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El ‘narcogobernador’ Mario Villanueva regresa a México para cumplir condena

El antiguo dirigente del PRI en Quintana Roo fue vinculado al cártel de El Señor de los Cielos. Tras penar en EEUU, ahora tiene que cumplir 22 años de cárcel en su tierra

El pasado ha vuelto a México. Mario Ernesto Villanueva Madrid aterrizó a las 12.40 en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Pagadas sus cuentas con la justicia estadounidense, el antiguo y corrupto gobernador de Quintana Roo entre 1993 y 1999 regresó a su tierra para cumplir con otros 22 años de cárcel por lavado de dinero y tráfico de drogas. Tras bajar del avión, demacrado y empequeñecido, fue llevado al penal de Ayala (Morelos)

Su caso es simétrico al del fugado gobernador de Veracruz, Javier Duarte. Ambos fueron acusados de corrupción mientras estaban en el poder y ambos se dieron a la fuga cuando su partido perdió las elecciones y tenían que entregar el poder.

Conocido por su frase “déjense de chingaderas, en mi Estado mando yo”, Villanueva fue vinculado en su día con el cártel de Juárez y con Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, el mayor narco de su época. La DEA le acusaba de recibir medio millón de dólares por cada cargamento procedente de Colombia que la organización criminal pasaba por su estado.

Cuando el escándalo se hizo público, el propio presidente Ernesto Zedillo, del que el gobernador era un enemigo declarado, envió a un investigador especial a Quintana Roo. Villanueva se dio a la fuga. Dos años después fue capturado por la DEA con apoyo de la Procuraduría mexicana. Tras un laberinto de condenas y revocaciones, fue extraditado a Estados Unidos, donde pactó con la fiscalía una sentencia de 11 años por lavado de dinero. Ahora, tras acortar su pena por buen comportamiento, regresa a México.

El antiguo gobernador, pese a los años transcurridos, sigue defendiendo su inocencia: “El costo de la maquinación perversa en mi contra ha sido muy duro. Hace 17 años y 9 meses salí de mi casa; estuve dos años y dos meses jurídicamente prófugo, pero en realidad me refugié porque peligraba mi vida […] No me rindo, nunca me rendiré; mi cuerpo está muy lastimado, pero mi mente y mi voluntad permanecen inquebrantables”, ha señalado. En México le esperan 22 años de cárcel.

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