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México pierde en 30 años la tercera parte de sus selvas y la cuarta parte de sus bosques

Tras una disminución significativa entre 1985 y 2002, la tendencia a la baja se estabiliza en la última década

La sierra de Monte Negro, uno de los espacios mejor conservados de Morelos (centro de México).
La sierra de Monte Negro, uno de los espacios mejor conservados de Morelos (centro de México).

Las actividades agropecuarias y, en menor medida, la expansión de las zonas urbanas, siguen ganando la partida a las selvas y bosques mexicanos. En las tres últimas décadas, la superficie de selva en el país norteamericano ha caído en más de un 30%; la extensión de los bosques primarios ha mermado en casi un 27% y la vegetación primaria total lo ha hecho en un 21%. En paralelo, el suelo dedicado a actividades agrícolas se ha expandido en más de un 26%, según los datos presentados este martes por la oficina estadística mexicana, Inegi. Desde 2007, sin embargo, esta tendencia negativa se ha frenado: la cobertura vegetal natural perdida o transformada ha caído en solo un 1%, un ritmo notablemente inferior al registrado en el periodo anterior.

En 2014, último año para el que se dispone de datos oficiales, el 48,5% de la superficie de México estaba cubierta con vegetación primaria, una mínima variación a la baja respecto a 2011. Sin embargo, en el largo plazo, el descenso es abrumador: en la primera serie oficial, que data de 1985, este tipo de vegetación —aquella “que no ha sufrido cambios significativos por las actividades humanas o perturbaciones naturales”— ocupaba más del 60% del territorio nacional. Por ecosistemas, las selvas y los bosques son los más afectados, mientras que las zonas áridas y semiáridas son las menos alteradas y todavía hoy ocupan el 29% del país.

“La vegetación es fundamental en el sostenimiento de la biodiversidad, la captura del carbono, la formación y protección del suelo, la mitigación de daños por desastres naturales, la regulación del ciclo del agua y del clima y la mitigación del cambio climático, entre otros”, subrayan los técnicos del Inegi en su estudio sobre la evolución de la cubierta vegetal mexicana en las tres últimas décadas. “Sin embargo, ya sea por cambios en el uso del suelo por el crecimiento urbano o de la frontera agrícola, o bien por la intensidad de actividades humanas como el pastoreo o la extracción de madera y otras materias primas, una parte considerable de la vegetación original ha sido eliminada o alterada en gran parte del territorio nacional”.

La comparativa con años anteriores se lleva a cabo en base a imágenes tomadas por satélite y muestra, por ejemplo, que las selvas secundarias —que se desarrollan tras haber sufrido algún tipo de degradación y que puede tener una composición y estructura parecidas a la de la vegetación original— ocupan ya casi el doble de superficie que las primarias, todavía inalteradas. Los bosques secundarios, por su parte, han duplicado su superficie desde mediados de los años ochenta, a medida que han ido ocupando el terreno que dejaba la desaparición de sus pares primarios.

La sustitución de cubierta vegetal natural por superficie dedicada a actividades humanas no se puede circunscribir a una única región de México, pero se hace especialmente visible en tres Estados: Tabasco, Veracruz y Sinaloa. Por zonas, el presidente del Inegi, Julio Santaella, apunta a la costa del golfo de México —de Tabasco a Tamaulipas— como la más afectada del país en las tres últimas décadas. Los pastizales cultivados también han alcanzado una superficie considerable en otras regiones tropicales en las que han sustituido a la selva, como en la península de Yucatán.

Tlaxcala (centro del país) es el Estado en el que mayor fracción del suelo está dedicado a actividades agrícolas —casi el 73% del total—, mientras que en la Ciudad de México es donde mayor uso urbano se registra —43%—. Baja California (noroeste) es, por su parte, la entidad que conserva el mayor porcentaje de vegetación primaria: el 95% de su superficie, en su gran mayoría matorrales.

El fuerte descenso en el número de hectáreas que no han sufrido ningún tipo de alteración significativa por parte del ser humano es especialmente preocupante en el caso México, por tratarse de una de las naciones más ricas y variadas en lo que a flora se refiere, con una amplia gama de tipos de vegetación: selvas tropicales o bosques templados hasta pastizales y matorrales propios de zonas áridas. El país latinoamericano forma parte, junto con Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Congo, Madagascar, China, India, Malasia, Indonesia y Australia del selecto club de Estados catalogados como megadiversos.

México cuenta con 12 ecosistemas vegetales diferentes, 58 tipos de vegetación —más que sus dos vecinos norteamericanos Estados Unidos y Canadá juntos— y un buen número de especies endémicas, es decir, que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Estas últimas se encuentran, sobre todo, en las zonas áridas. Su posición geográfica —bisagra entre las zonas tropicales y templadas de América—, la influencia de dos grandes océanos —el Pacífico y el Atlántico—, su relieve —desde planicies costeras hasta cadenas montañosas que superan los 5.000 metros de altura— y su variedad climática lo convierten en un país único en el mundo. En estas circunstancias, la destrucción de espacios naturales se torna doblemente dañina.