Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Dime con qué andas...
  •   Adidas Samba El tipo sencillo  Las Samba son uno de los modelos más icónicos de Adidas y van justo por detrás de las Stan Smith en cuanto a número de pares vendidos. Nacieron para la práctica del fútbol en terrenos helados o superficies duras y se han afianzado en el imaginario popular como un calzado propio de las gradas futboleras. Es fácil imaginarse a uno mismo marcando goles en el gélido Olympiastadion berlinés con un par de sambas en los pies. Pronto se desplazaron al ámbito del fútbol sala, pero se consagraron gracias a la moda callejera. Es un enigma por qué tras más de 65 años, este sobrio par de zapatillas sigue irradiando personalidad y encanto. Arraigó en la subcultura del obrerismo británico. La escena “casual” en la era Thatcher nos regaló la imagen de pandillas de adolescentes ingleses de clase trabajadora que fumaban, bebían, se enamoraban y enloquecían por amor a sus equipos de fútbol. Gabardinas Aquascutum, chaquetas Harrington, polos de Fred Perry y… Adidas Samba. Seguir a tu equipo en los partidos europeos supuso también la peregrinación de los hinchas para conseguir un par de Adidas Samba en tiendas continentales. Las hay en numerosos colores, pero las genuinas, las más químicamente puras, son las negras con las tres bandas blancas de Adidas. Parte de su gracia reside en la suela de goma con aspecto de gruesa loncha de tocino. También en la lengüeta, sobre la que estampa el trébol de la marca alemana. Hooligans, ritos de paso masculinos y cerveza, mucha cerveza. Las Samba son sencillas, sobrias, de una austeridad que agrada por igual al afanoso hombre sencillo como al gamberro. El treintañero posmod, postskin, que añora a su Vespa como a su primera novia y que lleva el romanticismo adherido a sus pantalones de pitillo.
    1
    Adidas Samba /El tipo sencillo
    Las Samba son uno de los modelos más icónicos de Adidas y van justo por detrás de las Stan Smith en cuanto a número de pares vendidos. Nacieron para la práctica del fútbol en terrenos helados o superficies duras y se han afianzado en el imaginario popular como un calzado propio de las gradas futboleras. Es fácil imaginarse a uno mismo marcando goles en el gélido Olympiastadion berlinés con un par de sambas en los pies. Pronto se desplazaron al ámbito del fútbol sala, pero se consagraron gracias a la moda callejera. Es un enigma por qué tras más de 65 años, este sobrio par de zapatillas sigue irradiando personalidad y encanto. Arraigó en la subcultura del obrerismo británico. La escena “casual” en la era Thatcher nos regaló la imagen de pandillas de adolescentes ingleses de clase trabajadora que fumaban, bebían, se enamoraban y enloquecían por amor a sus equipos de fútbol. Gabardinas Aquascutum, chaquetas Harrington, polos de Fred Perry y… Adidas Samba. Seguir a tu equipo en los partidos europeos supuso también la peregrinación de los hinchas para conseguir un par de Adidas Samba en tiendas continentales. Las hay en numerosos colores, pero las genuinas, las más químicamente puras, son las negras con las tres bandas blancas de Adidas. Parte de su gracia reside en la suela de goma con aspecto de gruesa loncha de tocino. También en la lengüeta, sobre la que estampa el trébol de la marca alemana. Hooligans, ritos de paso masculinos y cerveza, mucha cerveza. Las Samba son sencillas, sobrias, de una austeridad que agrada por igual al afanoso hombre sencillo como al gamberro. El treintañero posmod, postskin, que añora a su Vespa como a su primera novia y que lleva el romanticismo adherido a sus pantalones de pitillo.
  •   Stan Smith  El clásico  Quizá la zapatilla más icónica que exista. Si se ha llamado “tenis” a playeras y bambas ha sido por culpa de este modelo archiconocido. Se diseñaron en 1965 para el tenista francés Robert Haillet, un tipo estiloso que parecía sacado de una peli de la nouvelle vague, cuando el tenis era un deporte delicado y sus jugadores eran lechuguinos con pantalones blancos almidonados y raquetas de madera. Haillet se retiró en 1971 y la firma alemana husmeó el mercado de jugadores para reclutar a Stan Smith, que ese año había ganado el US Open. Siete años después se rebautizaron con su nombre y su cara se imprimió en la lengüeta. La pieza verde en el protector del tendón de Aquiles sigue enamorando al hombre clásico, al tipo con buen gusto, ya sea un acólito de Snoopy o un rapero enfadado del suburbio. La posteridad nos imaginará con ellas puestas, tal y como nos figuramos a un romano con sandalias de cintas. Perfectas para el manso yerno que come los domingos en casa de sus suegros. Eso sí, su blancura es como la de la nieve recién caída: dura poco.
    2
    Stan Smith / El clásico
    Quizá la zapatilla más icónica que exista. Si se ha llamado “tenis” a playeras y bambas ha sido por culpa de este modelo archiconocido. Se diseñaron en 1965 para el tenista francés Robert Haillet, un tipo estiloso que parecía sacado de una peli de la nouvelle vague, cuando el tenis era un deporte delicado y sus jugadores eran lechuguinos con pantalones blancos almidonados y raquetas de madera. Haillet se retiró en 1971 y la firma alemana husmeó el mercado de jugadores para reclutar a Stan Smith, que ese año había ganado el US Open. Siete años después se rebautizaron con su nombre y su cara se imprimió en la lengüeta. La pieza verde en el protector del tendón de Aquiles sigue enamorando al hombre clásico, al tipo con buen gusto, ya sea un acólito de Snoopy o un rapero enfadado del suburbio. La posteridad nos imaginará con ellas puestas, tal y como nos figuramos a un romano con sandalias de cintas. Perfectas para el manso yerno que come los domingos en casa de sus suegros. Eso sí, su blancura es como la de la nieve recién caída: dura poco.
  •   Nike Air Jordan  El eterno adolescente  Su historia es la de transgresión. Cuando en 1984 los Bulls de Chicago ficharon a Michael Jordan, un novato de la Universidad de Carolina, nadie podía presagiar el fenómeno en que se convertiría. El mito empezó a construirse por los pies. Nike vio un filón en aquel escolta al que se apodaba Aire. Por entonces, una norma puritana obligaba a que los jugadores de la NBA llevaran zapatillas blancas. Como marca disruptiva por antonomasia, Nike ideó un plan que era pura desobediencia aunque de signo comercial: unas zapatillas con los colores de los Bulls —rojas y negras— que atraerían las miradas sobre aquel portento de la canasta. Por primera vez, un atleta negro iba a ser la imagen de una marca deportiva. Aquel primer prototipo sembró el escándalo, y el club afrontó la multa de 5.000 dólares por cada partido que Jordan jugaba con esas zapatillas. El modelo se consolidó con un ruido salvaje de estilo y muchos millones detrás. Las Air Jordan han conservado intacta su rebeldía. Atraen inevitablemente a los revoltosos, a los que sienten que dentro de ellos hay un pandillero audaz colándose en una cancha urbana de cemento en un barrio de la periferia. Son un monumento al ego. Y por ello son las preferidas por todo lo que gira alrededor del arte: date una vuelta por un casting teatral, por la puerta de las escuelas de ballet contemporáneo, por una galería de arte. Son las preferidas por los youtubers. Si hubiera un uniforme para los Peter Pan del siglo XXI, incluiría a la fuerza estas zapatillas para el chaval que no quiere dejar de serlo. Se manejan mejor con un monopatín que con un borrador de la Agencia Tributaria. Están ahí y si no los vemos es porque los salones de recreativos desaparecieron.
    3
    Nike Air Jordan / El eterno adolescente
    Su historia es la de transgresión. Cuando en 1984 los Bulls de Chicago ficharon a Michael Jordan, un novato de la Universidad de Carolina, nadie podía presagiar el fenómeno en que se convertiría. El mito empezó a construirse por los pies. Nike vio un filón en aquel escolta al que se apodaba Aire. Por entonces, una norma puritana obligaba a que los jugadores de la NBA llevaran zapatillas blancas. Como marca disruptiva por antonomasia, Nike ideó un plan que era pura desobediencia aunque de signo comercial: unas zapatillas con los colores de los Bulls —rojas y negras— que atraerían las miradas sobre aquel portento de la canasta. Por primera vez, un atleta negro iba a ser la imagen de una marca deportiva. Aquel primer prototipo sembró el escándalo, y el club afrontó la multa de 5.000 dólares por cada partido que Jordan jugaba con esas zapatillas. El modelo se consolidó con un ruido salvaje de estilo y muchos millones detrás. Las Air Jordan han conservado intacta su rebeldía. Atraen inevitablemente a los revoltosos, a los que sienten que dentro de ellos hay un pandillero audaz colándose en una cancha urbana de cemento en un barrio de la periferia. Son un monumento al ego. Y por ello son las preferidas por todo lo que gira alrededor del arte: date una vuelta por un casting teatral, por la puerta de las escuelas de ballet contemporáneo, por una galería de arte. Son las preferidas por los youtubers. Si hubiera un uniforme para los Peter Pan del siglo XXI, incluiría a la fuerza estas zapatillas para el chaval que no quiere dejar de serlo. Se manejan mejor con un monopatín que con un borrador de la Agencia Tributaria. Están ahí y si no los vemos es porque los salones de recreativos desaparecieron.
  •   Gucci Screener El fashionista  Coco Chanel instauró el precepto de que la moda debía bajar de vez en cuando a las calles, y eso es lo que ha hecho Gucci con las Screener, unas zapatillas inspiradas en el vintage de la década de los setenta, con siluetas y materiales old school. Tienen la orgullosa tribanda Web de Gucci y una apariencia desgastada que nos deja perplejos. Que unas zapatillas de 700 euros parezcan sacadas de un vertedero no es quizá un nítido síntoma de lujo, pero su encanto reside en la irónica manera en la que se plantea. Los franceses, siempre tan agudos, designaron a este apetito como nostalgie de la boue, la nostalgia del barro. Se trata de esa atracción irresistible por la vida mísera y los bajos fondos con la que han coqueteado siempre algunos elementos de las clases altas. Todo en sintonía con el espíritu de la casa italiana: subcultura urbana, grafitis. Fascinación burguesa por el barrio. Son la zapatilla emblemática del profesional creativo con sueldo de varios ceros, de los influencers con buena billetera. Esclavos de Instagram, aristócratas urbanos conectados con la moda gracias a la economía digital suntuaria. Diseñadores, personal asalariado de la Moda con mayúsculas. Toda la tribu fashionista a la que Gucci ha hipnotizado. Los dandis de antaño ya deslucían sus trajes pasándoles piedras hasta que parecían andrajos. Aquí hay algo de postureo, pero también ingenuidad. Son sensibles mileniales de espíritu gretista: Gucci ha erradicado las pieles de sus creaciones, en sintonía con los nuevos (y paradójicos) compromisos éticos de la generación nativa digital. Sucias, provocativas.
    4
    Gucci Screener/ El fashionista
    Coco Chanel instauró el precepto de que la moda debía bajar de vez en cuando a las calles, y eso es lo que ha hecho Gucci con las Screener, unas zapatillas inspiradas en el vintage de la década de los setenta, con siluetas y materiales old school. Tienen la orgullosa tribanda Web de Gucci y una apariencia desgastada que nos deja perplejos. Que unas zapatillas de 700 euros parezcan sacadas de un vertedero no es quizá un nítido síntoma de lujo, pero su encanto reside en la irónica manera en la que se plantea. Los franceses, siempre tan agudos, designaron a este apetito como nostalgie de la boue, la nostalgia del barro. Se trata de esa atracción irresistible por la vida mísera y los bajos fondos con la que han coqueteado siempre algunos elementos de las clases altas. Todo en sintonía con el espíritu de la casa italiana: subcultura urbana, grafitis. Fascinación burguesa por el barrio. Son la zapatilla emblemática del profesional creativo con sueldo de varios ceros, de los influencers con buena billetera. Esclavos de Instagram, aristócratas urbanos conectados con la moda gracias a la economía digital suntuaria. Diseñadores, personal asalariado de la Moda con mayúsculas. Toda la tribu fashionista a la que Gucci ha hipnotizado. Los dandis de antaño ya deslucían sus trajes pasándoles piedras hasta que parecían andrajos. Aquí hay algo de postureo, pero también ingenuidad. Son sensibles mileniales de espíritu gretista: Gucci ha erradicado las pieles de sus creaciones, en sintonía con los nuevos (y paradójicos) compromisos éticos de la generación nativa digital. Sucias, provocativas.
  •   Reebok Classic Leather  El pijo nostálgico  Corrían los años ochenta cuando Jane Fonda alentó la fiebre del aeróbic en Estados Unidos calzada con unas Reebok Freestyle. La marca olfateó de inmediato el tirón que la religión aeróbica tendría en el país y patrocinó programas de televisión y gimnasios. Como resultado, multiplicó sus ventas gracias al primer par de zapatillas diseñado en exclusiva para las mujeres. Los ojos masculinos no tardaron en posarse sobre aquellas zapatillas icónicas y Reebok diseñó una versión para ellos, orientada más bien al running: las Classic Leather. Sobrias, elegantes, atemporales. Lo clásico nunca se va del todo y esta reliquia ochentera sigue viéndose sobre el asfalto de nuestras ciudades. Los pijos de esa época encontraron así una zapatilla para ir al gimnasio, jugar al squash o salir a hacer footing. Hay una inevitable nostalgia alrededor de estas Reebok. Evocan estatus. Van bien con vaqueros o con chinos. Puedes estar seguro de que el niño pijo con el que se fue tu novia, en un Ford Fiesta blanco y con un jersey amarillo, llevaba unas Reebok Classic
    5
    Reebok Classic Leather / El pijo nostálgico
    Corrían los años ochenta cuando Jane Fonda alentó la fiebre del aeróbic en Estados Unidos calzada con unas Reebok Freestyle. La marca olfateó de inmediato el tirón que la religión aeróbica tendría en el país y patrocinó programas de televisión y gimnasios. Como resultado, multiplicó sus ventas gracias al primer par de zapatillas diseñado en exclusiva para las mujeres. Los ojos masculinos no tardaron en posarse sobre aquellas zapatillas icónicas y Reebok diseñó una versión para ellos, orientada más bien al running: las Classic Leather. Sobrias, elegantes, atemporales. Lo clásico nunca se va del todo y esta reliquia ochentera sigue viéndose sobre el asfalto de nuestras ciudades. Los pijos de esa época encontraron así una zapatilla para ir al gimnasio, jugar al squash o salir a hacer footing. Hay una inevitable nostalgia alrededor de estas Reebok. Evocan estatus. Van bien con vaqueros o con chinos. Puedes estar seguro de que el niño pijo con el que se fue tu novia, en un Ford Fiesta blanco y con un jersey amarillo, llevaba unas Reebok Classic
  •   New Balance 574  El hombre cómodo  New Balance nació para que estuviéramos cómodos. Se inspiró en los tres puntos de apoyo de las patas palmeadas de los pollos, con los que estos consiguen un balance perfecto, de ahí el nombre de la compañía. En los años sesenta se atrevieron a lanzar el modelo Trackster, con suela dentada y en varios anchos, para el descanso del honrado trabajador nativo. Pero sin quererlo arrasó entre la clase deportista, que vio en aquellas zapatillas el modelo ideal para correr. En los ochenta llegó la eclosión de New Balance. Los yuppies, jóvenes profesionales urbanos, demandaban un nuevo calzado para sus escapadas rurales y la marca dio con la idea definitiva: las 574. Triunfaron sin necesidad de publicidad. Sinónimo de confort, tienen más que ver con la calidad que con diseño o estilo. Las llevaba Steve Jobs para sus presentaciones, como las llevan Jordi Évole o Íñigo Errejón. Gustan a los exigentes y a los contentadizos. Son para el hombre fiel a las modas o para los que llegan tarde a ellas. Se las verás al fundador de una start-up y al que odia complicarse la vida.
    6
    New Balance 574 / El hombre cómodo
    New Balance nació para que estuviéramos cómodos. Se inspiró en los tres puntos de apoyo de las patas palmeadas de los pollos, con los que estos consiguen un balance perfecto, de ahí el nombre de la compañía. En los años sesenta se atrevieron a lanzar el modelo Trackster, con suela dentada y en varios anchos, para el descanso del honrado trabajador nativo. Pero sin quererlo arrasó entre la clase deportista, que vio en aquellas zapatillas el modelo ideal para correr. En los ochenta llegó la eclosión de New Balance. Los yuppies, jóvenes profesionales urbanos, demandaban un nuevo calzado para sus escapadas rurales y la marca dio con la idea definitiva: las 574. Triunfaron sin necesidad de publicidad. Sinónimo de confort, tienen más que ver con la calidad que con diseño o estilo. Las llevaba Steve Jobs para sus presentaciones, como las llevan Jordi Évole o Íñigo Errejón. Gustan a los exigentes y a los contentadizos. Son para el hombre fiel a las modas o para los que llegan tarde a ellas. Se las verás al fundador de una start-up y al que odia complicarse la vida.