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Los momentos más canallas de Rod Stewart

El cantante presenta una autobiografia plagada de anécdotas jugosas y escrita con el ingenio que le coronó como el músico más ocurrente de finales de los sesenta

Rod Stewart, en una librería de Nueva York donde presentó su autobiografía el pasado 23 de octubre.
Rod Stewart, en una librería de Nueva York donde presentó su autobiografía el pasado 23 de octubre.

J.K Rowling puede ir aceptando la derrota. La autobiografía de Rod Stewart, publicada este mes en Gran Bretaña, va camino de convertirse en el fenómeno editorial del año. En la estela del éxito de la biografía de Keith Richards, el cantante ha sacado a la venta Rod: The autobiography  unos recuerdos repletos de sexo, drogas, rock and roll, infidelidades y anécdotas jugosas. A los 67 años, este padre de ocho hijos y abuelo de un nieto retiene la gracia narrativa y el ingenio que le ganaron la fama como el músico más ocurrente de finales de los sesenta. “La reina y yo tenemos una cosa en común” bromea “el mismo peinado durante 45 años”

Una de las anécdotas más comentadas del libro relata el intercambio de regalos durante su larga amistad con Elton John. Unas navidades, Stewart regaló a su amigo una nevera portátil y este le correspondió con un Rembrandt. Elton no olvidó la célebre cicatería de Stewart y con ocasión de la boda de este con Rachel Hunter le envió un vale por el equivalente 12 euros de una droguería, con la nota: “Cómprate algo para la casa”

Su carrera empezó con otro regalo, el que le hizo su padre en su 15 cumpleaños. Stewart esperaba un tren en miniatura, pero recibió una guitarra española que aprendió a tocar en el patio del colegio. Con las mujeres, especialmente las rubias, nunca tuvo problemas. De adolescente, llevaba a pasear a las chicas por las calles más exclusivas del norte de Londres, se detenía en una de las mansiones con coches aparcados en la entrada y fingía que esa noche su padre recibía y no era posible llevarla dentro. Muchas se marchaban impresionadas: “Juro que esta treta funcionó más veces de las imaginables.”

Sus ardides en el juego de la seducción fueron evolucionando. En 1990, seis años después de que se rompiese su tumultuoso matrimonio con Alana Hamilton conoció a Rachel Hunter que por entonces protagonizaba vídeos de aerobic. “Pensé que había visto a una diosa”, confiesa. En lugar de su habitual frase para ligar “Cariño ¿Qué llevas en ese bolso?”, replicó algunos de los ejercicios de la cinta de Hunter. La diferencia de edad de más de dos décadas terminó pesando a la entonces veinteañera Hunter y pidió el divorcio.

El excantante de The Faces que había sido totalmente fiel a Hunter se desmoronó: “Sufrí una especie de fiebre romántica decimonónica” Perdió peso, pasó días tiritando en el sofá y para superar el mal de amores practicó yoga y recibió terapia, una vulnerabilidad que pocos rockeros veteranos admitirían. Hoy está felizmente casado con su tercera esposa Penny Lancaster 210a la que conoció cuando ella le pidió un autógrafo. A pesar de todo recuerda con gusto sus momentos más canallas.

Como admite, Stewart nunca creyó que “ser una estrella de rock no era algo por lo que tenía que pedir disculpas” y el hedonismo sin complejos era condición indispensable en el trabajo. Cuando todavía estaba casado con Alana Hamilton, se las arregló para quedar con las modelos Kelly Emberg y Kara Meyers a la vez, alternando las citas en una misma noche. Terminó estableciendo una relación con Emberg, pero le fue infiel con la actriz Kelly LeBrock, protagonista de La mujer de rojo, que según Stewart le mandaba a la ducha antes de mantener relaciones. Emberg supo de la infidelidad en un restaurante cuando mediante un camarero LeBrock envió a Stewart una nota con la frase: “Te echo de menos”

En las páginas del libro tampoco faltan las noches en las que llevaba a sus conquistas a la habitación que compartía con su amigo Ronnie Wood: “Mirando atrás, cualquier groupie relacionada con Woodie o conmigo necesitaba, francamente, la paciencia de un santo. Nos lo pasábamos mejor entre nosotros que con ellas”, confiesa.

 

 

 

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