Así son los transportistas que están paralizando el país: “Al precio que está ahora el combustible nos cuesta dinero salir a trabajar”

Seis de los transportistas movilizados explican los motivos de las protestas

Piquetes informativos de los transportistas en el puerto de Barcelona.Foto: CRISTÓBAL CASTRO

Las protestas del sector del transporte por el encarecimiento de los carburantes afecta a todo el país y amenaza con el desabastecimiento de materias primas en toda España. Los paros convocados por diferentes asociaciones de trasportes de mercancías han vaciado estanterías de supermercados, golpeado negocios y han colapsado el centro de las ciudades donde manifestaciones y piquetes han visibilizado el grito unánime de un sector: “Al precio que está ahora el combustible nos cuesta dinero salir a trabajar”. EL PAÍS pone cara a algunos de los transportistas que secundan las protestas. Todos coleccionan idénticos problemas.

“Yo tengo que mantener a mi familia”

Andrés Larios, David Orduño e Iván Leal.
Andrés Larios, David Orduño e Iván Leal.CRISTÓBAL CASTRO

Iván Leal tiene 42 años, es hijo y nieto de transportista y lleva una semana con el camión parado. Este martes era uno de los miembros del piquete informativo que ha paralizado el Port de Barcelona. Leal es uno de los miembros de la Asociación de Transportistas Portuarios Sintraport, una organización compuesta por más de 800 autónomos especializados en el transporte de contenedores portuarios desde Barcelona a cualquier punto de España y Europa. “No puede ser que nosotros cobremos las mismas tarifas que cobrábamos en 2008 y suban el precio del gasoil y no nos quejemos. Por eso estamos aquí. Por eso y por mi familia, porque yo tengo que mantener a mis hijos”, defiende Leal. El camionero lleva desde los 22 años trabajando 15 horas diarias sobre la cabina de su camión para llevar el alimento a casa.

“Los partidos pueden hacer lo que quieran, pero nosotros somos apolíticos”

Junto a Leal, David Orduño, de 49 años, también ataviado con un chaleco amarillo, informa a los compañeros que intentan entrar a la zona portuaria. “No está saliendo ningún camión lleno del puerto porque no estamos trabajando nadie. Solo vienen los asalariados, que tampoco están cargando”, sostiene. Orduño sabe que ya se está notando la presión de la protesta y tiene esperanza en que pronto acabará. “Todos tenemos familia y todos tenemos que ganarnos la vida. Dicen que se ha incrementado el precio del transporte, pero nosotros no lo vemos en nuestras facturas. Enviar cada lata de estas [dice señalando a los contenedores] de China a Barcelona costaba 3.000 euros hace años. Ahora, 15.000. Al consumidor seguro que le sale más caro, pero a mí me pagan exactamente lo mismo que me pagaban”, lamenta. Orduño también se enganchó al volante con 22 años y quiere seguir trabajando subido al camión. “El otro día en una protesta vino un líder de Vox, pero que nadie se confunda, los partidos pueden hacer lo que quieran, pero nosotros somos apolíticos. Solo queremos que se solucionen nuestros problemas”, sentencia.

“Es una verdadera ruina”

Andrés Larios, de 54 años, lleva todavía más tiempo al volante. “Hemos ido a muchas manifestaciones. Llevamos camiones que cuestan 120.000 euros y nos querían hacerlos cambiar con la Zona de Bajas Emisiones. Fue la última vez que salimos a la calle”, recuerda. Larios es claro: “Un transporte de Barcelona a Girona son 200 kilómetros, lo pagan a 265 euros, pero gastamos 35 litros cada 100 kilómetros, pago autónomos, las reparaciones del camión, gestoría… Es una verdadera ruina”.

Si en Barcelona la protesta de ayer fue protagonizada por una asociación portuaria que paralizó la instalación marítima, en Madrid una marcha lenta salió del Polígono de San Fernando de Henares hasta Getafe, colapsando todo el trayecto. Aunque eran pocas, había presencia de mujeres en las concentraciones.

“Me sale más rentable quedarme aquí en el camión”

María Delgado, en la cama que tiene instalada en la cabina de su camión.
María Delgado, en la cama que tiene instalada en la cabina de su camión.DAVID EXPÓSITO

María Delgado, de 38 años, empezó a trabajar como transportista hace ocho meses. Antes, había trabajado en la hostelería, en una fábrica de bollería, como técnico de una ambulancia… Ahora es asalariada de una flota de 12 camiones y cobra 1.800 euros al mes. Duerme casi todos los días en una cama plegable dentro de su camión. “Me levanto, me visto y ya estoy en el trabajo. Me sale más rentable quedarme aquí”, cuenta satisfecha.

A la penuria propia de la profesión suma otra por trabajar en un sector excesivamente masculinizado: “Ir al baño en Madrid es muy complicado porque hay muy pocas áreas de descanso. Los hombres pueden hacerlo en cualquier lado”. Viaja por toda España, de noche y de día, para cargar la mercancía en puertos como el de Santander o Valencia. Dentro de los contenedores ha trasladado todo tipo de materiales, desde basura a los papeles con los que se fabrican los billetes. Secundará el paro del sector en una profesión en la que solo lleva ocho meses trabajando.

“Mantener un vehículo es inviable”

Juan de la Moya, en su camión.
Juan de la Moya, en su camión.DAVID EXPÓSITO

Juan de la Moya, de 49 años, también estaba este martes en la protesta de Madrid. Transporta áridos desde las graveras de Toledo a las plantas de hormigón de esa comunidad. Cada día se levanta a las cinco de la mañana y recorre una media de 500 kilómetros diarios. El madrileño también participó en la huelga derivada de la crisis de 2008. En ese momento era autónomo, pero hace tres años empezó a trabajar para una empresa de transportes. “En vez de arruinarme, decidí quitarme el camión. Mantener un vehículo es inviable”, sentencia. En un día normal, calcula, puede gastar hasta 200 litros de gasolina, unos 300 euros. Y el camión factura solo 400.

“Mis padres no querían verme subida a un camión, pero ahora se sienten orgullosos”

Soraya de Lucas, al volante.
Soraya de Lucas, al volante. DAVID EXPÓSITO

Soraya de Lucas de, 31 años, también participa en la protesta de Madrid. Vive en Torrejón de Ardoz y en su familia todos son camioneros. Heredó la empresa de su padre, creada en 1990, en la que ahora trabajan también su hermano y su primo. “Este mes seguro que tendremos pérdidas”. Nunca se ha planteado trabajar de otra cosa: “Mis padres no querían verme subida a un camión, pero ahora se sienten orgullosos”. Ella misma arregla las averías y cambia las ruedas. Su cabina es, a la vez, su taller y su oficina.

La vida de estos seis transportistas es similar a la de los miles de camioneros que protestan en toda España y que exigen que tras la subida del precio del carburante ir a trabajar “no cueste dinero”.

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