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Masako promete trabajar para salir de la depresión

La princesa ha limitado sus apariciones públicas y compromisos oficiales desde 2003

Un equipo médico de la familia imperial valora como muy positiva su evolución aunque advierte de lo delicada de su situación

La princesa Masako de Japón. en una foto distribuida con motivo de su 50 cumpleaños.
La princesa Masako de Japón. en una foto distribuida con motivo de su 50 cumpleaños. EFE

Sumida todavía en una depresión crónica, la princesa Masako, esposa del heredero al trono de Japón, prometió este lunes seguir esforzándose para recuperar la estabilidad emocional, perdida hace más de un decenio, después de su boda con el príncipe Naruhito y el comienzo de los rigores propios de una dinastía intransigente y arcana. Con motivo del 50 cumpleaños de la princesa, la Agencia de la Casa Imperial emitió un comunicado con unas voluntaristas declaraciones de la enferma, pero sin mayores precisiones sobre el tratamiento en curso para salir del abatimiento.

“He tratado de cumplir con mis deberes públicos y privados en la mayor medida posible este año y continuaré esforzándome para lograr una recuperación total”, dice Masako. Incapaz de sobreponerse al desánimo, hace muchos años que redujo al mínimo sus apariciones en público y los compromisos oficiales. Es por eso que sorprendió su viaje a los Países Bajos de la pasada primavera para asistir a la coronación del rey Guillermo Alejandro. No acompañó, en cambio, a su esposo en su visita de seis días a España el pasado junio, que inauguró el Año Dual conmemorativo de los 400 años de relaciones entre España y Japón.

Su inesperado viaje a Holanda, primero en once años, llenó de optimismo a los cortesanos y a los millones de japoneses encariñados con el Trono del Crisantemo, cuyos titulares eran divinos hasta la derrota de Japón en la II Guerra Mundial, su rendición ante EE UU, y la encarnación de Hirohito por decreto ley. Era el emperador durante la capitulación de 1945.

El príncipe Naruhito eligió a su esposa, casi a dedo, entre un ramillete de jóvenes casaderas. Ignoró sus primeras calabazas y consiguió desposarla en 1993, después de que la joven diplomática de 30 años sucumbiera a presiones familiares y palaciegas, que invocaron razón de Estado para doblegarla.

Una serie contrariedades la condujo a la depresión grave, incapacitante, cuya recuperación “prosigue de manera lenta pero segura, aunque demasiada expectación podría tener un efecto adverso”, según informó un portavoz del equipo médico citado por la agencia Kyodo.

La princesa, cuyo nombre de soltera era Masako Owada, no aguantó las limitaciones derivadas de sus nuevas funciones, protestándolas a veces, no pudo concebir el hijo varón exigido por la dinastía la más antigua del mundo y se derrumbó emocionalmente. Naruhito, con quien celebró en junio de este año 20 años de matrimonio, la ha apoyado en todo momento.

Apagada y melancólica, forzando una lánguida sonrisa en sus escasas apariciones, visitó este año las provincias de Fukushima, Iwate y Miyagi, las más afectadas por el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011. “Me gustaría seguir centrando mi atención en los esfuerzos para reconstruir la zona", prometió Masako, dijo, según el protocolario comunicado de la Casa Imperial, escasamente informativo sobre la verdadera evolución de la dolencia que queja a la princesa triste.

 

 

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