Acoso en comisaría: “Igual que te pongo en la científica, te quito”

Un inspector de Policía, a juicio por degradar a un agente y ponerle a vigilar la puerta de la comisaría de Lloret de Mar

Agentes de Policía durante un operativo, en una imagen de archivo.
Agentes de Policía durante un operativo, en una imagen de archivo.Albert Garcia

El agente Pedro A. tuvo, a principios de 2010, una mala idea: pidió a su jefe si podía centrarse únicamente en su especialidad (la de policía científica) y dejar un poco de lado el apoyo que, hasta entonces, había dado al grupo de extranjería de la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Lloret de Mar (Girona). Antonio S. replicó que su prioridad debía ser extranjería y le advirtió de que no siguiera por ese camino: “Igual que te he puesto en policía científica, te puedo quitar”.

Fue el primer acto de un acoso laboral que se prolongó durante cinco años y que dejó a Pedro A. deshecho: sufrió un infarto que le ha dejado secuelas y una grave depresión que le obliga a medicarse. Acabó “imposibilitado totalmente para desempeñar las labores de policía” y recibió la jubilación por incapacidad en 2016, relata la Fiscalía. El inspector jefe Antonio S. afronta una petición de dos años de cárcel por un delito contra la integridad moral, según la documentación a la que ha accedido EL PAÍS.

El agente víctima de acoso laboral trabajaba, hasta entonces sin incidentes, como especialista de policía científica en Lloret: cotejaba huellas, identificaba a indocumentados o recogía muestras de ADN. En mayo de 2010, cuatro meses después de su frustrada petición, Antonio S. cumplió su amenaza. Le informó, por escrito, de que le excluía de la policía científica. Y le mandó ponerse el uniforme para vigilar la puerta de la comisaría y atender al público, funciones que suelen llevar a cabo los policías novatos o los que, por algún incidente, son apartados. Esas labores “no correspondían con la categoría profesional” de Pedro A., dice la Fiscalía, y reprocha al inspector que intentase modificar por capricho el organigrama de trabajo de la policía.

Pedro “comenzó a sufrir humillaciones y castigos diarios”. El inspector ordenó que sus labores en el equipo de policía científica las desempeñara una agente que “carecía de la titulación correspondiente”. El agente fue degradado también como responsable del Servicio Automático de Identificación Dactilar (SAID) y en su lugar fue nombrado otro compañero “de inferior categoría profesional” y, también, sin la titulación oportuna. Como para algunas tareas no disponía de los agentes adecuados, el inspector prefería solicitar refuerzos de la comisaría provincial de Girona antes que llamar a Pedro A.

Actitud “humillante”

El inspector acusado “utilizaba un tono siempre despectivo, autoritario, elevado y humillante” cuando hablaba con el agente. A veces ni eso. Cuando tenía que darle órdenes o instrucciones, lo hacía a través de otros compañeros, como si Pedro no existiera. Trató de perjudicarle negándole peticiones que sí concedía a otros compañeros. Le negó el permiso, por ejemplo, para asistir a un funeral. Rechazaba las peticiones para disfrutar de días de asuntos propios con la excusa de que había “necesidades del servicio” por cubrir.

El agente, afiliado al Sindicato Unificado de Policía (SUP) trató de reaccionar. Impugnó la orden de su superior ante la justicia. Y ganó. En 2015, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) le dio la razón y ordenó que ocupara de nuevo su puesto como especialista en policía científica. Pero el inspector jefe de Lloret “decidió incumplir la sentencia” y mantenerle en el servicio de seguridad de la comisaría. De la mano del abogado Carlos Carretero, llevó por la vía penal al inspector, que ahora afronta una petición de dos años de cárcel y de dos años de inhabilitación para ejercer de policía.

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