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Un ‘road trip’ psicodélico para salvar al candidato Colosio

El director y los protagonistas de ‘ColOZio’ conversan con EL PAÍS sobre la película, en la Cineteca Nacional desde este viernes, en la que tres perdedores intentan evitar el asesinato del político del PRI en 1994

ColOZio de Artemio Narro.
Manolo Caso, Diego Calva y Orlando Moguel en un fotograma de 'ColOZio', de Artemio Narro.Cortesía
Elena San José

Primero el LSD. Después las alucinaciones. Y finalmente, la premonición: el candidato del PRI a las elecciones presidenciales de 1994, Luis Donaldo Colosio, va a ser asesinado dentro de tres días, a las cinco de la tarde, durante un mitin de campaña en Tijuana. El viaje de ácido se convierte en un viaje más que real cuando Diego y Gael, los jóvenes amigos que protagonizan ColOZio (2020), deciden seguir su visión y salvar al político de una muerte segura. DJ el primero, escritor de poca monta el segundo, acabarán sumando a un tercer compañero de aventura, un oficinista cansado llamado Mundo que lo único que quiere es impresionar a la mujer de la que está enamorado.

“Ninguno de los personajes está buscando salvar a Colosio, están viendo cómo se van a beneficiar de evitar ese asesinato, de qué manera van a dejar de ser unos perdedores. Cada uno con su viaje, como en El Mago de Oz”, explica Artemio Narro (Ciudad de México, 47 años), director del filme, en una videollamada con los actores principales y EL PAÍS. La película, en la Cineteca Nacional desde este viernes, parte de su propia experiencia cuando se produjo el asesinato del candidato. “Estaba en la misma situación que los personajes, en un viaje de ácido con mis amigos. Prendimos la tele y todos los canales hablaban de ello. Unas horas más tarde, llegó mi padre con una amiga que estaba muy borracha, muy afectada, y que nos reclamaba por no estar iniciando una revolución y estar más bien oyendo música y riéndonos”, rememora.

Fotograma de la película 'ColOZio', de Artemio Narro.
Fotograma de la película 'ColOZio', de Artemio Narro.Cortesía

La respuesta al reclamo de aquella mujer fue esta “comedia oscura sobre lo que es México y el mexicano”, en palabras de su creador. Sin embargo, el viaje hacia ninguna parte que emprenden estos tres perdedores evoca algo mucho más universal. “Son personajes que podrías encontrar en todo el mundo”, reflexiona Diego Calva (Ciudad de México, 31 años), que interpreta a Gael: “Pudimos haber grabado la peli con dos gringos fritos y un tejano sobre Kennedy. La condición humana, el fracaso, es un pedo global. Perdedores hay en todo el mundo”. Él apenas tenía dos años cuando se produjo el asesinato y Manolo Caso (Ciudad de México, 29 años), Diego, en el filme, acababa de nacer: “Nos tocó crecer más bien con el mito”.

Quien lo vivió con más angustia fue Orlando Moguel (Ciudad de México, 50 años). “Estaba en la preparatoria y vi todas estas noticias. Todo era muy amarillista y yo estaba espantado”, reconoce. En la película, sin embargo, todo es un delirio y una oda al humor negro. “Por una Palma de Oro, sí lo haría”, bromea Calva sobre una hipotética visión en el mundo real. “Yo buscaría un casino que me tomara la apuesta de que le van a asesinar y le metería todo“, ahonda Manolo Caso. “Yo creo que hace 30 años sí habría ido, ahora no sé si tendría la energía de ir a ver si agarro un taxi que me lleve hasta Tijuana”, agrega Narro con cachondeo. Todos siguen el rastro de los personajes: el equipo es una fiesta dentro y fuera del rodaje.

De izquierda a derecha y arriba a abajo: el director Artemio Narro con los tres protagonistas: Orlando Moguel, Manolo Caso y Diego Calva.
De izquierda a derecha y arriba a abajo: el director Artemio Narro con los tres protagonistas: Orlando Moguel, Manolo Caso y Diego Calva.El País

Los guiños y las referencias se suceden uno tras otro dentro del filme. Desde el nombre de los personajes, en alusión a los actores Diego Luna y Gael García Bernal, protagonistas de Y a tu mamá también (2001), otro road trip a la mexicana; hasta las brujas de Macbeth y la barca de Caronte; pasando por el Submarino amarillo de los Beatles: aquí un coche rojo en el que Diego y Gael bailan durante casi 10 minutos al comienzo de la historia, con todos los créditos sucediéndose en la pantalla y un montaje de animación en sintonía con el trip de los personajes originado por el ácido. “Es un poco una versión mía de la Odisea, mezclada con el Mago de Oz; un híbrido de películas que me divierten o me interesan”, admite Narro.

Todos reconocen el “sello Artemio” en la película. Un producto hecho desde la provocación, la burla y un escepticismo mordaz. En su primer largometraje, Me quedo contigo (2014), estrenado en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam en 2015, ya exploró el principal tema que vertebra sus trabajos, tanto en el cine como en el resto de las artes plásticas y visuales: la violencia y las relaciones de poder que se construyen a su alrededor. “Me parece que lo que nos diferencia de los animales no es que el animal es bruto y el humano inteligente, como decían en el siglo XIX y principios del XX. Yo creo que la diferencia es nuestra capacidad de fabricar violencia y nuestra búsqueda excesiva del poder”, argumenta. “Soy muy escéptico, pero también la vida me parece maravillosa. Los humanos somos una contradicción”, concluye.

De esas contradicciones también habla la película. “Los mexicanos tenemos una relación bien bipolar con el fracaso y la mediocridad. Siempre culpamos al entorno y nunca nos hacemos responsables”, dice burlón: “Llevamos desde 1994 culpando al asesinato de Colosio de que México no sea un país de primer mundo”. Como en la película, cada ciudadano se deja llevar por su “Y si...” particular, en el que deposita sus esperanzas, sus miedos y sus derrotas. ¿Y si no hubiera muerto? “Seríamos Dinamarca”, responde Calva con ironía: “Y estaría a 20 euros el peso”. “Además está comprobado que los Donald son buenos presidentes”, remata Manolo Caso. Hay algo de sus personajes en la propia visión que desprenden los actores.

Diego Calva y Manolo Caso en un fotograma de la película.
Diego Calva y Manolo Caso en un fotograma de la película.Cortesía

Además del pago habitual por la interpretación, el director completó el salario del elenco con una obra propia que les dio a elegir entre varios de sus cuadros. “Yo elegí uno que dice Dios te odia. Y Diego otro en el que pone No nos quiere ni el cáncer”, relata Caso. “Algo maravilloso que aprendí de él es que es de las pocas personas que prefiere desagradar a agradar. Está como este completo descuido por complacer”, reflexiona alrededor de la anécdota. “Todos los que estábamos ahí, teníamos otros ofrecimientos para hacer la misma serie de Netflix o la misma película de comedia romántica”, cuenta Diego Calva, nominado a un Globo de Oro por su actuación en Babylon. “En mi caso renuncié literalmente a eso, y la decisión fue muy fácil: vas a hacer el proyecto que tiene alma, que es una pinche broma grande, que es arriesgado”, se enorgullece.

El equipo se ha vuelto una piña y seguirá trabajando unido más pronto que tarde. Artemio Narro ya está preparando su próxima película, El arte es oscuro y está lleno de horrores, un filme sobre el mundo del arte contemporáneo donde el reparto de ColOZio hará algunos cameos. Orlando Moguel estrenará próximamente la serie Villa, Manolo Caso trabaja en su primer largometraje como guionista y Diego Calva, el más internacional de los tres, estrenará el mes que viene en Barcelona la serie Bird Box Barcelona, junto a Lola Dueñas y Mario Casas. La gran esperanza para todos, no obstante, es que Narro los “vuelva a fichar”. “Se trata de jugar con los mismos”, concluye él: “Aunque cada quien haga sus cosas por su lado, que siempre exista un metaverso creado por nosotros”.

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Elena San José
Periodista en la Redacción de México. Antes estuvo en la sección de Nacional, en Madrid. Le interesan la política y la cultura, sobre todo la literatura. Es graduada en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca y máster en Democracia y Gobierno por la Universidad Autónoma de Madrid, con especialización en Teoría Política.

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