Sostenible y digital, un binomio indivisible

Lo que ha unido la tecnología, la economía, el sentido común y hasta la naturaleza, que no lo separe el hombre. Por qué sostenibilidad y digitalización forman un matrimonio que no se divorciará nunca

La digitalización puede contribuir a descarbonizar el mundo mermando las emisiones de dióxido de carbono hasta un 35% la próxima década.
La digitalización puede contribuir a descarbonizar el mundo mermando las emisiones de dióxido de carbono hasta un 35% la próxima década.Irina Strelnikova / (Getty Images/iStockphoto)

“Esta empresa lleva la sostenibilidad en su ADN…”. “Esa otra tiene genética digital…”. Se repiten tanto que casi se han convertido en frases hechas. Sin embargo, la comparación está mejor traída de lo que parece: el ADN se configura con una doble hélice interconectada y esa forma es fundamental para la replicación, la adaptación y el crecimiento de los seres vivos.

Bien, sostenibilidad y digitalización serían como esas dos hélices o espirales interrelacionadas, y la replicación, la adaptación y el crecimiento se aplican a esa otra versión de entes vivos que son las empresas, a las especies que son los sectores y a la economía general entendida como un ecosistema.

“La digitalización es un habilitador para la sostenibilidad y la sostenibilidad debe ser el centro de la digitalización. Aquellas empresas que promuevan este cambio de paradigma tendrán un efecto muy positivo en sus resultados individuales, pero también en la sociedad”, apunta Lourdes de la Sota, directora de Estrategia Corporativa y Relaciones Institucionales de SEAT.

Vivir para contarlo

Por ejemplo, las consultorías HFS Research y KPMG International sostienen que la automatización robótica de procesos (RPA), la inteligencia artificial, la analítica inteligente o el multi-cloud ya eran fundamentales para ahorrar costes, mejorar las decisiones, aumentar ingresos y el valor de marca. A partir de la pandemia, además, serán “esenciales para sobrevivir”.

Accenture llega a conclusiones parecidas: las empresas que integren de lleno la innovación tecnológica, en particular la digital, para optimizar su eficiencia y evolucionar hacia un comportamiento sostenible, tienen casi tres veces más posibilidades de recuperarse rápido, salir reforzadas de la crisis y “liderar el mañana”.

Esa conexión íntima entre tecnología y sostenibilidad podría resumirse en que la primera actúa como el factótum de la segunda. Agustín Cárdenas, gerente de Transformación de Negocio de Telefónica Empresas, señala que la digitalización “es clave para conseguir más de la mitad de las metas plateadas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el 5G será capaz de crear valor social en 11 de los 17 ODS”.

Puerto de Barcelona, por donde pasan entre 3.000 y 4.000 camiones diarios para carga y descarga de contenedores.
Puerto de Barcelona, por donde pasan entre 3.000 y 4.000 camiones diarios para carga y descarga de contenedores.Rasmus Jurkatam / (Getty Images)

Según la patronal AMETIC, “no hay medida que afecte a la sostenibilidad y no incorpore herramientas digitales”. Simplemente la migración a la nube de programas y aplicaciones puede reducir incluso un 65% el consumo de energía y hasta un 84% las emisiones de carbono respecto a la implantación física en los equipos informáticos, calcula Accenture. La digitalización, según el World Economic Forum, puede contribuir a descarbonizar el mundo mermando las emisiones de CO₂ hasta un 35% la próxima década.

La digitalización es clave para conseguir más de la mitad de las metas planteadas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Agustín Cárdenas, gerente de Transformación de Negocio de Telefónica Empresas

Tener o no tener (buena información)

Esas dos hélices engranadas multiplican la eficiencia para reducir el consumo y la dependencia de los recursos. Y a la eficiencia se llega sobre todo mediante el control de la información.

La digitalización dispara exponencialmente tanto la generación de datos como la capacidad de análisis para transformarlos en conocimiento, patrones, tendencias, relaciones de sentido, quids de la cuestión que permiten entender las decisiones adecuadas para transformarte en una empresa sostenible. “La digitalización es clave porque lo que no se mide, no se conoce, y lo que no se conoce no se puede mejorar. Por ejemplo, la sensorización de procesos para detectar oportunidades de mejora en los consumos es fundamental”, explica Carlos Velázquez, director de Sostenibilidad de Roca Group.

“Asistimos a un cambio forzado y rápido del modelo productivo y del modelo industrial que se empieza a definir como la economía del dato”, añade Montserrat Ballarín, vicepresidenta de Desarrollo Social y Económico en el Área Metropolitana de Barcelona (AMB). “La digitalización de las empresas y de la administración, el uso de datos masivos y de la inteligencia artificial, la sanidad digital, el turismo inteligente, la movilidad sostenible, la robótica o la agricultura de precisión, entre otros, formarán parte de la nueva cotidianidad. Aquellos entornos y sociedades que no sepan adaptarse a los nuevos cambios no sobrevivirán”.

Asistimos a un cambio forzado y rápido del modelo productivo y del modelo industrial que se empieza a definir como la economía del dato… Aquellos entornos y sociedades que no sepan adaptarse no sobrevivirán
Montserrat Ballarín, vicepresidenta de Desarrollo Social y Económico en el Área Metropolitana de Barcelona (AMB)

No será por ejemplos como el del Port de Barcelona, que gestiona telemáticamente más de 31 millones de intercambios documentales al cabo del año, con el trajín de entre 3.000 y 4.000 camiones diarios para carga y descarga de contenedores. “Solo la digitalización logra que esta ingente cantidad de trayectos sea fluida o que podamos operar a pleno rendimiento a pesar de las restricciones locales e internacionales durante la pandemia”, explica su presidente, Damià Calvet. Esa dotación tecnológica incluye otras aplicaciones que determinan el tiempo de acceso a las instalaciones, definen la cadena de transporte óptima entre origen y destino, un sistema centralizado de trazabilidad de contenedores u otro de gestión de los servicios prestados a los buques, entre otros.

¿Reindustrialización en Europa?

La mención al cambio drástico de la industria es determinante, al fin y al cabo es uno de los ámbitos naturales para aplicar innovaciones. Pero también porque el tándem digital-sostenible por el que tanto apuesta Europa —con leyes y 1,8 billones de euros en fondos de recuperación— implica una oportunidad de reindustrializar el continente cuando la pandemia demuestra que las economías industrializadas aguantan mucho mejor el timón.

Falta hace, en España el peso del sector secundario en el PIB cayó del 19,8% en 1996 al 14,4% en 2018, y del 21% al 17,1% en la media comunitaria. Como sostienen algunos expertos —el Consorci de la Zona Franca de Barcelona (CZFB), entre otros—, la UE aspira a anticiparse para liderar la producción de tecnología sostenible exportable al resto del mundo.

Sería aplicar una lección aprendida tras la pérdida de puestos en otras carreras como la digital, hasta ahora liderada por EE UU, o la producción de microchips y baterías de litio casi monopolizadas por Corea del Sur y China. Sin embargo, la industria 4.0 —basada en la digitalización integral, la inteligencia artificial y la hiperautomatización—reduce los costes laborales, puede limitar la competitividad asiática en ese factor y así haría más viables la repatriación o la instalación de factorías en suelo europeo.

“La industria 4.0 evoluciona y transforma la manera de fabricar, de distribuir, de gestionar la cadena de suministro y de mitigar el impacto ambiental. Elimina residuos, produce con un mayor componente de proximidad, estimula nuevos perfiles profesionales y crea nuevas oportunidades de negocio. La digitalización nos aporta más valor en la adaptación a la nueva economía, pero debe ir de la mano de la sostenibilidad. Nos lo ruega el planeta”, apunta Pere Navarro, delegado especial del Estado en el CZFB.

La industria 4.0 transforma la manera de fabricar, distribuir, gestionar la cadena de suministro y mitigar el impacto ambiental, estimula nuevos perfiles profesionales y crea nuevas oportunidades de negocio
Pere Navarro, delegado especial del Estado en el Consorci de la Zona Franca de Barcelona

El final del camino promete nada menos que hacer compatibles el crecimiento demográfico, el desarrollo socioeconómico y la regeneración de la Tierra. No debería olvidarse la necesidad de crear riqueza con la que pagar precisamente la astronómica factura de la transición. Es más, según el CEO de Accenture Europa, Jean-Marc Ollagnier, la innovación tecnológica puede aliarse con valores de la identidad occidental como la solidaridad y el propósito social más allá del beneficio económico.

Etapas de montaña antes de la meta

Entre el ideal y la realidad se levantan retos formidables como los que apunta el Informe anual 2019, del Digital Future Society Think Tank: que los poderes públicos se pongan las pilas e innoven estímulos creativos y ágiles; una base de confianza, transparencia, seguridad y privacidad para los servicios digitales; la alfabetización digital y la inclusión que impida dejar fuera a grandes grupos de población —la ONU reconoce como derecho humano el acceso a la sociedad digital— y facilite un crecimiento equitativo sin brechas digitales extremas.

Hay muchos más retos. El volumen de inversión e incentivos, por supuesto. Acelerar el proceso de descarbonización: un experto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) decía que necesitaríamos cuatro parones como el de la pandemia para ponernos al día. Extender la digitalización por la miríada de pymes sin recursos o preparación suficientes para hacerlo por sí mismas. Regulaciones claras y estables que aporten seguridad jurídica. Una definición mucho más precisa de “sostenible” para diferenciar los proyectos verdes de verdad frente al greenwashing. O generar la enorme cantidad de profesionales tecnológicos que demanda la nueva economía, un déficit incomprensible cuando, por ejemplo, en Cataluña casi el 73% de sus empresas TIC aumentaron su facturación en 2019.

Además hay que luchar contra la precariedad laboral que puede desatar la robotización masiva, anticiparse a las nuevas relaciones profesionales —de acuerdo con la OCDE, al final de esta década habría más personas trabajando por cuenta propia que ajena— y a modelos emergentes como la economía de las plataformas que conectan directamente oferta y demanda, con todos sus pros y contras.

Pero un reto sirve para gobernarlos a todos: el cambio cultural imprescindible para que el cambio tecnológico fluya. El reseteo de la mentalidad que acerque todos los demás retos antes de que los desastres naturales extiendan a las bravas la conciencia climática. Para decir, sin exagerar, que la economía lleva la sostenibilidad en su ADN.


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