La caída de pasajeros en El Prat lastra sus comercios y restaurantes

Hasta junio, el aeropuerto registró un 66,5% menos de pasajeros que el mismo periodo del año anterior, con algunos meses en los que la caída de pasaje llegó a ser de más del 90%

Comercios cerrados en el aeropuerto de Josep Tarradellas Barcelona-El Prat.
Comercios cerrados en el aeropuerto de Josep Tarradellas Barcelona-El Prat.

Ni un fin de semana largo consigue revitalizar uno de los espacios más castigados por la pandemia de covid 19. El aeropuerto de Barcelona El Prat está sufriendo una caída de pasajeros sin precedentes que pone en apuros a todo el negocio. De la imagen de aeropuerto fantasma que tenía durante los meses de confinamiento y el principio del verano se ha pasado a una reapertura paulatina, aunque el repunte de casos, el miedo al contagio y las restricciones de movilidad auguran un futuro incierto. Dos tercios de los locales del aeropuerto permanecen cerrados ante la falta de demanda.

En cualquier puente del 12 de octubre anterior a la pandemia, la actividad en el aeropuerto de El Prat era frenética: pasaban por sus instalaciones más de un millón de pasajeros dispuestos a facturar equipaje, hacer colas, tomarse un café en algún bar del aeropuerto o hasta comprar algún capricho en los comercios antes de embarcar. La estampa, después de ocho meses de una pandemia que impide disfrutar de una movilidad igual que antes, es muy distinta. Pocos viajeros, más celeridad y pragmatismo a la hora de dirigirse a la puerta de embarque para tener contacto con el mínimo de gente, y muchos locales todavía cerrados al no ver viable la apertura a causa de la falta de demanda.

Este puente, Aena programó entre el viernes y el lunes 1.174 vuelos tanto de salidas como de llegadas, mientras que en años anteriores se programaba una media de 930 vuelos cada día de puente. La caída de pasajeros ha sido muy brusca. Hasta junio, el aeropuerto barcelonés registró un 66,5% menos de pasajeros que el mismo periodo del año anterior, con algunos meses en los que la caída de pasaje llegó a ser de más del 90%. La llegada del verano no supuso una mejora muy sustancial: en agosto pasaron por el Prat un 79,5% menos de viajeros que el mismo mes del año anterior.

La falta de turistas internacionales y el parón abrupto que ha sufrido el turismo de negocios ha dejado, en suma, al aeropuerto de Barcelona en mínimos. Todo ello afecta no solo a la infraestructura y a las aerolíneas, sino también al complejo de locales comerciales, bares, restaurantes, servicios y hoteles que conforman la ciudad aeroportuaria. Desde junio se está produciendo una reapertura paulatina de los locales, aunque todavía muchos están cerrados. “Durante el estado de alarma se fijaron unos servicios mínimos, como por ejemplo que estuviese abierto un punto de restauración en la T1, pero desde que acabó el estado de alarma son los arrendatarios de los locales comerciales los que deciden si abren o no, y de qué manera”, explica un portavoz de Aena.

De las 87 tiendas que hay en las terminales T1 y T2, solo están abiertas actualmente 24, tal como consta en la página web del gestor aeroportuario. Y de los 51 bares y restaurantes que hay, solo 15 están abiertos. Es decir, dos tercios de los locales permanecen cerrados. Áreas, el principal operador comercial del aeropuerto del Prat, gestiona 28 establecimientos y el 35% de la oferta gastronómica que hay en las instalaciones. “Durante el estado de alarma, tuvimos que parar gran parte de la actividad a causa de la pandemia como tantos otros establecimientos de restauración, pero desde hace unos meses se ha reiniciado la actividad con todas las medidas de seguridad”, explica un portavoz de la compañía.

De los 28 locales que gestiona, actualmente solo tres están abiertos (Boldú, MásQueMenos y Burger King). “Nos estamos adecuando a los niveles de tráfico actuales”, señala la empresa, que admite que, debido a la caída de pasajeros, se ha tenido que reducir la plantilla. No obstante, Áreas no aporta datos sobre la caída de la facturación ni sobre el número de empleados que se ha tenido que despedir.

Estar lo mínimo

“Ha sido duro, durísimo”, lamenta Enrique Tomás, propietario de la cadena de jamonerías que lleva el mismo nombre. “La sensación es que el pasajero quiere estar el mínimo tiempo por el aeropuerto”, detalla. La empresa tiene tres locales en El Prat, dos de los cuales están abiertos, aunque la facturación es un 70% inferior a la del año pasado. Esta situación no les ha impedido inaugurar una tienda gourmet nueva: “Sabíamos que abríamos en un momento complicado, pero esto va por licitación, si tuviese que elegir, hubiese preferido abrir antes del covid o cuando se normalice, pero no me puedo permitir no apostar por la ciudad ni por el aeropuerto, que es la principal puerta de entrada”.