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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

No hay alternativa

Esperamos que a lo largo de la semana se materialice, sin desencuentros gratuitos, el compromiso parlamentario de empezar a trabajar para generar expectativas positivas en la ciudadanía

El presidente valenciano Ximo Puig explica en las Cortes su gestión de la crisis del coronavirus.
El presidente valenciano Ximo Puig explica en las Cortes su gestión de la crisis del coronavirus.Europa Press

Durante su mandato como Primer Ministro del Reino Unido, la conservadora Margaret Thatchter popularizó en los ambientes políticos y mediáticos la expresión "There is no alternative”, traducida al español como “No hay alternativa”. En el universo ideológico de la Dama de Hierro, la expresión venía a significar que no había otro camino de éxito que su forma de ver el mundo, alineada con el capitalismo más salvaje y la supremacía de la lógica de los mercados. Buena prueba del éxito del eslogan thatcheriano la hayamos en un nutrido número de ensayos sociopolíticos de finales del siglo XX, cuyos autores incorporaron el acrónimo de la expresión -TINA- a sus relatos.

Cuando el pasado miércoles en las Cortes Valencianas el presidente del Consell, Ximo Puig, y todos los portavoces parlamentarios coincidieron en la necesidad de un gran pacto político post pandemia, me acorde de la Thatcher y de su frase. No había opción. No había plan B. O sumamos esfuerzos para reconducir lo que sea que la realidad nos ponga por delante en las próximas semanas, meses y años, o el fracaso está garantizado.

El barómetro especial dado a conocer por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) la pasada semana era muy revelador -preguntas capciosas aparte- del clima social generado por el confinamiento: nueve de cada diez españoles entiende que la oposición debe apoyar al Gobierno en la gestión de la crisis de la Covid-19 y un porcentaje similar se declara partidario de los grandes acuerdos políticos para afrontar las graves consecuencias económicas pronosticadas desde los más destacados foros económicos, llámense Banco de España o Fondo Monetario Internacional.

Como advirtió la líder del PP valenciano desde la tribuna parlamentaria, Isabel Bonig, la lealtad al Gobierno legítimo de la Generalitat, buscar el acuerdo, no es sinónimo de sumisión. El guante lo recogió Puig en su respuesta, al repetir palabra por palabra el mismo concepto y convocar a todos los partidos a establecer una agenda de prioridades sin apriorismos ni imposiciones.

Circulan estos días por las redes varias colecciones de aforismos adjudicados a Marcos Mundstock, el célebre miembro de Les Luthiers recientemente fallecido. Hay dos que me parecen muy apropiados para las circunstancias que estamos viviendo: “Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el nuestro” y “El que es capaz de sonreír cuando todo está saliendo mal, es porque ya tiene pensado a quien echarle la culpa”. Apropiados porque describen con toda exactitud las actitudes más prescindibles en estos momentos.

Decíamos hace unos días que el ecosistema político valenciano había devenido en una especie de oasis desde que estallara la crisis por la pandemia. La sesión parlamentaria del pasado miércoles no hizo si no acrecentar esa sensación, salvo en la parte protagonizada por la vicepresidenta Mónica Oltra, responsable directa también de las políticas sociales del Consell y, por tanto, del caos -sí, caos- vivido en un buen número de residencias de ancianos. La templanza de los líderes de la oposición hacia Puig se torno en acritud hacia la vicepresidenta, a quien se llegó a pedir su dimisión (Vox) o se le recriminó su “sectarismo” (PP).

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Creo que erró Oltra en su intervención. Donde todos esperábamos un discurso político de nivel, trufado de la humildad necesaria para reconocer equivocaciones alejadas de la desidia, nos encontramos con un inventario técnico de lo mucho que su departamento había trabajado en estas semanas de obligado confinamiento. ¿Dónde se quedó la Mónica Oltra de verbo preciso, empática, sensible ante el sufrimiento? No eran esas las palabras que esperaban las decenas de familias valencianas que venían de enterrar -es un decir- a sus mayores fallecidos.

Esperamos que en breve, a lo largo de la semana que mañana principia, se materialice, sin broncas ni desencuentros gratuitos, el compromiso parlamentario de empezar a trabajar para generar expectativas positivas en una ciudadanía que se ha comportado de manera responsable. Ya saben: TINA.

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