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Siete libros de esta semana

Joyce Carol Oates, Nuria Barrios y E. C. Bentley, entre los autores reseñados

  • La enigmática cubierta emulando a Hopper ya avanza la tensión y la ansiedad que recorren la nueva y radical novela de la sempiterna candidata al Nobel, que ha pergeñado un megalómano alegato contra la irracionalidad que envenena nuestra sociedad, consagrando su complejo estilo de múltiples registros a llevar a cabo una profunda reflexión sobre el aborto y la pena de muerte en los Estados Unidos, dos cuestiones que generan esa violencia que obsesionó a su admirado Norman Mailer y a otros narradores americanos como Don DeLillo o Cormac McCarthy, que tiñe de sangre la bandera americana y que tarde o temprano conduce a una forma de martirio sin redención. La enjuta y austera Joyce Carol Oates, que se ha ocupado bajo incontables pretextos narrativos de la falaz moral americana, escribe aquí sobre la muerte por aborto, por inyección letal o por ignominia y no abandona los conflictos entre padres, hijas y esposos, con frecuencia aderezados con un asesino, que arrastra desde Mamá, Infiel, La hija del sepulturero, Ave del Paraíso o Carthage. Por JAVIER APARICIO MAYDEU
    1La corriente de la conciencia La enigmática cubierta emulando a Hopper ya avanza la tensión y la ansiedad que recorren la nueva y radical novela de la sempiterna candidata al Nobel, que ha pergeñado un megalómano alegato contra la irracionalidad que envenena nuestra sociedad, consagrando su complejo estilo de múltiples registros a llevar a cabo una profunda reflexión sobre el aborto y la pena de muerte en los Estados Unidos, dos cuestiones que generan esa violencia que obsesionó a su admirado Norman Mailer y a otros narradores americanos como Don DeLillo o Cormac McCarthy, que tiñe de sangre la bandera americana y que tarde o temprano conduce a una forma de martirio sin redención. La enjuta y austera Joyce Carol Oates, que se ha ocupado bajo incontables pretextos narrativos de la falaz moral americana, escribe aquí sobre la muerte por aborto, por inyección letal o por ignominia y no abandona los conflictos entre padres, hijas y esposos, con frecuencia aderezados con un asesino, que arrastra desde Mamá, Infiel, La hija del sepulturero, Ave del Paraíso o Carthage. Por JAVIER APARICIO MAYDEU Ir a noticia
  • Aquel videómano que fue el argentino Manuel Puig poseía —lo recoge su biógrafa Suzanne Jill Levine— una importante colección de vídeos en (antiguos) formatos distintos —Beta, PAL-N y NTSC (copio sin saber muy bien qué fueron aquellos trastos)—, a la que consideraba una biblioteca de referencia. Hace mucho tiempo que este lector no leía a Puig, pero este lector, y cualquier otro, bien recuerda lo importante que fue el cine como argumento de tantas novelas suyas, y tantos guiones: todo ello, en España, en Seix Barral. Por JAVIER GOÑI
    2Puig en estado puro Aquel videómano que fue el argentino Manuel Puig poseía —lo recoge su biógrafa Suzanne Jill Levine— una importante colección de vídeos en (antiguos) formatos distintos —Beta, PAL-N y NTSC (copio sin saber muy bien qué fueron aquellos trastos)—, a la que consideraba una biblioteca de referencia. Hace mucho tiempo que este lector no leía a Puig, pero este lector, y cualquier otro, bien recuerda lo importante que fue el cine como argumento de tantas novelas suyas, y tantos guiones: todo ello, en España, en Seix Barral. Por JAVIER GOÑI Ir a noticia
  • La presencia del referente mitológico que caracterizó Nostalgia de Odiseo, el anterior libro poético de Nuria Barrios, es en su nuevo libro sólo un elemento inspirador más. Éste convive con la experiencia propia, con la memoria, con el acercamiento al mundo desde el binomio gozodolor que atraviesa toda existencia. Leyendo La luz de la dinamo el lector se adentra en las tres zonas que suelen condicionar esa dialéctica: la memoria, el amor, la muerte. Los tres apartados en que se divide el libro nos familiarizan con esa geografía emocional. La memoria, que condiciona el presente y aviva los sueños infantiles y los cantos de entonces, ritos de antiguos juegos en los que vida y muerte convivían como realidad y presentimiento. El amor y sus contradicciones y claroscuros, el reto diario de su construcción en la vida cotidiana (“El equilibrio  cuando se consigue  es raro”) con sus dosis de destrucción, con sus desajustes, con la felicidad siempre en precario. La muerte cercana, la sombra de la enfermedad que nos lleva a la recapitulación sobre el propio destino, sobre el origen y sobre los estragos del tiempo y de la enfermedad. Por MANUEL RICO
    3Memoria y realidad La presencia del referente mitológico que caracterizó Nostalgia de Odiseo, el anterior libro poético de Nuria Barrios, es en su nuevo libro sólo un elemento inspirador más. Éste convive con la experiencia propia, con la memoria, con el acercamiento al mundo desde el binomio gozo/dolor que atraviesa toda existencia. Leyendo La luz de la dinamo el lector se adentra en las tres zonas que suelen condicionar esa dialéctica: la memoria, el amor, la muerte. Los tres apartados en que se divide el libro nos familiarizan con esa geografía emocional. La memoria, que condiciona el presente y aviva los sueños infantiles y los cantos de entonces, ritos de antiguos juegos en los que vida y muerte convivían como realidad y presentimiento. El amor y sus contradicciones y claroscuros, el reto diario de su construcción en la vida cotidiana (“El equilibrio / cuando se consigue / es raro”) con sus dosis de destrucción, con sus desajustes, con la felicidad siempre en precario. La muerte cercana, la sombra de la enfermedad que nos lleva a la recapitulación sobre el propio destino, sobre el origen y sobre los estragos del tiempo y de la enfermedad. Por MANUEL RICO Ir a noticia
  • En la estupenda Biblioteca de Clásicos Policiacos de Siruela acaba de aparecer una novela que fue celebrada por el Detection Club como la mejor novela policiaca jamás escrita. Lo afirmaban, entre otros, G. K. Chesterton, Agatha Christie (presidenta durante 19 años), Dorothy L. Sayers, Ronald Knox, Freeman Wills Croft y el resto de sus selectos socios. Lo cierto es que esta novela trastocó un montón de reglas y convenciones de la novela policiaca clásica. E. C. Bentley la escribió en 1913, se dice que harto de la infalibilidad de detectives como Sherlock Holmes. Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU
    4Envejecer bien En la estupenda Biblioteca de Clásicos Policiacos de Siruela acaba de aparecer una novela que fue celebrada por el Detection Club como la mejor novela policiaca jamás escrita. Lo afirmaban, entre otros, G. K. Chesterton, Agatha Christie (presidenta durante 19 años), Dorothy L. Sayers, Ronald Knox, Freeman Wills Croft y el resto de sus selectos socios. Lo cierto es que esta novela trastocó un montón de reglas y convenciones de la novela policiaca clásica. E. C. Bentley la escribió en 1913, se dice que harto de la infalibilidad de detectives como Sherlock Holmes. Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU Ir a noticia
  • En su ensayo Sobre el estilo tardío, Edward Said se fijaba en el trabajo contra corriente de algunos artistas al alcanzar su madurez. En vez de obras armoniosas, sosegadas y con los “secretos del oficio”, las entregaban problemáticas, descompensadas, más jóvenes que las de los jóvenes de edad. El paradigma sería el Beethoven de los últimos cuartetos. Los hispanohablantes tenemos la suerte de percibir el mismo proceso en la argentina Hebe Uhart (Moreno, 1936). Después de una magistral obra de ficción (los cuentos de Guiando la hiedra o la novela Camilo asciende), cuando apareció su primer libro de crónicas, Viajera crónica (2011), Uhart no se cansó de responder en las entrevistas: se me agotó la ficción y salí a mirar el mundo, no quería repetirme. Es una manera humilde de decirlo: la fortuna de que un estilo tan particular como el suyo pueda reinventarse en un género expansivo como la crónica es una alegría para el futuro de la literatura, como demuestra De aquí para allá, cuarto libro de crónicas de Uhart, y primero con una temática común. Uhart reúne 10 crónicas sobre comunidades indígenas de América del Sur, desde Carmen de Patagones, en la frontera de la Patagonia, hasta la costa que une Colombia y Venezuela, pasando por Tucumán, El Chaco Salteño, las comunidades de Otavalo en Ecuador o de Iquitos en Perú. Una pluralidad de formas de vida en movimiento, de comunidades mixtas y orígenes mapuches, guaraníes, toba, quom, wayuu, etcétera. Por CARLOS PARDO
    5Maestra del trazo único En su ensayo Sobre el estilo tardío, Edward Said se fijaba en el trabajo contra corriente de algunos artistas al alcanzar su madurez. En vez de obras armoniosas, sosegadas y con los “secretos del oficio”, las entregaban problemáticas, descompensadas, más jóvenes que las de los jóvenes de edad. El paradigma sería el Beethoven de los últimos cuartetos. Los hispanohablantes tenemos la suerte de percibir el mismo proceso en la argentina Hebe Uhart (Moreno, 1936). Después de una magistral obra de ficción (los cuentos de Guiando la hiedra o la novela Camilo asciende), cuando apareció su primer libro de crónicas, Viajera crónica (2011), Uhart no se cansó de responder en las entrevistas: se me agotó la ficción y salí a mirar el mundo, no quería repetirme. Es una manera humilde de decirlo: la fortuna de que un estilo tan particular como el suyo pueda reinventarse en un género expansivo como la crónica es una alegría para el futuro de la literatura, como demuestra De aquí para allá, cuarto libro de crónicas de Uhart, y primero con una temática común. Uhart reúne 10 crónicas sobre comunidades indígenas de América del Sur, desde Carmen de Patagones, en la frontera de la Patagonia, hasta la costa que une Colombia y Venezuela, pasando por Tucumán, El Chaco Salteño, las comunidades de Otavalo en Ecuador o de Iquitos en Perú. Una pluralidad de formas de vida en movimiento, de comunidades mixtas y orígenes mapuches, guaraníes, toba, quom, wayuu, etcétera. Por CARLOS PARDO Ir a noticia
  • "Lo merece el relato y lo merece la autora”, esto se escucha en este libro pequeño que es una joya porque encierra hallazgo, enigma, conocimiento, aventura y belleza. Y no sólo por lo que concierne a la narración y a la personalidad de Egeria, su autora, “probablemente la primera escritora española de nombre conocido cuya obra ha llegado a nuestras manos”, y de que el suyo sea “el primer libro español de viajes”, sino también porque las primeras 61 páginas del libro ofrecen impagable regalo de cómo fue la recuperación de ese texto, del perfil de Egeria y del transitar por el siglo IV. Que era posible viajar en esa época, si se disponía de medios, aunque se fuera mujer. Que si el recorrido se realiza entre el año 381 y el 384, el descubrimiento de este relato, hermoso y sencillo y naturalmente literario, comienza en Arezzo en 1884 con el hallazgo de dos textos en latín copiados en el siglo XI. Que Egeria no es una monja y que es buena observadora porque aprecia el detalle y lo disfruta y comparte. Por MARÍA JOSÉ OBIOL
    6La primera aventurera "Lo merece el relato y lo merece la autora”, esto se escucha en este libro pequeño que es una joya porque encierra hallazgo, enigma, conocimiento, aventura y belleza. Y no sólo por lo que concierne a la narración y a la personalidad de Egeria, su autora, “probablemente la primera escritora española de nombre conocido cuya obra ha llegado a nuestras manos”, y de que el suyo sea “el primer libro español de viajes”, sino también porque las primeras 61 páginas del libro ofrecen impagable regalo de cómo fue la recuperación de ese texto, del perfil de Egeria y del transitar por el siglo IV. Que era posible viajar en esa época, si se disponía de medios, aunque se fuera mujer. Que si el recorrido se realiza entre el año 381 y el 384, el descubrimiento de este relato, hermoso y sencillo y naturalmente literario, comienza en Arezzo en 1884 con el hallazgo de dos textos en latín copiados en el siglo XI. Que Egeria no es una monja y que es buena observadora porque aprecia el detalle y lo disfruta y comparte. Por MARÍA JOSÉ OBIOL Ir a noticia