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Ocho libros de esta semana

Alejandra Pizarnik, Max Aub y Karl Ove Knausgård, entre los autores destacados

  • Cuarenta y cinco años después de su muerte, la presencia de Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972) sigue creciendo. En 2013, Lumen publicó la segunda edición de sus Diarios, que duplica en número de páginas (más de 1.000) a la primera. La responsable de ambas ediciones, Ana Becciu, anota en el prólogo: “He tenido en cuenta el respeto a la intimidad de terceras personas…”: aún quedan cosas silenciadas y se impondrá una tercera versión, completa. Además, el sello porteño Mardulce acaba de reeditar La vida tranquila de Marguerite Duras, en la traducción de Pizarnik de 1972. Esta Nueva correspondencia (1955-1972) complementa la edición de la Correspondencia que Ivonne Bordelois (poeta y corresponsal de Pizarnik) había publicado en Buenos Aires en 1998. A lo que habría que agregar las cartas a León Ostrov, editadas en 2012: fue su primer psicoanalista, a quien dedicó su segundo libro (La última inocencia, 1956) y acerca del cual escribiría en su diario, en mayo de 1967: “¿Creo en el psicoanálisis? No. Ostrov me hizo bien en el sentido de que no me hizo demasiado mal”. Pero debe tenerse en cuenta que, para entonces, Pizarnik estaba luchando contra (por así decir) su segundo psicoanalista, Enrique Pichon-Rivière, obsesionado, como ella, por Lautréamont. Por EDGARDO DOBRY
    1Estimada señora Pizarnik Cuarenta y cinco años después de su muerte, la presencia de Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972) sigue creciendo. En 2013, Lumen publicó la segunda edición de sus Diarios, que duplica en número de páginas (más de 1.000) a la primera. La responsable de ambas ediciones, Ana Becciu, anota en el prólogo: “He tenido en cuenta el respeto a la intimidad de terceras personas…”: aún quedan cosas silenciadas y se impondrá una tercera versión, completa. Además, el sello porteño Mardulce acaba de reeditar La vida tranquila de Marguerite Duras, en la traducción de Pizarnik de 1972. Esta Nueva correspondencia (1955-1972) complementa la edición de la Correspondencia que Ivonne Bordelois (poeta y corresponsal de Pizarnik) había publicado en Buenos Aires en 1998. A lo que habría que agregar las cartas a León Ostrov, editadas en 2012: fue su primer psicoanalista, a quien dedicó su segundo libro (La última inocencia, 1956) y acerca del cual escribiría en su diario, en mayo de 1967: “¿Creo en el psicoanálisis? No. Ostrov me hizo bien en el sentido de que no me hizo demasiado mal”. Pero debe tenerse en cuenta que, para entonces, Pizarnik estaba luchando contra (por así decir) su segundo psicoanalista, Enrique Pichon-Rivière, obsesionado, como ella, por Lautréamont. Por EDGARDO DOBRY Ir a noticia
  • Derrotado, superando maltratos franceses, arenales argelinos, infamias del momento, con la familia dejada atrás, Max Aub llega a México, con una galería de personajes, de paisajes, que habían de conformar una suerte de laberinto mágico, mezcla de realidades y ficciones, vividas, oídas, y se pone a darle forma, en la cabeza desde el final, a esa triste derrota. En 1943 publica el primero de sus Campos, serán seis desperdigados en dos décadas: por vez primera en España a partir de 1978, tantos años después, en Alfaguara, luego en bolsillo, los seis campos, y ahora una editorial totalmente aubiana, o casi, inicia con este Campo cerrado la recuperación de todo el laberinto. Por JAVIER GOÑI
    2Palabras y pólvora Derrotado, superando maltratos franceses, arenales argelinos, infamias del momento, con la familia dejada atrás, Max Aub llega a México, con una galería de personajes, de paisajes, que habían de conformar una suerte de laberinto mágico, mezcla de realidades y ficciones, vividas, oídas, y se pone a darle forma, en la cabeza desde el final, a esa triste derrota. En 1943 publica el primero de sus Campos, serán seis desperdigados en dos décadas: por vez primera en España a partir de 1978, tantos años después, en Alfaguara, luego en bolsillo, los seis campos, y ahora una editorial totalmente aubiana, o casi, inicia con este Campo cerrado la recuperación de todo el laberinto. Por JAVIER GOÑI Ir a noticia
  • Cristina Cerrada (Madrid, 1970) es doctora en Estudios Literarios, licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y en Sociología. Coordina cursos de narrativa breve. Su primer libro de narrativa publicado, Noctámbulos, ya obtuvo en 2003 un galardón, hecho casi regular ante cada nueva obra suya (Premio Lengua de Trapo, Barbastro, Ateneo de Sevilla…). Por CARLOS ZANÓN
    3A tijeretazos Cristina Cerrada (Madrid, 1970) es doctora en Estudios Literarios, licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y en Sociología. Coordina cursos de narrativa breve. Su primer libro de narrativa publicado, Noctámbulos, ya obtuvo en 2003 un galardón, hecho casi regular ante cada nueva obra suya (Premio Lengua de Trapo, Barbastro, Ateneo de Sevilla…). Por CARLOS ZANÓN Ir a noticia
  • Prosigue la feliz andadura literaria de Karl Ove Knausgård en nuestro país y el pulso literario contraído consigo mismo no decae. Bien es verdad que de los cinco volúmenes leídos hasta ahora en castellano, y 3.200 páginas aproximadamente, este último, traducido como Tiene que llover, es el primero con abiertos síntomas de cansancio y algunos automatismos. Knausgård se mantiene fiel a su estilo hiperrealista, pero en algunas páginas se le nota extenuado, forzándose para recuperar la oscuridad de su pasado. Tiene que llover es continuación del volumen anterior. Parece una obviedad, pero su ciclo autobiográfico no ha respetado la cronología más que entre los volúmenes 4 y 5, y eso porque recrean una totalidad: la lucha de un hombre que quiere ser escritor, porque quiere ser una estrella para los demás y, al mismo tiempo, la humillación que sufre al no encontrar la llave de esa realización. En este libro todo son humillaciones: como estudiante en la escuela creativa de Bergen, en las aulas que abandona pronto, en el amor, en las relaciones familiares, tras una borrachera… Es el libro del desconcierto absoluto. Si la vida acostumbra a ser cruel en ocasiones, digamos que Knausgård eleva la lucha por la vida a la categoría de principio, pero también de rutina, demorándose en las múltiples carnicerías de las que fue víctima, y también verdugo. Es como si estuviéramos en el circo romano asistiendo al despellejamiento de unos gladiadores. El interés del público está en ver cuál se mantiene en pie porque lo resiste todo. Este es Knausgård. Por ANNA CABALLÉ
    4Knausgård ‘forever’ Prosigue la feliz andadura literaria de Karl Ove Knausgård en nuestro país y el pulso literario contraído consigo mismo no decae. Bien es verdad que de los cinco volúmenes leídos hasta ahora en castellano, y 3.200 páginas aproximadamente, este último, traducido como Tiene que llover, es el primero con abiertos síntomas de cansancio y algunos automatismos. Knausgård se mantiene fiel a su estilo hiperrealista, pero en algunas páginas se le nota extenuado, forzándose para recuperar la oscuridad de su pasado. Tiene que llover es continuación del volumen anterior. Parece una obviedad, pero su ciclo autobiográfico no ha respetado la cronología más que entre los volúmenes 4 y 5, y eso porque recrean una totalidad: la lucha de un hombre que quiere ser escritor, porque quiere ser una estrella para los demás y, al mismo tiempo, la humillación que sufre al no encontrar la llave de esa realización. En este libro todo son humillaciones: como estudiante en la escuela creativa de Bergen, en las aulas que abandona pronto, en el amor, en las relaciones familiares, tras una borrachera… Es el libro del desconcierto absoluto. Si la vida acostumbra a ser cruel en ocasiones, digamos que Knausgård eleva la lucha por la vida a la categoría de principio, pero también de rutina, demorándose en las múltiples carnicerías de las que fue víctima, y también verdugo. Es como si estuviéramos en el circo romano asistiendo al despellejamiento de unos gladiadores. El interés del público está en ver cuál se mantiene en pie porque lo resiste todo. Este es Knausgård. Por ANNA CABALLÉ Ir a noticia
  • Desde que Mo Yan obtuviera el Premio Nobel de Literatura en 2012, una buena parte de su obra ha venido siendo traducida al idioma español; la última, por ahora, es esta novela corta que data de 2003. Mo Yan es un autor que conoce bien la literatura occidental, pero la tradición literaria china es la base de toda su obra. En esta nouvelle trata sobre todo de problemas y vivencias de la China actual. Sin prescindir de los aspectos dramáticos de sus historias (en especial Sorgo rojo o Grandes pechos, amplias caderas), hay que señalar que es un escritor que practica con gran maestría el género de la sátira, una sátira que dirige principalmente contra la burocracia china y su sentido del humor le lleva a crear escenas y personajes hilarantes. Es un declarado admirador de la obra de Gabriel García Márquez y esta influencia se advierte sobre todo en la intervención de lo mágico y lo fantástico en la mayoría de sus novelas, que hacen que, unido a su mencionado empleo del humor, sean, por su estilo directo y poder de fascinación, apreciadas por un público amplio tanto de lectores de su país como de la cultura occidental. Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU
    5Historias de premio Desde que Mo Yan obtuviera el Premio Nobel de Literatura en 2012, una buena parte de su obra ha venido siendo traducida al idioma español; la última, por ahora, es esta novela corta que data de 2003. Mo Yan es un autor que conoce bien la literatura occidental, pero la tradición literaria china es la base de toda su obra. En esta nouvelle trata sobre todo de problemas y vivencias de la China actual. Sin prescindir de los aspectos dramáticos de sus historias (en especial Sorgo rojo o Grandes pechos, amplias caderas), hay que señalar que es un escritor que practica con gran maestría el género de la sátira, una sátira que dirige principalmente contra la burocracia china y su sentido del humor le lleva a crear escenas y personajes hilarantes. Es un declarado admirador de la obra de Gabriel García Márquez y esta influencia se advierte sobre todo en la intervención de lo mágico y lo fantástico en la mayoría de sus novelas, que hacen que, unido a su mencionado empleo del humor, sean, por su estilo directo y poder de fascinación, apreciadas por un público amplio tanto de lectores de su país como de la cultura occidental. Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU Ir a noticia
  • El día 26 de mayo de 1828, a las cuatro de la tarde, apareció en la localidad alemana de Núremberg un adolescente de mirada perdida que llevaba una carta en la mano y era incapaz de hablar, más allá de la frase “Quiero ser jinete como mi padre”. Así empieza este “horripilante enigma”, quizás la más inaudita historia de abuso contra el alma humana jamás presenciada. El chaval era incapaz de andar por sí solo, no podía comer carne o cerveza (se embriagaba al comer uvas), solo conocía 12 vocablos (el más importante de ellos era “caballo”) y no mostraba “miedo, extrañeza ni desconcierto” ante nada de lo que sucedía a su alrededor. Era, para decirlo rápido y mal, como una ternera. Una ternera alfabetizada: cuando le alcanzaron papel y pluma fue capaz de escribir su nombre: Kaspar Hauser. Por KIKO AMAT
    6Un misterio para siempre El día 26 de mayo de 1828, a las cuatro de la tarde, apareció en la localidad alemana de Núremberg un adolescente de mirada perdida que llevaba una carta en la mano y era incapaz de hablar, más allá de la frase “Quiero ser jinete como mi padre”. Así empieza este “horripilante enigma”, quizás la más inaudita historia de abuso contra el alma humana jamás presenciada. El chaval era incapaz de andar por sí solo, no podía comer carne o cerveza (se embriagaba al comer uvas), solo conocía 12 vocablos (el más importante de ellos era “caballo”) y no mostraba “miedo, extrañeza ni desconcierto” ante nada de lo que sucedía a su alrededor. Era, para decirlo rápido y mal, como una ternera. Una ternera alfabetizada: cuando le alcanzaron papel y pluma fue capaz de escribir su nombre: Kaspar Hauser. Por KIKO AMAT Ir a noticia
  • El origen y la búsqueda en sus zonas oscuras, en pos del agua nutricia que puede acercarnos a la explicación de la vida. Amalia Iglesias Serna afronta ese reto, complejo y multidireccional, en dos libros que se complementan: Tótem espantapájaros y La sed del río. En el primero de ellos acude a lo mágicosagrado, a los espacios interiores y telúricos, a las zonas en claroscuro de la memoria, esas zonas que enlazan con el principio de la especie y que, según confiesa en el prólogo, se activaron a partir de una grave enfermedad ya superada. En una hermosa edición, el lenguaje se encuentra con lo visual, lo simbólico con lo conceptual y ambos con la fusión, a través de la imagen y de su negativo, en caligramas presentados gráficamente acotados por el contorno del cuerpo humano: “El cuerpo como espacio simbólico de la metáfora y mapa de la memoria”, escribe Iglesias Serna. El caligrama juega con el color de fondo de páginas encontradas, de tal modo que de cada poema tenemos una suerte de imagen reflejada con fondo negro y letra “manuscrita”: la luz y la sombra, la realidad y su negativo. La obra de esta poeta siempre ha descansado en la relación dialéctica entre lo metafísico y lo real, en la búsqueda de lo inexpresable: en Tótem, esa indagación se alimenta de imágenes procedentes de un mundo primitivo y ancestral (la arcilla, las brasas, el fuego, la nube, la nieve) fundido con la naturaleza y enfrentado a la lógica de una sociedad mercantilizada (“un verso con raíces y troncos de abrazar”) y en el que la poesía actúa como conjuro: “Un verso al día lejos de los escombros de  los mercados”. La poeta ahonda, bucea en las sombras, busca la luz y la oscuridad a la vez para “abrir un hueco  alrededor del miedo” y muestra sus referencias de un modo sutil: Larrea, Dylan Thomas, Pizarnik, Lorca. Por MANUEL RICO
    7La palabra reveladora El origen y la búsqueda en sus zonas oscuras, en pos del agua nutricia que puede acercarnos a la explicación de la vida. Amalia Iglesias Serna afronta ese reto, complejo y multidireccional, en dos libros que se complementan: Tótem espantapájaros y La sed del río. En el primero de ellos acude a lo mágico/sagrado, a los espacios interiores y telúricos, a las zonas en claroscuro de la memoria, esas zonas que enlazan con el principio de la especie y que, según confiesa en el prólogo, se activaron a partir de una grave enfermedad ya superada. En una hermosa edición, el lenguaje se encuentra con lo visual, lo simbólico con lo conceptual y ambos con la fusión, a través de la imagen y de su negativo, en caligramas presentados gráficamente acotados por el contorno del cuerpo humano: “El cuerpo como espacio simbólico de la metáfora y mapa de la memoria”, escribe Iglesias Serna. El caligrama juega con el color de fondo de páginas encontradas, de tal modo que de cada poema tenemos una suerte de imagen reflejada con fondo negro y letra “manuscrita”: la luz y la sombra, la realidad y su negativo. La obra de esta poeta siempre ha descansado en la relación dialéctica entre lo metafísico y lo real, en la búsqueda de lo inexpresable: en Tótem, esa indagación se alimenta de imágenes procedentes de un mundo primitivo y ancestral (la arcilla, las brasas, el fuego, la nube, la nieve) fundido con la naturaleza y enfrentado a la lógica de una sociedad mercantilizada (“un verso con raíces y troncos de abrazar”) y en el que la poesía actúa como conjuro: “Un verso al día lejos de los escombros de / los mercados”. La poeta ahonda, bucea en las sombras, busca la luz y la oscuridad a la vez para “abrir un hueco / alrededor del miedo” y muestra sus referencias de un modo sutil: Larrea, Dylan Thomas, Pizarnik, Lorca. Por MANUEL RICO Ir a noticia
  • Los setenta del siglo pasado fueron una década ominosa en América Latina. Un vendaval militarista arrasó las democracias y endureció si cabe las dictaduras heredadas. Eric Nepomuceno era por aquel entonces un periodista brasileño que de Centroamérica al Cono Sur transitó por senderos de extrema violencia donde a menudo ni siquiera la vida era un derecho humano. De esa materia están hechos bastantes de los relatos que el autor ha agrupado bajo el título Bangladesh, tal vez. Por JESÚS CEBERIO
    8Jirones de la memoria Los setenta del siglo pasado fueron una década ominosa en América Latina. Un vendaval militarista arrasó las democracias y endureció si cabe las dictaduras heredadas. Eric Nepomuceno era por aquel entonces un periodista brasileño que de Centroamérica al Cono Sur transitó por senderos de extrema violencia donde a menudo ni siquiera la vida era un derecho humano. De esa materia están hechos bastantes de los relatos que el autor ha agrupado bajo el título Bangladesh, tal vez. Por JESÚS CEBERIO Ir a noticia