Ceuta: el vuelo en el que en vez de zumo de naranja te dan tapones para los oídos
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Hoy escribo desde Ceuta, uno de los enclaves españoles en el norte de África, porque hemos hecho el programa de radio de la cadena SER (Hoy por Hoy) desde esta ciudad autónoma.
Había venido muchas veces antes a Ceuta, muchas. Ceuta (como Melilla) es para varias generaciones de viajeros españoles la antesala de la aventura, la puerta de África. El lugar excitante en el que desembarcabas para iniciar la gran travesía del Sahara o al que llegabas por fin, exhausto y agotado, después de semanas tragando polvo y arena en el desierto y en el que te reencontrabas por fin con sabores cercanos: bares de tapas, cerveza, pescaíto... Recuerdo un atracón a cenar que me pegué una vez tras un mes de viaje en un todoterreno en el que cruzamos el Sahara hasta el río Niger, ida y vuelta, en el que no morí por empacho de milagro.
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Ceuta ha cambiado mucho en los últimos años. Ya no es la ciudad portuaria y fronteriza que fue, un gigantesco cuartel donde se venía de paso hacia Marruecos, a comprar tabaco y radiocasetes o, los menos afortunados, a hacer la mili como quien venía a cumplir condena en galeras. Ceuta ha cambiado la cara, la ha remozado y renovado, y ahora luce como una ciudad luminosa, blanca, alegre y muy mediterránea. Un pedacito de Andalucía en África, que es lo que siempre fue.
Claro, que se sigue notando que aún hay 15 cuarteles en un palmo de terreno y que buena parte de la población cobra del Ministerio de Defensa. Anoche salimos los golfos habituales (Javier Coronas, Javier Rioyo y un servidor) a explorar la noche ceutí. Entramos en el bar en el que oímos más ruido y ambiente y, ¡oh sorpresa!, de los 200 tíos que había dentro, 199 estaban cuadrados y llevaban el pelo al cero. ¡en vez de un pub parecía unas maniobras nocturnas de la Legión!
El sitio perfecto para no hacer ninguna tontería ni tratar de ligar con la chica equivocada. ¡Con los muchachos de Millán Astray no se juega!
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