Jeringas, heces y campamentos nocturnos en los urinarios que usan los conductores de autobuses de Madrid

Los empleados de la Empresa Municipal de Transportes se quejan de las instalaciones públicas que están forzados a utilizar en horario de trabajo

Un conductor de la EMT señala el interior de un aseo público de la glorieta de Embajadores.
Un conductor de la EMT señala el interior de un aseo público de la glorieta de Embajadores.Víctor Sainz

Plaza de Tirso de Molina, por la mañana. Los floristas abren sus puestos entre el bullicio de los turistas más madrugadores, en pleno centro de Madrid y a pocos pasos de la Puerta del Sol. Un conductor de autobús aprovecha los cinco minutos de descanso en la última parada de la línea para utilizar los aseos públicos situados en la calle, antes de volver a recorrer el camino habitual. Abre la puerta y encuentra una imagen desagradable: el suelo está lleno de excrementos y su olor traspasa el filtro de la mascarilla. A pocos metros, una mascarilla obstruye el desagüe del váter. “Todos los días es así. Encontramos jeringas, gente que duerme en el suelo, vómito y meados. Es deplorable entrar en estos baños”, reconoce Manuel Vallejo con tono de resignación, conductor de autobús de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT).

Vallejo y el resto de conductores se ven obligados a usar estas instalaciones durante el horario de trabajo. “Tenemos turnos de siete horas y el único momento que tenemos para acudir a los servicios es durante las pausas entre una carrera y otra”, explica. Hace cinco años los conductores de la EMT disponían de unos aseos privados, colocados en las cabeceras de las líneas de autobús, a los que podían acceder con la tarjeta de empleado. En 2017, sin embargo, el Ayuntamiento tomó la decisión de no instalar baños para sus empleados en aquellas zonas donde ya existiera un baño público.

Javier Cantil es empleado de la empresa municipal y miembro de S.I.C.A.M, el sindicato de conductores de autobuses de Madrid. Recorre la línea 116, que conecta Embajadores con el intercambiador del Cruce de Villaverde. A diario encuentra las instalaciones en condiciones higiénicas insalubres. “No criticamos el hecho de no tener baños de uso privado”, afirma. “Los nuevos baños son incluso mejores de los que había antes, que eran más chicos. Es la falta de limpieza lo que nos hace la vida imposible”.

Al día de hoy, la EMT cuenta con una red propia de 54 aseos, a la cual se suman los 130 baños municipales, que desde el pasado año son de acceso gratuito. Es ahí donde los conductores encuentran más incidencias, según reconoce un portavoz de la empresa pública. Además, la entidad asegura que su centro de control informa a la empresa responsable del mantenimiento de los baños de “cualquier circunstancia anómala”. No obstante, el abandono persiste.

Los conductores se las apañan para utilizar los aseos de bares y restaurantes. En algunos, la empresa incluso tiene un acuerdo con los dueños de los comercios. Sin embargo, estos establecimientos tienen horarios limitados y, cuando están cerrados, los conductores tienen que recurrir a los baños públicos. “Algunos están en tan mal estado que habría que ponerlos nuevos para que vuelvan a ser utilizables”, reprocha Vallejo. Por esta razón, el grupo municipal socialista pedirá al Ayuntamiento que se lleve a cabo un estudio de las incidencias línea por línea. “Está en riesgo la salud de los trabajadores”, destaca Ignacio Benito, concejal y portavoz de Medio Ambiente y Movilidad del PSOE.

Uno de los baños públicos de la ciudad, con los restos de un campamento nocturno.
Uno de los baños públicos de la ciudad, con los restos de un campamento nocturno.Javier Cantil
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Junto a los baños en las plazas céntricas en el sur de la capital —como por ejemplo Tirso de Molina, Jacinto Benavente y Embajadores—, son sobre todo las instalaciones en la periferia las que se encuentran en peores condiciones. De hecho, la situación es tan precaria que incluso las personas sin hogar que se encuentran en los alrededores desaniman a los transeúntes de utilizarlos por la insoportable pestilencia.

Los conductores han registrado su estado precario durante los turnos de trabajo a lo largo de los últimos meses. La situación es tan crítica que en algunas de las imágenes incluso se pueden observar restos de jeringas y pañuelos recubiertos de sangre en la mesa para cambiar pañales. En otras, cartones del campamento nocturno de alguna persona que aprovechó para pasar ahí la noche. “A veces las puertas no cierran, o no hay luz al entrar. Solo pedimos hacer uso de un baño con dignidad”, insiste Cantil.

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