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Seis libros de esta semana

Santos Juliá, Andrés Barba y Santiago Sylvester, entre los autores destacados

  • "La Transición se ha convertido desde hace 80 años en un término polisémico de la política española. Santos Juliá ha rastreado las huellas de este tránsito sin fin, que discurre desde las primeras gestiones de Azaña por una mediación internacional que pusiera término a la catástrofe de la Guerra Civil hasta nuestros días, en que, lejos de haber entrado en el armario de la historia, se ha enquistado como artefacto arrojadizo del debate político. Juliá dedica medio libro a describir las iniciativas que desde la rebelión militar hasta la muerte de Franco en la cama trataron sin éxito de abreviar primero la guerra y después la dictadura. La Transición se fiaba a una mediación externa. Azaña nunca logró entender que los artífices de la no intervención, Gran Bretaña y Francia, permanecieran pasivos ante la presencia de tropas nazis y fascistas en España". Por JESÚS CEBERIO
    1La Transición permanente "La Transición se ha convertido desde hace 80 años en un término polisémico de la política española. Santos Juliá ha rastreado las huellas de este tránsito sin fin, que discurre desde las primeras gestiones de Azaña por una mediación internacional que pusiera término a la catástrofe de la Guerra Civil hasta nuestros días, en que, lejos de haber entrado en el armario de la historia, se ha enquistado como artefacto arrojadizo del debate político. Juliá dedica medio libro a describir las iniciativas que desde la rebelión militar hasta la muerte de Franco en la cama trataron sin éxito de abreviar primero la guerra y después la dictadura. La Transición se fiaba a una mediación externa. Azaña nunca logró entender que los artífices de la no intervención, Gran Bretaña y Francia, permanecieran pasivos ante la presencia de tropas nazis y fascistas en España". Por JESÚS CEBERIO GALAXIA GUTENBERG Ir a noticia
  • "La metáfora es una muletilla que permite al lenguaje, de manera más o menos honorable, confesar su inhabilidad de nombrar las cosas con exactitud. En algunos poetas esa muletilla es exaltada y central; en otros, el poema mismo sirve de metáfora para una idea, intuición o visión que, si fuera expresada en términos ingenuamente explícitos, acabaría no diciendo nada o sólo cosas banales. La obra del argentino Santiago Sylvester es una de las más admirables de la poesía contemporánea en castellano. Sylvester (Salta, 1942) fue abogado, periodista, jefe de asesores de la Biblioteca Nacional, premio Gil de Biedma y Gran Premio Internacional Jorge Luis Borges. Sus varios libros de poesía, leídos en su conjunto, resultan una suerte de tratado filosófico sobre los sentidos plurales de la memoria. Escenas recordadas, comparaciones entre el pasado y el presente, la precaución de no creer con demasiada avidez en la precisión de lo que decimos que ocurrió, la elaboración de paisajes nostálgicos que se derrumban ante el más mínimo roce con testigos son algunas de las maneras en las que Sylvester procede para construir su gran metáfora. “Es difícil, pero ahora el mundo se asienta en la memoria.  Antes  era más fácil: el caparazón de una tortuga  o cuatro elefantes haciendo fuerza  sostenían el flujo de los ríos, la estabilidad de la tierra: lo  que vuela, nada, corre, se esconde, suspira o se  queda quieto;  las estrellas fijas o fugaces encontraban ahí su consistencia:  el comercio, la llegada de Colón a América,  lo que está bien y lo que no:  la tentación de enumerar.  Ahora  el mundo ya no tiene pilares sino  base discutida (…)  Ahora el mundo se asienta en una urdimbre (…)  que es suma,  no sé si es unidad”. Por ALBERTO MANGUEL
    2Los que conversan "La metáfora es una muletilla que permite al lenguaje, de manera más o menos honorable, confesar su inhabilidad de nombrar las cosas con exactitud. En algunos poetas esa muletilla es exaltada y central; en otros, el poema mismo sirve de metáfora para una idea, intuición o visión que, si fuera expresada en términos ingenuamente explícitos, acabaría no diciendo nada o sólo cosas banales. La obra del argentino Santiago Sylvester es una de las más admirables de la poesía contemporánea en castellano. Sylvester (Salta, 1942) fue abogado, periodista, jefe de asesores de la Biblioteca Nacional, premio Gil de Biedma y Gran Premio Internacional Jorge Luis Borges. Sus varios libros de poesía, leídos en su conjunto, resultan una suerte de tratado filosófico sobre los sentidos plurales de la memoria. Escenas recordadas, comparaciones entre el pasado y el presente, la precaución de no creer con demasiada avidez en la precisión de lo que decimos que ocurrió, la elaboración de paisajes nostálgicos que se derrumban ante el más mínimo roce con testigos son algunas de las maneras en las que Sylvester procede para construir su gran metáfora. “Es difícil, pero ahora el mundo se asienta en la memoria. / Antes / era más fácil: el caparazón de una tortuga / o cuatro elefantes haciendo fuerza / sostenían el flujo de los ríos, la estabilidad de la tierra: lo / que vuela, nada, corre, se esconde, suspira o se / queda quieto; / las estrellas fijas o fugaces encontraban ahí su consistencia: / el comercio, la llegada de Colón a América, / lo que está bien y lo que no: / la tentación de enumerar. / Ahora / el mundo ya no tiene pilares sino / base discutida (…) / Ahora el mundo se asienta en una urdimbre (…) / que es suma, / no sé si es unidad”. Por ALBERTO MANGUEL Ir a noticia
  • "Siempre que leo un libro nuevo de Gonzalo Hidalgo Bayal, me reafirmo en que es uno de los más destacados novelistas españoles de las últimas décadas. Siendo así, no entiendo cómo todavía no ha obtenido el Premio de la Crítica o el Premio Nacional de Narrativa. Se llevó otros premios. Cosas que pasan. Ahora regresa el extremeño con 'La princesa y la muerte', que mucho se parece a un ejercicio narrativo de desparejo logro, como suele ocurrir muchas veces con los libros de piezas cortas, pero que no obstante sobresale por su espíritu casi experimental. Procuraré explicarme. 'La princesa y la muerte' (título que recuerda a uno de los más célebres cuartetos de Franz Schubert, 'La doncella y la muerte') está compuesto de 21 fábulas en torno al motivo de la princesa que debe ser rescatada por un valiente caballero para casarse luego con ella. Este libro, según cuenta el mismo autor en su epílogo, fueron historias que nacieron de la lectura de otras clásicas de la narrativa infantil. Hidalgo Bayal, de la mano de su hija por una playa, va componiendo historias alrededor del legendario asunto, un procedimiento que también nos remite a los famosos paseos de Lewis Carroll con Alicia Liddell. El tema central del libro es esa relación entre la princesa y su príncipe salvador, aunque, en estas fábulas, dicho salvador puede ser de cualquier condición social. Yo diría que estamos ante una variación sobre el mismo tema. Un juego narrativo que podría durar hasta el infinito, dadas las infinitas suertes que las princesas del libro de Hidalgo Bayal ofrecen al amplio elenco de pretendientes". Por J. ERNESTO AYALA-DIP
    3Fábulas para todos "Siempre que leo un libro nuevo de Gonzalo Hidalgo Bayal, me reafirmo en que es uno de los más destacados novelistas españoles de las últimas décadas. Siendo así, no entiendo cómo todavía no ha obtenido el Premio de la Crítica o el Premio Nacional de Narrativa. Se llevó otros premios. Cosas que pasan. Ahora regresa el extremeño con 'La princesa y la muerte', que mucho se parece a un ejercicio narrativo de desparejo logro, como suele ocurrir muchas veces con los libros de piezas cortas, pero que no obstante sobresale por su espíritu casi experimental. Procuraré explicarme. 'La princesa y la muerte' (título que recuerda a uno de los más célebres cuartetos de Franz Schubert, 'La doncella y la muerte') está compuesto de 21 fábulas en torno al motivo de la princesa que debe ser rescatada por un valiente caballero para casarse luego con ella. Este libro, según cuenta el mismo autor en su epílogo, fueron historias que nacieron de la lectura de otras clásicas de la narrativa infantil. Hidalgo Bayal, de la mano de su hija por una playa, va componiendo historias alrededor del legendario asunto, un procedimiento que también nos remite a los famosos paseos de Lewis Carroll con Alicia Liddell. El tema central del libro es esa relación entre la princesa y su príncipe salvador, aunque, en estas fábulas, dicho salvador puede ser de cualquier condición social. Yo diría que estamos ante una variación sobre el mismo tema. Un juego narrativo que podría durar hasta el infinito, dadas las infinitas suertes que las princesas del libro de Hidalgo Bayal ofrecen al amplio elenco de pretendientes". Por J. ERNESTO AYALA-DIP Tusquets Ir a noticia
  • "En República luminosa' —35º Premio Herralde de Novela—, hallamos uno de los elementos nucleares del mundo narrativo de Andrés Barba: la indagación —acerada, agria e implacable— de los afectos, emociones y sentimientos que anidan en el seno de una familia y modulan las relaciones entre sus miembros. Ahora el autor avanza notablemente y proyecta el conflicto en una escala más amplia, en el tejido social de una ciudad de provincias, San Cristóbal, encajonada entre la selva y el río, “con sus familias tradicionales (…), sus enredos políticos y su languidez tropical”, donde se reproducen “los mismos mecanismos de perpetuación en el poder, los mismos circuitos de legitimación y amiguismo, las mismas dinámicas” que en otras ciudades pequeñas. Allí llega, en abril de 1993, el narrador de este memorial, un joven funcionario de Asuntos Sociales, recién casado con Maia —profesora de violín de San Cristóbal y madre de una niña de nueve años—, al que le ofrecen el puesto por el éxito obtenido con un programa de integración de comunidades indígenas desarrollado recientemente en otra localidad. Veinte años después, rememora y analiza, tratando de hallarles una explicación, los sucesos desencadenados a raíz de la aparición de 32 niños “violentos”, de procedencia desconocida y cuya presencia altera por completo la vida de la ciudad". Por ANA RODRÍGUEZ FISCHER
    4Desde el subsuelo "En República luminosa' —35º Premio Herralde de Novela—, hallamos uno de los elementos nucleares del mundo narrativo de Andrés Barba: la indagación —acerada, agria e implacable— de los afectos, emociones y sentimientos que anidan en el seno de una familia y modulan las relaciones entre sus miembros. Ahora el autor avanza notablemente y proyecta el conflicto en una escala más amplia, en el tejido social de una ciudad de provincias, San Cristóbal, encajonada entre la selva y el río, “con sus familias tradicionales (…), sus enredos políticos y su languidez tropical”, donde se reproducen “los mismos mecanismos de perpetuación en el poder, los mismos circuitos de legitimación y amiguismo, las mismas dinámicas” que en otras ciudades pequeñas. Allí llega, en abril de 1993, el narrador de este memorial, un joven funcionario de Asuntos Sociales, recién casado con Maia —profesora de violín de San Cristóbal y madre de una niña de nueve años—, al que le ofrecen el puesto por el éxito obtenido con un programa de integración de comunidades indígenas desarrollado recientemente en otra localidad. Veinte años después, rememora y analiza, tratando de hallarles una explicación, los sucesos desencadenados a raíz de la aparición de 32 niños “violentos”, de procedencia desconocida y cuya presencia altera por completo la vida de la ciudad". Por ANA RODRÍGUEZ FISCHER Anagrama Ir a noticia
  • "Cuando el gran Juan Cueto elogió la primera novela de Pablo Sánchez en 2005, 'La caja negra', no podía adivinar que el escritor retomaría aquella voz para cuajar hoy su novela más madura, sutil, sarcástica y divertida sobre mimbres parecidos y una novedad sustancial. La voz de este escritor barcelonés —el par de páginas sobre Barcelona figuran ya como munición contra el narcisismo compulsivo de la ciudad— se ha hecho mucho más dúctil y más compleja, trufada de ironía inteligente y de autoparodias y parodias francamente divertidas del mundo de las ideas y de las ilusiones literarias. Las recreaciones del lenguaje del padre en su vasta y acomplejante obra filosófica son hilarantes y precisas, como lo es la recreación de la pasividad escéptica del hijo en una mezcla del Ignatius de Kennedy Toole, pasado por la sátira de Ignacio Vidal-Folch, la espera del escribiente de Melville y un fondo latente de cervantismo como mejor bajo continuo. No sale indemne de este libro fresco y divertido con mala leche la aclimatación pragmatista, mesocrática y bovinamente socialdemócrata (por decir algo) que encarna el hijo protagonista, narrador y traumatizado por su padre escritor". Por JORDI GRACIA
    5Elegía y sátira de la revolución "Cuando el gran Juan Cueto elogió la primera novela de Pablo Sánchez en 2005, 'La caja negra', no podía adivinar que el escritor retomaría aquella voz para cuajar hoy su novela más madura, sutil, sarcástica y divertida sobre mimbres parecidos y una novedad sustancial. La voz de este escritor barcelonés —el par de páginas sobre Barcelona figuran ya como munición contra el narcisismo compulsivo de la ciudad— se ha hecho mucho más dúctil y más compleja, trufada de ironía inteligente y de autoparodias y parodias francamente divertidas del mundo de las ideas y de las ilusiones literarias. Las recreaciones del lenguaje del padre en su vasta y acomplejante obra filosófica son hilarantes y precisas, como lo es la recreación de la pasividad escéptica del hijo en una mezcla del Ignatius de Kennedy Toole, pasado por la sátira de Ignacio Vidal-Folch, la espera del escribiente de Melville y un fondo latente de cervantismo como mejor bajo continuo. No sale indemne de este libro fresco y divertido con mala leche la aclimatación pragmatista, mesocrática y bovinamente socialdemócrata (por decir algo) que encarna el hijo protagonista, narrador y traumatizado por su padre escritor". Por JORDI GRACIA ALGAIDA Ir a noticia
  • John Berger precisó que la casa era el centro del mundo, no en sentido geográfico, sino en el ontológico: “La idea del absoluto  es todas las ideas”. Que el hogar era ese lugar desde el cual se podía fundar el mundo y que estaba en el corazón de lo real, allí donde se vuelve a estar en el punto de partida, de regreso de todos los viajes, pues “aquello que nos retiene es el lugar”. Por ANTONIO ORTEGA
    6El corazón del mundo John Berger precisó que la casa era el centro del mundo, no en sentido geográfico, sino en el ontológico: “La idea del absoluto / es todas las ideas”. Que el hogar era ese lugar desde el cual se podía fundar el mundo y que estaba en el corazón de lo real, allí donde se vuelve a estar en el punto de partida, de regreso de todos los viajes, pues “aquello que nos retiene es el lugar”. Por ANTONIO ORTEGA Ir a noticia