Unos 150 empleados de grandes almacenes reclaman un segundo día festivo
Actualmente, estos trabajadores trabajan 6 horas y 40 minutos durante seis días a la semana
Unos 150 empleados de grandes almacenes se han concentrado hoy ante el establecimiento de Makro en la Zona Franca de Barcelona para reclamar un segundo día festivo semanal para los trabajadores de estos centros, unos 30.000 en toda Cataluña.
El responsable de Gran Distribución de Cataluña de CCOO, Ginés López, ha explicado que la concentración de hoy se enmarca en una campaña que desarrolla este sindicato en toda España para que la patronal, Anged, y las grandes empresas del sector, como Makro, Carrefour, Leroy Merlin y Alcampo, negocien la redistribución del tiempo de trabajo de sus empleados.
Actualmente, los trabajadores de grandes superficies trabajan 6 horas y 40 minutos seis días a la semana, lo que da una media de 40 horas, y lo que reclaman los sindicatos son ocho horas diarias por cinco días a la semana, que da el mismo número de horas semanales de trabajo.
"Ha de quedar claro -ha indicado Ginés López- que nuestras reivindicaciones no tienen nada que ver con las de los conductores de autobuses de Barcelona, ya que nosotros no pedimos una reducción de horas con el mismo salario, sino una redistribución de los horarios con el mismo número de horas a la semana".
CCOO ya ha denunciado ante los tribunales de justicia la situación en la que se encuentran los trabajadores del sector y la Audiencia Nacional ha dictado cuatro sentencias a su favor, y una de ellas, presentada contra Leroy Merlin, ha sido ratificada por el Tribunal Supremo.
A la vista de estas sentencias favorables a los intereses de los trabajadores, el representante de CCOO de Cataluña espera que la patronal y las empresas, multinacionales en su mayoría, se avengan a negociar una redistribución de horarios para que sus empleados puedan tener dos días festivos a la semana y conciliar así la vida personal y profesional.
López, que también es miembro del comité de empresa europeo de Makro, indica que los sindicalistas europeos no pueden entender cómo sus empresas niegan a los trabajadores españoles lo que hace años tienen los europeos.


























































