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La familia minera de Asturias y León llora y pregunta: “¿No había grisómetros?”

El sindicato de los mineros asturianos advierte de que las medidas de seguridad deben ser las mismas para cualquier labor en el tajo, aunque no se extraiga carbón

Allegados de uno de los mineros muertos tras explosión, este martes en Villablino.Foto: Manu Brabo | Vídeo: EPV
Sonia Vizoso

No hay casi nadie en las cuencas mineras de Asturias y León que no sepa cómo deben ser las labores del carbón. En estas tierras habita la “familia minera”, estirpes cruzadas de hombres y mujeres que durante décadas se han jugado el pan con la muerte. Por eso, tras el fallecimiento de cinco trabajadores en el yacimiento de Zarréu (Cerredo en castellano), se multiplican las preguntas sobre una tragedia inesperada. Un interrogante se repite especialmente. “¿Acaso no había grisómetros?”, indaga Alberto ante el polideportivo de Villablino (León) donde este martes se han velado los cuerpos de las víctimas. Fue picador durante 22 años y no entiende cómo el aparato que debe utilizarse para detectar y medir la presencia de grisú en el subsuelo y que sustituyó a los canarios de antaño no sirvió para evitar la desgracia.

Cuando Alberto y sus compañeros bajaban a la mina, relata, siempre entraba antes un responsable con una lámpara de seguridad y un grisómetro “para ver cómo estaba el tajo”. Si los niveles saltaban, se activaban equipos de ventilación. A su lado, el también exminero José María añade que a partir de determinadas marcas de este gas inodoro que se esconde con el carbón, las máquinas eléctricas deben apagarse. Para evitar chispas, aclaran al unísono, ese detonante de una explosión de grisú que los investigadores buscan ahora en Zarréu.

“Yo también me pregunto si había grisómetro, si alguien fue allí a medir y qué [nivel de grisú] le dio”, incide Javier Martínez Álvarez, otro minero retirado de Villablino que ha acudido a la capilla ardiente para expresar sus condolencias a las familias de los cinco fallecidos. Trabajó en el sector 24 años, entre 1987 y 2011. “Estamos en 2025 y lo que ha ocurrido es una barbaridad”, subraya. Martínez admite que “la mina es siempre cruel”, pero matiza que los avances tecnológicos han ido rebajando tanta fiereza. La explosión de grisú de Zarréu ocurrió un lunes. Recuerda este exminero que, en sus tiempos, los responsables de seguridad bajaban el domingo para detectar la posible presencia de este peligroso gas y tomar medidas para cuando los obreros arrancasen su jornada al día siguiente.

Un vecino de Villablino lleva una corona de flores al polideportivo municipal donde se ha instalado la capilla ardiente.

En el Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA-FITAG-UGT) dicen estar en shock. “Hace tiempo que no se vivía una tragedia igual”, lamenta su secretario general, José Luis Alperi. “Y ocurre ahora que se hacía una actividad mucho más de cirugía, buscando mineral de altas prestaciones, con menos personal y con condiciones de seguridad del siglo XXI, con normativa y medios”. Se refiere el sindicalista al permiso de investigación que recibió la compañía Blue Solving del Gobierno de Asturias para reabrir el yacimiento de Zarréu. Tal y como confirmó el Ejecutivo del socialista Adrián Barbón este martes, la empresa estaba autorizada para analizar el carbón aún presente en esa zona y explorar su explotación para producir, por ejemplo, grafito. En el piso tercero donde explotó el grisú, tenía otro permiso solo para retirar materiales antiguos allí abandonados, desde chatarra a vías. En ningún caso podía extraer carbón para comercializar, aunque en el exterior de Zarréu se acumulan pilas de este mineral y los vecinos aseguran haber visto trasiego del producto.

Para cualquiera de estas operaciones autorizadas, las medidas de seguridad son idénticas que para el resto de labores mineras, explica Alperi. Añade que si varía algún requisito, es siempre para aumentar la exigencia, nunca para rebajarla. El sindicalista evita especular con las causas del siniestro y esperará a la información que le proporcione la Comisión Regional de Seguridad Minera del Principado de Asturias, un órgano que se reunirá de manera extraordinaria este jueves. El secretario general del Soma confía totalmente en el buen hacer de la Dirección General de Minas del Principado. “Es la mejor de España”, sentencia. “No tengo ninguna duda. La información que da siempre es impecable”.

El carbón alcanza hoy en día precios récord, recuerdan también en esta comarca deprimida por el cierre de los yacimientos: 500 euros la tonelada cuando llegó a estar por debajo de 200. Ha revivido así el interés empresarial en este mineral y en estas cuencas donde escasea el trabajo se ha reabierto el debate sobre la reapertura de las minas. El grupo de la empresa Blue Solving recibió 1,5 millones de euros en subvenciones para su proyecto de revitalización de la mina de Zarréu que ha acabado en desgracia. El Instituto para la Transición Justa del Gobierno de España le concedió casi un millón para una planta de valorización de subproductos y escombros de la construcción y 600.000 euros para una planta de fabricación de briquetas (una especie de pellets para alimentar calefacciones).

Esa nueva minería que asoma tiene poco que ver con la que a tantas familias dio de comer en Asturias y León. Al minero retirado Javier Martínez le preocupa la ruptura de la transmisión generacional. Ante la capilla ardiente de sus compañeros fallecidos, rememora cómo en sus tiempos los jóvenes tenían en la mina a un veterano al que seguir y en quien confiar para burlar los peligros. “Entrábamos en la mina con un maestro, el que te decía tú para allí”, el veterano de quien fiarse esquivando la desgracia. Ahora, lamenta, en esta tierra de fuerte tradición de lucha obrera y sindical, las empresas del sector son tan pequeñas que, por no haber, no hay ni comités de empresa.

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Sobre la firma

Sonia Vizoso
Redactora de EL PAÍS en Galicia. Es licenciada en Periodismo por la Universidad de Santiago. Lleva 25 años ejerciendo el oficio en la prensa escrita y ha formado parte de las redacciones de los periódicos Faro de Vigo, La Voz de Galicia y La Opinión de A Coruña, entre otros. En 2006 se incorporó a El País Galicia.
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