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La carne y la pasta

Quizás por la llovizna, se vio a Jordi Pujol y Marta Ferrusola alicaídos aunque con un 3% de esperanza

Jordi Pujol y Marta Ferrusola a la salida de su hogar en Barcelona.
Jordi Pujol y Marta Ferrusola a la salida de su hogar en Barcelona.

Está lloviendo en España y eso nos da un poquito de sosiego. El otoño se comporta con normalidad y la lluvia siempre mejora, tanto las siembras como las fotos. Por ejemplo, esa instantánea de la pareja Jordi Pujol y Marta Ferrusola saliendo de su casa, después de la inspección policial que terminó por convertir en imputados a más miembros de esa familia, no sería igual si los adoquines no brillaran por el agua. Esas gotitas de lluvia añaden melancolía y profundidad a la imagen. Casi como un cuadro de Rusiñol sobre los sueños perdidos, las paradojas de una vida pública.

Quizás por la llovizna, la pareja de Marta y Jordi se ve alicaída aunque con un 3% de esperanza. El exlíder un poco más relajado, vistiendo americana de cuadros y pantalón blanco, como haciendo un guiño a Iñaki Urdangarin que gusta de vestirse de la misma manera en otoño. Marta aparece más cariacontecida, siempre es más duro para una madre ver que tus problemas, o imputaciones, arrastran a la prole. La señora Ferrusola no está tan sola: al menos históricamente siempre ha habido familias que se enriquecen y luego son investigadas. Allí están los Batista en Cuba, los Marcos en Filipinas. Aunque los Franco mudaron sus cosas del Pardo con tiempo y paciencia, para los Reza Pahlevi la cosa fue distinta. El destino pareció ensañarse con ellos. Salieron pitando de Teherán en un avión amueblado como la cueva de Alí Baba, un melange de tesoros familiares y nacionales, después de que la revolución islámica los evacuara del poder. El sha murió abandonado por sus amigos y Farah Diba atravesó humillaciones en ese exilio inesperado, incluyendo el que presuntamente Omar Torrijos, hombre fuerte de Panamá, olisqueara su ropa interior en la casa de Contadora que les prestaron cuando nadie los quería.

Claro que no queremos eso para los Pujol, aunque hayan extraído petróleo de la Administración. Al verlos en esa imagen, mientras olisqueaban policialmente su casa, no se puede negar que hubo una familia bien estructurada y un nuevo lema: familia que se imputa unida más unida permanece. Imagino sus desayunos o cenas en las fechas señaladas, hablando en clave. Para decir Andorra emplearían un código secreto y así distinguirla de Suiza. Reían confundiendo ITV con TV3. Y al 3% seguro que lo llamaban de manera más honorable. Puede que lo bautizaran El Seny, para distinguirlo y honrarlo.

La noticia de la imputación coincidió con el anuncio de la Organización Mundial de la Salud acerca del riesgo cancerígeno de las carnes procesadas. Con la de salchichas, chorizos y butifarras buenísimas que hay en esa parte del mundo, que se comen y disfrutan mejor en familia. No queda claro si va a afectar al jamón, pero me preocupan los patés en los bocadillos colegiales y ese gran sustento de los Pantoja durante los noventa que fue la mortadela.

Se me hace cuesta arriba ser vegetariano, debo reconocerlo a pesar de que mis padres fueron macrobióticos más de 20 años. La carne me ha dado momentos muy especiales, la carne tiene mucho encanto. Estoy convencido de que la OMS matizará estas declaraciones. O se las harán matizar. La reina Sofía, por ejemplo, es vegetariana pero eso no ha impedido que su marido cazara osos y elefantes. Caza mayor, como se define Artur Mas. Pero Sofía conserva mejor salud que su esposo. 

No le preguntaron nada de esto a Hillary Clinton, otra madre de familia que también ha tenido sus subidas y bajones. Hillary acudió esta semana a uno de los late night shows más populares de Estados Unidos para comentar que pasó su cumpleaños viendo House of Cards, una popular serie sobre una pareja presidencial que también comete delitos amparados en su enorme poder. Es una pena que tanto en Cataluña como en España carezcamos de ese sentido del espectáculo de los norteamericanos. Cuando Hillary dijo que ella aún no había cometido un asesinato, como los personajes de la serie, la audiencia se alivió decepcionada. Es una pena que Marta Ferrusola no nos pueda decir si le gustaban Los Soprano, aunque los viera en castellano.

La familia, como la democracia, sobrevive a todo. Incluso a una mala digestión. Allí está la deliciosa boda de Cristina Pedroche y David Muñoz, donde se sirvió embutido y carne. Esta pareja te hace confiar en el futuro. Se casaron por lo civil en la intimidad del vestidor de su casa. Tanta sencillez te hace pensar que ellos no terminarán como los Pujol, viviendo su otoño atrapados en sus errores de familia pero con una American Express en cada mano.