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La crónica | Sánchez rompe el tablero con su no a la guerra

El presidente juega a ser la némesis de Trump y conecta con amplios sectores progresistas en todo el mundo, pero La Moncloa enfría las especulaciones sobre un adelanto de las generales

02:34
La respuesta de Sánchez a Trump: "No a la guerra"
Pedro Sánchez, este sábado en un acto en Soria. Foto: Jaime Villanueva | Vídeo: epv

Acaba de cumplir 54 años, que en política no es mucho, pero su atípico recorrido ha convertido a Pedro Sánchez en un político muy curtido. Tras casi ocho años en La Moncloa, el líder del PSOE es uno de los primeros ministros más veterano de Europa. En el Consejo Europeo casi todos llevan menos tiempo que él en el cargo. Sánchez ha dedicado muchas horas, bastante más que sus dos últimos antecesores, a la política internacional. Tiene contactos, experiencia y un cierto olfato. Por eso cuando el pasado sábado llegaron las primeras noticias del bombardeo de EE UU e Israel sobre Teherán, que mató al líder supremo de ese régimen, Ali Jameneí, el presidente tomó una decisión muy rápida: “Vamos a estar donde siempre: en contra. Como estuvimos en Gaza. Vamos a ser coherentes”, les dijo a sus colaboradores.

En las primeras horas, Sánchez lanzó mensajes duros y diferentes a los de otros líderes europeos, que no se animaban a criticar a Donald Trump y Benjamín Netanyahu, que daba la sensación de que se quedaría solo. “Rechazamos la acción militar unilateral de EE UU e Israel, así como rechazamos las acciones del régimen iraní y de la Guardia Revolucionaria. No podemos permitirnos otra guerra devastadora en Oriente Próximo”, lanzó Sánchez mientras los líderes de Francia, Reino Unido, Alemania e Italia eran más tibios o callaban.

El PP se lanzó rápidamente contra Sánchez. El partido mostró su satisfacción por la caída de Jameneí y dijo que el líder español estaba solo y alejado de los demás europeos. Pero las cosas han ido girando a lo largo de la semana, y han terminado con casi todos, incluida la italiana Giorgia Meloni, muy cercana a Abascal, girando hacia la posición de Sánchez.

El jueves, Meloni se desayunó con una elocuente portada de La Repubblica: “Sánchez: no alla guerra”. El líder español es una figura en Italia, donde la opinión pública presionaba a Meloni. Así que ella también giró, con esa portada en su despacho y tras cinco días de silencio. La rabia que le provocó a su gobierno este éxito de Sánchez en Italia la evidenció su ministro de Defensa, Guido Crosetto, ese mismo jueves. “Con las bases de EE UU, nosotros hacemos lo mismo que Sánchez [vetar su uso para el ataque a Irán], pero el héroe es él”, se quejó.

Una semana después de ese primer mensaje de Sánchez y la decisión de vetar el uso de las bases de EE UU, que provocó duras amenazas de Trump a España, la guerra genera cada vez más rechazo en los líderes y en la sociedad europea, con encuestas ya muy claras como la de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER. Buena parte del planeta empieza a rechazar el movimiento del presidente de EE UU, que genera muchas dudas también en su propio país. Algunos países árabes incluso niegan el paso a los cazas de Trump. Y Sánchez, con el “no a la guerra” que pronunció el miércoles, en un discurso que ha tenido más de nueve millones de visualizaciones en redes sociales, según los datos de La Moncloa, ha dado un vuelco al tablero político que ha descolocado a la oposición.

El PP ahora insiste en que nunca ha apoyado la guerra. “Todos queremos parar la guerra y todos queremos la paz”, dijo este sábado Alberto Núñez Feijóo, que trataba así de evitar que Sánchez le asocie con José María Aznar y su apoyo a la guerra de Irak en 2003. Pero lo cierto es que en los primeros días desde la cúpula del PP sí mostraron su alegría por la operación en Teherán para matar a Jameneí e incluso este sábado la diputada Cayetana Álvarez de Toledo era clara: “Sí a la liberación de las mujeres iraníes. Sí a la guerra contra Irán”.

Fuera de España, el “no a la guerra” de Sánchez ha consolidado su imagen de némesis de Trump y gran referente de la izquierda. El líder del PSOE es ya una referencia del progresismo europeo, que está en horas bajas y le tiene como gran esperanza. Pero la batalla que realmente interesa al Gobierno se produce en España, donde la izquierda está muy débil y la ola de las derechas es muy fuerte, como se acaba de ver en Extremadura y en Aragón y se podría confirmar en Castilla y León y Andalucía.

¿Provocará este No a la guerra un cambio en esa tendencia? Es pronto para saberlo, pero de momento Sánchez ya ha centrado toda la campaña del PSOE en Castilla y León en este asunto. El presidente juega especialmente la baza económica: “Esta guerra”, explica, “provocará inflación y sufrimiento, y por eso también hay que rechazarla”. “Ese No a la guerra es un sí a la paz y un sí a nuestras empresas, trabajadores, autónomos y a nuestro campo. La guerra va a encarecer su día a día; [pero] Feijóo no va a pagar el gas y calefacción de los hogares de Soria, y Abascal no va a pagar la gasolina de los tractores de León”, clamó Sánchez en Soria, informa José Marcos.

Un ministro se entusiasma ante la posibilidad de un giro. “Estamos conectando con una mayoría que estuvo contra la guerra de Irak y ahora está contra esta. Eso no ha desparecido. Y el PP no para de equivocarse. Son un desastre. Tienen todo el poder económico y hasta judicial a favor y no pueden con nosotros. Son un destrastre, no dan una”, sentencia.

En el PP descartan que esto tenga repercusión en las elecciones del próximo domingo: “Cuando uno aspira a que el voto se decida por lo que pasa en Irán y no por lo que pasa en España es que tiene muy poco que ofrecer. El No a la guerra es un mal remake. Nadie defiende la guerra en España”, resumen en la cúpula de Feijóo.

Este giro del escenario político, similar al que se produjo con la masacre de Gaza, en septiembre del año pasado, cuando el PP entró en contradicciones internas y el Gobierno recuperó el pulso, ha vuelto a desatar las especulaciones sobre un posible adelanto electoral. ¿Si Sánchez ve una oportunidad con el No a la guerra, convocará las generales con las andaluzas en junio? Hay quien especula incluso con que se podrían unir a las catalanas si finalmente Salvador Illa no tiene Presupuestos.

Fuentes de La Moncloa, del Gobierno y del PSOE enfrían por completo esta posibilidad. Una cosa es que el Ejecutivo pueda recuperar aire por una posición del No a la guerra que conecta con millones de españoles, no solo progresistas, y otra que haya un cambio de tendencia tan fuerte que anime a Sánchez a adelantar las elecciones, explican varios ministros y dirigentes consultados. El presidente está absolutamente decidido a acabar la legislatura y solo habría un adelanto si los datos fueran clarísimos a favor de la izquierda, algo que ahora nadie ve viable.

Pero este vuelco sí genera expectativas de algún tipo de recuperación de los progresistas, y sobre todo, de que se vea cada vez más claro que la ola de ultraderecha que arrasa al mundo, con Donald Trump a la cabeza, pueda empezar a frenarse al comprobar los desastrosos resultados para el planeta. Las elecciones de noviembre en EE UU serán seguidas en La Moncloa con enorme interés para ver si el huracán Trump empieza a disolverse.

En cualquier caso, Sánchez y su equipo están muy convencidos de haber acertado desde el primer momento. En La Moncloa señalan que no es cuestión de suerte, como se suele decir con Sánchez. Es sobre todo experiencia, valentía política y anticipación, dicen. Desde hace muchas semanas, con información en la zona y conocimiento de la realidad de Trump, en La Moncloa dibujaron este escenario como una posibilidad. Y se prepararon posibles respuestas. Así que Sánchez ya tenía muy trabajada la respuesta cuando llegó el ataque. Después, el presidente habló con la mayoría de los líderes relevantes árabes, europeos ―la conversación con Emmanuel Macron fue decisiva― y algunos americanos, y se fue convenciendo de ir aún más fuerte.

El martes, antes incluso del ataque de Trump a España, la comparecencia sin preguntas del miércoles y el lema del No a la guerra ya estaban decididos y en buena parte escritos. Las amenazas de Trump forzaron a retocar el discurso, pero Sánchez decidió mantener el pulso. Su gabinete, con Diego Rubio al frente, preparó un borrador con ese lema, pero Sánchez lo retocó mucho. Con Macron ya se había pactado el envío de una fragata a Chipre para mantener el compromiso europeo, aunque La Moncloa tardó mucho en contarlo y parecía que España se resistía a entrar en esa operación. El giro de los socios europeos terminó de reforzar la posición de Sánchez, que el jueves compareció en Huelva, esta vez sí con preguntas, visiblemente satisfecho por las encuestas y el apoyo internacional. La realidad precaria del Ejecutivo, con debilidad parlamentaria, tendencia electoral negativa y con escándalos por gestionar ―en breve llega el juicio en el Tribunal Supremo a José Luis Ábalos― no ha cambiado. Pero el escenario ha dado un nuevo vuelco y las consecuencias son imprevisibles. Lo único claro es que esta vez Sánchez y su equipo sí lo vieron venir y actuaron con anticipación.

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