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Repetición

Recordar cómo se desintegra un país, cómo enloquecen masas de población desesperada o psicótica, cómo maniobran los políticos canallescos y cómo se desata la barbarie de la guerra civil, es oportuno en este momento

Uno de los escritores argentinos más apreciados del siglo XX (y más olvidado entre nosotros), Roberto Arlt, anduvo por España de febrero de 1935 a julio de 1936. Vivió el periodo previo a la victoria del Frente Popular y regresó a la Argentina tras la sublevación de Franco. Arlt, muerto en 1942, era un escritor periodístico, nervioso, desmañado, apresurado e inexacto, pero con un talento reconocido por Cortázar, Onetti y Bolaño, sus últimos entusiastas.

Él llamó Aguafuertes a los casi mil artículos escritos sobre ciudades, pueblos, naciones o excursiones, y una selección de sus aguafuertes españoles aparece ahora en la editorial Hermida. Si el relato de los meses pacíficos es tan ameno como tópico (Arlt escribía para gente de otro continente cuando apenas existía información visual), los aguafuertes de la revolución popular y los inicios de la Guerra Civil son dignos de estudio. Arlt, que era de extrema izquierda, asiste a la violencia absurda, al caos parlamentario, al fracaso de la democracia, al armamento de las masas y a la desarbolada figura de Azaña, con la esperanza de que triunfe la revolución. Se equivocó, claro, pero su visión de los sucesos es pedagógica.

Recordar cómo se desintegra un país, cómo enloquecen masas de población desesperada o psicótica, cómo maniobran los políticos canallescos y cómo se desata la barbarie de la Guerra Civil es oportuno en este momento. De un modo paulatino una parte del país viene incitando una violencia que si estalla sorprenderá a todo el mundo, pero no habría sorprendido a Arlt. Azaña, que superaba en inteligencia a cualquier político español actual, no pudo impedir la catástrofe. Sólo nos cabe una esperanza: los revolucionarios de hoy son mucho más tontos que los de antaño. Con decir que son incluso nacionalistas…

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