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En el santuario del arquitecto más reivindicado por la generación Instagram

"¿Le interesa ser moderno?" "Solo me interesa ser nuevo". El arquitecto Ricardo Bofill nos muestra cómo es vivir en la utopía

Ricardo Bofill
Ricardo Bofill junto a la piscina roja. Tras los cipreses la estructura cúbica acristalada, también roja, hace las veces de comedor.

La casa que el arquitecto Ricardo Bofill (Barcelona, 5 de diciembre de 1939) se construyó en la Costa Brava es un retrato de su carácter: expresivo, vehemente y, a su modo, espiritual. Visitamos el santuario del arquitecto más reivindicado por la generación Instagram

Hábleme de esta casa en la que estamos, su lugar de descanso en la Costa Brava. Cuando me preguntan dónde te gusta vivir o qué te gusta hacer, la respuesta es estar aquí y en La Fábrica, mi casa de Barcelona. Estos lugares son la expresión más directa de mi manera de pensar, de mi manera de vivir, de mi estética y de mi manera de ver el mundo. Tienen en común el gusto por la arquitectura pobre y que en las dos existen espacios para descansar, espacios para trabajar, espacios para ver a los demás cuando lo deseas. Esta organización me ha ido llevando a una vida monacal, muy estricta. Y me hubiese gustado ir hacia una arquitectura aún más pobre, como las arquitecturas del desierto. La mayor sensibilidad que poseo es la espacial, eso es lo que me permite mirar el espacio de una determinada manera, con los ojos muy abiertos.

Vista de la biblioteca en la que el arquitecto sigue pensando y proyectando con la misma calma que en su casa de Barcelona. En la planta de abajo, Ricardo y su mujer, Marta.
Vista de la biblioteca en la que el arquitecto sigue pensando y proyectando con la misma calma que en su casa de Barcelona. En la planta de abajo, Ricardo y su mujer, Marta.

Sus casas me parecen lugares donde se respira una espiritualidad muy profunda. Son espacios ritualizados para una cierta manera de vivir y de trabajar. Existe un aspecto espiritual, pero relacionado con mi ateísmo y mi manera de pensar.

No se lo preguntaba con un matiz religioso. ¿Le interesa la religión? Me interesa la religión, pero no me gusta porque me parece una facilidad para la vida. Ser religioso es como tener una especie de guía de comportamiento y a mí me gusta la libertad. Cuando yo era joven siempre estaba fuera de la norma. Vengo de una familia muy liberal y no me apetecía casarme, no me gustaba estar en la academia. Me gustaban las drogas, me gustaba la libertad personal. Estar fuera de la norma, fuera de una clase social o de una religión prefijada.

¿Se considera una persona espiritual? La palabra espiritual me es un poco ajena.

Para mí una persona espiritual es una persona reflexiva que sabe conectarse consigo misma y con lo que tiene alrededor. Soy una persona totalmente autoanalizada. Cada etapa de mi vida ha sido un análisis crítico de lo que he hecho y una proyección de lo que intento ser. Estoy constantemente analizándome, cuestionándome y proyectándome hacia el futuro. 

¿Condiciona este autoanálisis su manera de hacer arquitectura? Me da el retrato de lo que yo soy y de las arquitecturas que produzco. Mi obra es el reflejo de la evolución de mi personalidad a lo largo del tiempo.

¿Cree en el psicoanálisis? El psicoanálisis, tal como ha derivado desde Sigmund Freud, me es poco útil. Lo único que un psicoanalista haría de mí es intentar convertirme en una persona normal.

Un buen psicoanalista lo que intentaría es que se conociera a sí mismo. Es que eso yo lo hago solo. Analizarme a mí mismo es casi lo que mejor sé hacer. Y conocer mis límites. En el fondo lo que me interesa es la creatividad, esa línea frágil entre la cordura y la locura. 

"Vengo de una familia muy liberal y no me apetecía casarme, no me gustaba estar en la academia. Me gustaban las drogas, me gustaba la libertad personal. Estar fuera de la norma o de una clase social"

La Muralla Roja, una de sus primeras obras, es el lugar de España más publicado en Instagram. Construí ese edificio entre 1973 y 1974, prácticamente sin planos y utilizando albañiles de la empresa de mi padre. Quise hacer una obra vernacular sofisticada, una oposición al paisaje que la rodeaba. Pero las redes sociales no se entretienen en entender por qué lo hice. Nunca miran un conjunto, miran por puntos y hacen observaciones y críticas a estos puntos. Tienen la ventaja de la instantaneidad y el inconveniente de la frivolidad, de la falta de profundidad en el análisis. Este pensamiento puntual hace que mi obra, que es una trayectoria pensada y articulada, se juzgue por instantes.

Coincidirá conmigo en que las redes sociales han acercado su trabajo a un nuevo público. A mí ser conocido no me interesa. No quiero publicar un libro sobre mi obra o hacer unas memorias. Si tengo que escribir prefiero escribir sobre el futuro. Soy más proyectista que analista.

Con perspectiva, ¿cómo ve su obra? En la época del Walden [Walden-7, el controvertido edificio de viviendas sociales que terminó en 1975] trabajaba en proyectos utópicos que fueron haciéndose realidad. No veo mi obra como una sucesión de éxitos, sino desde un punto de vista crítico. Cambio de estilo, cambio de lenguaje y de procedimientos porque el análisis crítico hace que yo mismo me dé la oportunidad de cambiar y hacer otro proyecto diferente. Me gusta ensayar arquitecturas variadas con vocabularios distintos, por eso es tan complicado para la crítica analizar mi obra.

Aun así, seguro que hay una música común. Hay una sintonía común, a mi pesar. Me gustaría cambiar más de lo que cambio. Cada proyecto arrastra el 60 o el 70 % del pasado y puede ser novedoso en un 10 o 20 %. Es imposible que un proyecto sea completamente nuevo, pero algo he conseguido. La Muralla Roja no se parece al Walden, el Walden no se parece a Marne-la-Vallée [monumental conjunto neobarroco de viviendas sociales terminado en 1985], Marne-la-Vallée no se parece al Vela [el Hotel W Barcelona, 2010], el Vela no se parece al aeropuerto [las ampliaciones de 1991 y 2009 de El Prat], y el aeropuerto no se parece a esta casa. Cuando se estudia mi obra en profundidad sí que se ve la misma problemática: el cruce de la vertical con la horizontal, el colocar una ventana en la pared, el gusto por el minimalismo, el gusto por la fuerza de la expresión, el gusto por una intimidad muy selectiva y privada…

Retrato de Bofill en una estancia ajardinada de la casa. El ladrillo de la pared es el mismo que en el exterior y subraya la  continuidad entre ambos espacios.
Retrato de Bofill en una estancia ajardinada de la casa. El ladrillo de la pared es el mismo que en el exterior y subraya la continuidad entre ambos espacios.

¿Qué está haciendo últimamente? Tengo proyectos en Moscú, en África, en Chipre y en India, y en cada uno he intentado recoger procesos que desarrollé al principio de mi vida, poniéndolos al día. He hecho modernidad clásica, posmodernidad, arquitectura africana, incluso neoconstructivismo.

¿Trabajar en cuatro proyectos tan diferentes al mismo tiempo no es un poco esquizofrénico? Ir hasta el borde de la esquizofrenia controlada me parece un acto de creatividad. Fuerzas la dualidad, el espíritu crítico. Estás dentro y fuera del proyecto, lo vives y lo observas desde fuera. 

¿Cómo se ve a sí mismo? Como un nómada. Esto ya se dijo de mí en Francia hace muchos años, porque mi tipo de vida y mi tipo de arquitectura estaban alejados de los cánones. En las conferencias intento explicar a los jóvenes que hay partes de mí que les pueden valer, pero que no puedo servirles como modelo, porque para serlo ellos tendrían que llevar la vida que yo he llevado. Me siento un poco distinto. Yo no soy un académico, por eso estoy mal aceptado por la academia. Me expulsaron de la Universidad y me expulsaron de Madrid, donde no pude construir. Esto me hizo viajar a Francia y después a Argelia, Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá, Japón, China, India. He aceptado este tipo de vida y me ha gustado, o he hecho que me gustase. 

¿De dónde le vienen las ideas? Por un lado, llegan del impulso por hacer y proyectar, y por otro, del conocimiento y las influencias exteriores. Las mías son variadísimas, desde la arquitectura vernacular, la del desierto o el clasicismo griego y romano, hasta la arquitectura del Renacimiento, la de Borromini o la perfección de los templos de Kyoto. Eso sí, cuando proyecto me vacío de referencias. Enfoco el problema, busco cuál puede ser mi aportación y, si no puedo presentar nada nuevo, lo dejo.

¿Da importancia a las ideas que vienen del subconsciente? Los sueños también me sirven como elementos para estudiar mi personalidad. Viajo tanto que tengo problemas para dormir, y mi relación con el sueño es muy importante. El sueño profundo es el que me relaja, el que me da creatividad. A veces abandono un proyecto para volver a él al día siguiente, analizando cuáles han sido mis sueños, en una condición psicológica distinta.

Salón de doble altura. Un espacio que, a pesar de estar en medio del campo, no tiene apenas vistas con el fin de reforzar la sensación de recogimiento. El dormitorio (a la derecha), apenas aislado con unas cortinas, habla de la relación entre lo público y lo privado presente en toda la casa.
Salón de doble altura. Un espacio que, a pesar de estar en medio del campo, no tiene apenas vistas con el fin de reforzar la sensación de recogimiento. El dormitorio (a la derecha), apenas aislado con unas cortinas, habla de la relación entre lo público y lo privado presente en toda la casa.

¿Hoy qué ha soñado?  Durante unas horas estuve sumido en cierta sensación de felicidad física, sentía una energía que me rodeaba y en la que me movía con placer. He llegado a la conclusión de que los recuerdos vitales son más de dolor que de placer e intento controlar mi propia actitud hacia ellos. En estos últimos años de vida, que son años difíciles porque te enfrentas al final, intento amplificar la sensación de placer.

¿Y cómo está gestionando la etapa vital en la que se encuentra? Cuando cumplí los 40 años empecé a rebajar mi vanidad voluntariamente. Actualmente estoy en la fase más baja de mi ego. Una persona con una visión ególatra al final de su vida es poco elegante consigo misma. Este concepto también me gusta llevarlo a mi propio trabajo: si soy humilde quiere decir que todavía puedo mejorar.

¿Así le gana la partida al tiempo? Con la edad pierdes memoria pero ganas concentración y creatividad. Las ganas de vivir están relacionadas con las ganas de crear. Quiero ser optimista. Quiero vivir, no morir. Quiero ser ateo en lugar de religioso. Quiero ser poliédrico. Últimamente estoy leyendo a Schopenhauer: la voluntad y la representación, la relación entre la vida y la muerte.

Hablando de egos, usted es un arquitecto con una vinculación muy estrecha con el poder.  En mi trabajo hay una constante relación con él. En Francia, por ejemplo, politizan la arquitectura. No hablan de autores sino de la arquitectura de Luis XIV o de Napoleón.

"Ir hasta el borde de la esquizofrenia controlada me parece un acto de creatividad. Fuerzas la dualidad, el espíritu crítico. Estás dentro y fuera del proyecto, lo vives y lo observas desde fuera"

Habrá vivido situaciones muy duras. Egos, traiciones, corrupción… Todo eso ha pasado por delante de mí. Yo no tengo voluntad de poder, pero es algo que me interesa mucho porque muestra la maldad humana.

¿Cómo convive con ello? La arquitectura que hago, la que me piden, es arquitectura de ciudad, icónica, distinta a cualquier cosa que se haya visto, y esto te relaciona inmediatamente con los poderosos. Cuando estás discutiendo un proyecto urbanístico a gran escala se organiza una guerra: por un lado está el que tiene el dinero, el que tiene el poder, y luego estás tú, que tienes la inteligencia y el conocimiento. ¡En momentos así sí que es necesario sacar tu ego!

El brutalismo es un concepto que se está usando muy alegremente últimamente. ¿Qué opina? El brutalismo es un movimiento muy concreto, excesivo y rotundo. A mí me gusta hacer ensayos exteriores rotundos. Como Walden, con el que se rompe la idea del bloque, de familia, de propiedad, pero construido para que la comunidad que viviese ahí estuviese orgullosa. Es un monumento de una casa en verticalidad. Lo hice para explicar que se podía hacer arquitectura social de otra manera, que podía ser visible. Amigos de la época me decían que la arquitectura social tenía que ser una arquitectura que no se viese y, cuando respondía que eso me parecía casi un insulto, me llamaban estalinista. Pero a mí me parecía que hacer una arquitectura social para una sociedad heterogénea con distintos modos de vivir era algo bueno. 

El jardín como escenografía. Los juegos de volúmenes y las ventanas con efecto dramático son recursos arquitectónicos muy utilizados por Bofill.
El jardín como escenografía. Los juegos de volúmenes y las ventanas con efecto dramático son recursos arquitectónicos muy utilizados por Bofill.

Más estalinistas me parecen esos bloques indecentes que se encuentran por las carreteras.  En Rusia me suelen pedir que haga más waldens, pero no quiero porque considero que esa es una época acabada para mí. En cambio, una de las cuatro arquitecturas que estoy haciendo ahora es un trocito del Walden llevado al máximo lujo y a sus máximas posibilidades. Es un proyecto de viviendas que tengo en Chipre. 

Llevar el Walden al lujo me parece fascinante. ¿Esa brutalidad exterior con esa delicadeza interior define a Ricardo Bofill? Lo que tú llamas exterior son como trozos de ciudad. Cada uno de mis proyectos es un trocito de una ciudad imposible. Opino que en arquitectura el exterior es la definición del espacio público, de la ciudad, y la ciudad mediterránea, mezclada, siempre me ha interesado. La he dividido en trozos y, si juntases todo lo que hecho te saldría una ciudad. Cuando hago espacios privados me acerco más a mi manera íntima de ser, es como la distinción entre un libro de Tolstoi y otro de Dostoievski. La distinción entre el comportamiento público y el comportamiento intimo. El espacio privado, que lo hago muy poco, es minimalista, sin referencias, sin objetos, priorizando el espacio ante todo, ritualizando la vida… En los interiores me acerco más a una arquitectura más personal.

¿Cómo ve el futuro? Hasta el año 2000 se podían prever las décadas siguientes, pero ahora el futuro es complejo y contradictorio. La lectura del futuro es distinta desde la globalización. Estamos entre la construcción y la destrucción. Los investigadores en California quieren creer que todo es posible, pero cuando estás en China y ves que miles de personas se mudan del campo a la ciudad, piensas que es difícil. Por lo tanto, no hay lectura. Está la voluntad de pensar. No se puede ser ni estúpidamente optimista ni absolutamente destructivo.

¿Le interesa ser moderno? Solo me interesa ser nuevo.

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