El Amazonas gallego vuelve a su cauce

El parlamento gallego ha vuelto a los cauces de hace 25 años

El presidente de la Xunta y candidato del PP a las elecciones gallegas, Alberto Núñez Feijóo, en una foto subida a Twitter tras conocer los resultados de los comicios.
El presidente de la Xunta y candidato del PP a las elecciones gallegas, Alberto Núñez Feijóo, en una foto subida a Twitter tras conocer los resultados de los comicios.
Xosé Manuel Pereiro

Lo bueno de la crónica política en Galicia es que siempre se puede echar mano de dos frases históricas. Una, el vaticinio del segundo presidente de Galicia, José Quiroga: “Que UCD pierda la mayoría sería casi como cambiar el rumbo del Amazonas”, dijo, antes de perder los comicios autonómicos de 1981 ante Alianza Popular. Las elecciones de 2020 devuelven a la política gallega al escenario de cuando había tres partidos: una máquina conservadora de ganar elecciones a base de no parecerse a la que funcionaba en Génova, una organización nacionalista de izquierdas con tensión transversal no resuelta y un partido socialista que, en lo autonómico, funcionaba como una franquicia de Ferraz. El Amazonas parlamentario gallego ha vuelto a los cauces de hace 25 años.

Pero como dijeron en la cuna de la democracia, nadie, ni siquiera sus señorías, se puede bañar dos veces en el mismo río.

Feijóo no es el Fraga de los noventa, porque el veterano líder se hizo un trono a medida para su retiro construyendo un partido atrapalotodo (uno de cada tres gallegos que se consideraban nacionalistas votó al PP en 2016), y Feijóo no ha logrado que esa herencia le sirva de trampolín para otros destinos. El PSdeG vuelve tener menos presencia que los nacionalistas, como en 1997 y 2001, pero es que entonces no había un socialista en La Moncloa. Igual que hace un cuarto de siglo, dispone del mayor poder local, pero es incapaz de trasladar ese peso al ámbito autonómico. El mejor ejemplo de esta contradicción es Abel Caballero, tío y exrival del actual candidato, Gonzalo Caballero. El Caballero senior fue el candidato del PSdeG a la Xunta que cosechó las peores cifras de todas las convocatorias —y no era precisamente un desconocido: venía de ser ministro de Felipe González— y ahora obtiene los mejores resultados de España como candidato a alcalde.

EL BNG de Ana Pontón ha obtenido también mejores resultados que los históricos de Xosé Manuel Beiras. El también histórico líder llegó a los 18 diputados, pero quien competía por su espacio era un partido minoritario que se adelantó a su tiempo, no la encarnación de las expectativas de una nueva forma de hacer política que, además, también está en el Gobierno de España. Ana Pontón, no solo ha resucitado y proyectado al infinito y más allá al Bloque. Si no es la primera presidenta de Galicia es porque los socios necesarios no han cumplido. Como premio de consolación está el haberse quedado como única referencia de la izquierda no socialdemócrata.

Les debo la segunda clave que define la política gallega. Es la explicación que Manuel Iglesias Corral (fiscal general de la República, senador en 1977 por una coalición de izquierdas, y que acabó siendo diputado de Alianza Popular) dio del fallido golpe que los miembros del Gobierno de Alianza Popular dieron contra su propio presidente: “Aquí pasó lo que pasó, y todos los sabemos”. Aquí pasó que ganaron los dos partidos que situaron su eje político en Galicia, y perdieron —con Ciudadanos, Vox e incluso Pablo Casado— los que creyeron que esta era una batalla más de una guerra que se libraba en otra parte. Esto iba del curso del Amazonas.


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