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Inflación futbolística

El mercado está loco. Con la apertura del mercado de verano, el mundo del fútbol ha visto el crecimiento desmesurado de las cantidades pagadas por el fichaje de jugadores. Recuerdo como descabellado los 2.400 millones de pesetas abonados por Diego Tristán o los 4.000 millones que costó Rivaldo. Ahora me parecen baratos. Evidentemente, existen muchos más nombres, jugadores contrastados o con una cierta garantía de éxito. Fichajes que, ya sea por la mercadotecnia o por los títulos, resultaron fructíferos para las arcas del club comprador. Neymar es el techo, pero hay una larga lista de jugadores con un precio de mercado desmesurado para lo realmente visto sobre el terreno de juego. Este debería ser el punto de inflexión. Hay que ponerle fin a esta locura. Las entidades competentes deberían tomar cartas en el asunto para tratar de normalizar el mercado y acabar con el despilfarro monetario. Un despilfarro que perjudica enormemente y margina a los clubes modestos, incluso a los de clase media. Un futbolista debe ser un deportista y jamás un activo financiero. Valoremos su actuación sobre el campo. Volvamos al fútbol de verdad.— Alberto Gabarrón González. Viladecans (Barcelona).

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