En tu camino al trabajo es posible que te hayas cruzado con algún cíborg y no te hayas dado cuenta. Quizá porque los imaginas como seres con chips sobre la piel y muchos botones. Los que viven entre nosotros, sin embargo, no se diferencian en casi nada. Llevan marcapasos que regulan el latido de su corazón o implantes cocleares para escuchar mejor.El objetivo de estos aparatos, como el de los miembros biónicos, es restituir habilidades perdidas, pero ¿es posible utilizar esa tecnología para dotar al hombre de nuevas habilidades y sentidos? Científicos, ingenieros y artistas de todo el mundo invierten sus energías en ese fin. Ponen su empeño en integrar tecnología y cuerpo humano bajo la bandera del transhumanismo. Sus experiencias comienzan a dar frutos. Así son los cíborgs de hoy.Getty“A los que queráis seguir siendo humanos, os digo una cosa: en el futuro, seréis una subespecie”, así de contundente se mostró el científico británico Kevin Warwick en una conferencia en el British Council de Madrid en 2004. Este investigador de la Universidad de Coventry (Reino Unido) lleva 20 años experimentando en el campo del transhumanismo.
“Es como haber descubierto un continente nuevo: hay peligro y riesgo pero también avances emocionantes”, sostiene Warwick en declaraciones a EL PAÍS vía correo electrónico. Warwick asegura que la conexión directa del cerebro humano a Internet será el gran hito de esta ciencia. “La comunicación entre cíborgs y máquinas, a través de la mente, lo cambiará todo”, continúa. Sus estudios han ido en esa dirección.
Kevin Warwick
En 1998 los cirujanos implantaron a Warwick un chip con tecnología RFID bajo la piel. Es la misma tecnología que, por ejemplo, utiliza Inditex para identificar cada prenda. Con ella, controlaba la puerta y la luz de su despacho. Cuatro años más tarde le fue implantado otro chip en su brazo izquierdo para conectar su sistema nervioso a un ordenador y manejar una mano mecánica. Tras semanas en las que no pasó nada, fue capaz, finalmente, de abrir y cerrar el puño tan solo con la mente.
Para su siguiente experimento implantó un chip en el brazo a su esposa. Así, Warwick podía sentir en su extremidad cualquier presión o movimiento en el de ella. Warwick también ha recorrido el camino inverso.
kevin Warwick
En 2008 implantó células neuronales de ratones a un robot móvil. El impulso eléctrico de la máquina penetraba en las neuronas y se transformaba en órdenes. Estas células vivas formaban conexiones, lo que permitía a la máquina rodante la capacidad de aprender. Su principal habilidad consistía en evitar obstáculos, técnica que perfeccionó durante los tres meses, aproximadamente, de vida de las neuronas.
Kevin WarwickUn equipo de la Universidad Estatal de Arizona, Estados Unidos, trabaja en un sistema para controlar drones con la mente, subvencionado por el ejército estadounidense en 2014. El piloto lleva una especie de gorro de baño con 128 electrodos que detectan las ondas cerebrales.
Los electrodos identifican las partes del cerebro que se activan para dar las órdenes y las transmiten por 'bluetooth' a los robots aéreos. Hasta ahora han conseguido que los drones se extiendan por un área, se reagrupen o rodeen un objetivo. Además de los fines militares, el control mental de vehículos podría utilizarse en logística, ayuda humanitaria y en labores de salvamento.
En julio de este año, 50 empleados de la compañía tecnológica de Wisconsin (EE UU) The Square Market se han implantado un chip, del tamaño de un grano de arroz, entre el pulgar y el índice, que les permitirá moverse por su entorno laboral sin claves ni tarjetas. Funciona gracias a la tecnología NFC (near field communication, comunicación por proximidad) que permite llevar a cabo mandatos sencillos. Muchos aparatos, como móviles o relojes inteligentes los incluyen en su interior. Este el primer proyecto de esta naturaleza que se lleva a cabo en Estados Unidos, aunque la tecnología fue aprobada para su uso en 2004 por la FDA, la institución que regula medicamentos y aparatos médicos.AFPLa empresa belga de software NewFusion, también ha implantado este año un chip, con tecnología RFID a varios empleados. Su objetivo es, según declaraciones del director a Europa Press, encontrar una manera fácil de abrir puertas o acceder al ordenador. Con ese objetivo el estadounidense Tim Cannon (en la imagen) se colocó, en 2013, un chip en el brazo para registrar sus datos biométricos, abrir puertas y encender dispositivos.
Cannon es cofundador de Grindhouse, un colectivo que desarrolla dispositivos implantables. Además del chip, Cannon porta un dispositivo de almacenamiento de datos y GPS conectado al móvil. En la oreja, lleva instalado otro al que envía sonidos que resuenan en su cabeza. En la mano lleva implantado, un led rojo y un imán con el que siente los campos electromagnéticos. Todo de manera experimental con un fin: llegar a ser 100% artificial algún día.
Chris Dancy declara ser el hombre más monitorizado del mundo. Desde que se levanta hasta que se acuesta, su actividad, y sus constantes vitales, son medidas por multitud de sensores. También cuando duerme. Un dispositivo con forma de bola mágica de cristal, registra todos los sonidos y movimientos que realiza mientras descansa. Hasta su báscula envía información sobre su peso a su teléfono móvil.
Dancy asegura que todos los datos recabados por más de 2.000 sensores, le ayudan a ser consciente de sus actos y a tomar decisiones en su vida. Todo empezó como un proyecto para controlar su peso.
Chris Dancy“Mi localización y las calorías se han convertido en los datos más relevantes para mí”, apunta por correo electrónico este estadounidense de 48 años que ha conseguido adelgazar sin dedicarle mucho esfuerzo. Dancy también controla su espiritualidad, sus finanzas y su ocio mediante aparatos. "Si estoy estresado cuento con un dispositivo que me recuerda que debo meditar". Los wearables son su principal apoyo.
Además de medir su tensión, la concentración de oxígeno en sangre o el latido de su corazón, le permiten interactuar con su coche y con su casa. En ella ha instalado un termostato inteligente que sabe cuándo está en casa. Por ahora Dancy descarta implantar la tecnología en su cuerpo. “La idea de estar permanentemente conectado no me seduce. Yo quiero tener el control de lo que quiero medir”, asegura.
Chris DancyManel Muñoz es un barcelonés de 20 años capaz de sentir la presión atmosférica. En la nuca lleva un barómetro con cuatro motores colocados detrás de la oreja, que capta los cambios en la fuerza que ejerce la atmósfera sobre la superficie de la Tierra. Cada motor tiene un rango de presión asignado, de manera que cuando se activan, avisan a Muñoz de la altura a la que se encuentra mediante una vibración. “Me interesa entender las subidas y bajadas de presión, para tener una percepción diferente del mundo”, explica por teléfono Muñoz a EL PAÍS, mientras viaja en tren desde Barcelona hacia el norte. “He sentido cómo bajaba la presión a medida que me alejaba de la costa”, cuenta.Neil HarbissonEl dispositivo, por ahora, es externo. “Acabo de colocarlo pero no descarto que me sea implantado en el futuro”, admite. Lo importante, continúa, es que el cerebro comience a identificar esos estímulos como propios. “Entonces sí que será parte de mí por completo”. Muñoz lleva a cabo este proceso con el apoyo de Neil Harbisson, el primer ciborg reconocido de manera legal por un país y uno de los fundadores de la Cyborg Foundation de Barcelona.
Muñoz no pretende encontrar una aplicación práctica al invento sino explorar campos sensoriales a los que el ser humano no tiene acceso. “Estamos ante el inicio de una nueva forma de creación artística, el percepcionismo, tú decides qué quieres percibir. Tú eres el artista, la obra y tu propio espectador”, dice.
Neil HarbissonNeil Harbisson es el primer humano considerado oficialmente cíborg. En 2004, el Gobierno inglés aceptó su foto de carnet, con la antena que lleva en la cabeza, al renovar el pasaporte. Una decisión sin precedentes que ratificó que su extensión cibernética es parte de su cuerpo. Este artista de origen hispano-británico ve en escala de grises por una condición congénita llamada acromatopsia. Es capaz, sin embargo, de sentir los colores gracias a un sensor y un chip que tiene implantados en su cráneo.
Este sistema capta la frecuencia que cada tonalidad genera y la transforma en una vibración en su cabeza. Así es capaz de distinguir colores, como los infrarrojos o los ultravioleta, que los demás humanos no percibimos. Su objetivo es seguir ampliando su apreciación hacia los rayos X y gamma.
Hector AdalidHarbisson ha ideado, junto a la bailarina y también cíborg Moon Ribas, el Sistema de Comunicación Transdental, un dispositivo que se adhiere al diente y que permite comunicarse vía morse, mediante 'bluetooth', con otra persona que lo tenga.
También se han aventurado a dominar el tiempo, para ello han creado un órgano del tiempo. Se trata de una corona de silicona térmica con doce resistencias (en la imagen) que se van calentando según la hora. "Si son las doce, el calor estará justo en mi frente, si son las seis, lo hará en la nuca", apunta Harbisson. "Esto hará posible controlar la percepción del tiempo", continúa.
Cyborg FoundationHarbisson creó la Cyborg Foundation en 2010 en Barcelona junto a Moon Ribas. Este organismo sin ánimo de lucro quiere ayudar a las personas a convertirse en ciborgs. “Buscamos incorporar nuevos sentidos y órganos al ser humano. Hay organizaciones con el objetivo de recrear sentidos y órganos preexistentes, como el oído o los brazos. Tampoco queremos integrar la inteligencia artificial. Nosotros apoyamos la incorporación de sentidos artificiales. Si te añades un sentido artificial, la inteligencia será creada por tu cerebro, no por la máquina. Si solo insertas inteligencia artificial, tu cerebro no hará ningún esfuerzo por adaptarse”, explica Ribas. En la imagen, instalación del diente de comunicación vía morse.Cyborg FoundationMoon Ribas puede sentir un terremoto en el Pacífico mientras duerme en Barcelona. Un chip conectado a Internet vibra en el brazo derecho de esta bailarina y coreógrafa cada vez que los sismógrafos registran temblores en el planeta. “Exploro nuevas formas de movimiento”, afirma Ribas, natural de Mataró, Barcelona.
Al igual que Harbisson, experimenta con fines artísticos. “Hay terremotos cada ocho minutos. Por eso decidí conectar mi cuerpo a los sismógrafos. La Tierra se ha convertido en la coreógrafa de mis danzas”, continúa. Ahora va a implantarse un chip para notar los 'lunamotos' (movimientos sísmicos lunares) en los pies. “No hace falta ir a la Luna para poder pisarla, podemos llevarla en nosotros. Mi cuerpo estará en la Tierra, pero mis pies allí arriba”, agrega.
Lars NorgaardLa cibernética aplicada al cuerpo humano se enfrenta a muchos retos. “Los comités de bioética no aceptan este tipo de cirugías. La sociedad tiene que darse cuenta de que debemos diseñarnos a nosotros mismos. Si hubiésemos creado la visión nocturna en vez de la bombilla, las ciudades estarían a oscuras pero podríamos ver de noche, y sería mejor para el planeta”, explica la artista.
A juicio de Ribas y Harbisson, los humanos ya actuamos como cíborgs psicológicos por el uso de los smartphones. “Nos quedamos sin batería en vez de decir que nuestro móvil se queda sin batería. Hablamos de tecnología como parte de nuestra vida. El próximo paso es que será parte esencial de nuestra biología”, concluye.