contó a este periódico que los fans le quitan el sueño, literalmente. Viven encima del taller en el que trabaja toda la familia, el padre y los tres hijos, y la gente se planta a las cuatro de la mañana en la carretera de enfrente y empieza a gritar. Eso hace saltar las alarmas que rodean el recinto donde se produce el reality y el ruido ensordecedor termina de arruinar el sueño de la familia, que en vano ha pedido a las autoridades mayor seguridad para frenar esa locura. Ahora hay uno o dos guardias que tratan de limitar el número de gritos que da la gente que pasa. Por lo que sea, no parece estar funcionando.

Salazar asegura que “la necesidad de escapismo es real, con unas elecciones presidenciales en marcha y una población avasallada por las noticias de la violencia que arrasa el país”. En ese contexto, “el público agradece un respiro narrativo, un refugio donde resguardarse del ruido mediático”. Wade Davis, director general de Televisa, aseguró que es un “fenómeno cultural” cuyos números han superado las mejores fantasías de sus inversores. Davis comparó el impacto de La Casa de los Famosos en México con el mundial de fútbol de finales de 2022, nada menos. Tienen un engagment de 20 millones de personas, casi el tamaño de la Ciudad de México junto con el Estado que lo rodea. Esa palabra inglesa significa que hay 20 millones de personas enganchadas al programa, que lo siguen a diario y están pendientes de las últimas actualizaciones y noticias. Eso ha derivado en un impulso sin precedentes a las suscripciones a Vix, la plataforma de streaming donde se emite el programa las 24 horas, y al número de personas que sintonizan Televisa cada noche.

Pero quedan unas horas para que se rompa la burbuja y los espectadores han recurrido a métodos muy poco ortodoxos para apoyar a su ganador. Twitter se ha llenado de noticias falsas en las que seguidores de Wendy Guevara aseguran que la cantante Taylor Swift, en el último concierto de gira por Estados Unidos, llamó al voto masivo por la finalista favorita del programa. Incluso se atrevieron a entrecomillar a la cantante como si dijera: “Sé que algunos de vosotros tenéis familias en México, y este domingo necesitamos hacer historia. Wendy es mi amiga. Soy Team Wendy”. Y de esas falsas declaraciones hasta la oferta de una cafetería en Nuevo León en la que regalan una rebanada grande de pan si los clientes muestran que han votado por Poncho de Nigris. O la falsa oferta del Starbucks, que ahora tiene a cientos de personas acudiendo a sus puertas para pedir su frappe gratis por un bulo que asegura que puedes conseguir uno si votas por Wendy Guevara. Aunque sea mentira, miles de personas han subido su foto con su café del Starbucks asegurando que es la pura verdad. “Pensé que era mentira, pero es cierto”, dice un fan muy convencido. Salazar, la doctora en Medios de Comunicación, se ríe de todo esto y apunta una explicación: “Somos animales hechos de historias y eso es lo que nos ha dado Wendy, una gran historia que no se va a repetir en mucho tiempo”.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS México y reciba todas las claves informativas de la actualidad de este país

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_